


Cortinas de humo
Vaneloga¿ Que compramos y el que nos venden ?

Si hay algo que la política argentina ha perfeccionado con los años, es el uso estratégico de la cortina de humo. Es un recurso versátil, efectivo y prácticamente infalible. Un escándalo mediático en el momento justo, una pelea entre figuras públicas, una denuncia espectacular, y listo: todos mirando para otro lado. Mientras tanto, en la trastienda, las decisiones realmente importantes siguen su curso, sin ruido, sin preguntas.
La semana pasada, en la política argentina, el debate giraba en torno a ciertas declaraciones sobre economía.
Pero el tema acá no es solo quién crea la cortina de humo, sino quién la alimenta. Porque si algo está claro, es que no funciona sin un público dispuesto a consumirla y un sistema mediático presto a amplificarla.
¿Quiénes alimentan el humo?
Una cortina de humo no nace sola. Para que funcione, necesita un aparato dispuesto a subirse al escándalo y hacerlo propio. Y ahí es donde entran en juego varios actores:
📢 Los medios de comunicación: Algunos, en vez de hacer periodismo, se convierten en voceros del humo. Le dan espacio, lo repiten, lo dramatizan. Le ponen títulos escandalosos, lo estiran durante días, lo convierten en tendencia. En resumen, hacen que lo irrelevante parezca lo único importante.
🐦 Las redes sociales: Aquí es donde la cortina de humo cobra vida propia. Los usuarios la replican, la indignación se multiplica, los debates se viralizan. Se arman bandos, se discute con fervor. Y mientras tanto, los verdaderos temas, los que impactan directamente en la vida de la gente, pasan de largo.
🎭 Los propios políticos: Y ojo, porque no es solo el que lanza el humo el que se beneficia. También está el que se sube al escándalo y lo usa para su propio juego. Porque, ¿qué mejor que desviar la conversación de temas incómodos que pegarse al escándalo de turno y sacarle rédito? Ahí están, señalando al otro, indignándose en Twitter, haciendo conferencias de prensa sobre nimiedades.
💰 Los oportunistas de siempre: No falta el empresario, el influencer, el "experto" de ocasión que aprovecha el momento para ganar seguidores, posicionarse o vender algo. Porque el humo también genera mercado.
Caer en la trampa es también hacerla funcionar
No se trata solo de quién prende el fósforo, sino de quién le tira nafta. Cada vez que nos sumamos a una discusión que claramente está diseñada para distraernos, estamos participando del juego. Cada vez que repetimos un titular, que nos enojamos por lo que dijo tal o cual político en vez de mirar qué decisiones está tomando, estamos alimentando el humo.
Y mientras estamos todos ahí, atrapados en la última polémica sin sentido, ¿qué pasa del otro lado? Pasan las leyes, las reformas, los ajustes, los negocios. Pasa lo que realmente importa, pero sin espectadores.
Aprender a mirar más allá del humo
Es hora de dejar el rol de inmaduros y empezar a ver el revés de la trama. No se trata de desconfiar de todo, sino de preguntar qué nos están tratando de tapar. Porque mientras discutimos, mientras los medios nos venden un nuevo escándalo exprés, las verdaderas decisiones se siguen tomando.
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