


Envases que se cultivan: el hongo argentino que le gana terreno al telgopor
VanelogaCómo se fabrica: del residuo al molde

Foto: https://www.argentina.gob.ar/
El 6 de agosto, el Boletín Oficial publicó la Disposición 5/2026 del Ministerio de Economía. Entre los trámites habituales de la administración pública apareció una línea que no suele cruzar ese texto: un packaging hecho de hongos acababa de recibir el sello Bioproducto Argentino. El desarrollo, bautizado "packaging miceliado", salió de los laboratorios del INTI y responde a una pregunta que la industria del embalaje viene esquivando hace años: ¿hace falta petróleo para proteger un producto durante el viaje del depósito a la góndola?
La respuesta que construyó el Instituto Nacional de Tecnología Industrial tiene forma de hongo, aunque no se parece a ninguno que se sirva en una mesa. El equipo del Laboratorio de Biobasados, dentro de la Planta de Bioprocesos de Biotecnología Industrial, trabajó con micelio: la red de filamentos microscópicos que sostiene a los hongos bajo tierra, antes de que asome el sombrerito que todos conocemos. Ese tejido se hace crecer sobre cáscara de girasol y aserrín de álamo, dos residuos que sobran en cualquier campo o aserradero argentino. En pocos días, el micelio coloniza el sustrato y arma una masa compacta y liviana, que toma la forma exacta del molde donde se la deja crecer.
"El micelio es un material vivo, literalmente, que crece, se moldea y reemplaza al plástico", resume Laura Toyé, del Departamento de Bioprocesos del INTI y responsable del desarrollo. La definición no exagera: el certificado oficial confirma que la pieza contiene un mínimo de 90% de material biobasado y que se degrada por completo si se compostea. Según la fórmula, el material puede aislar del ruido, resistir compresión, aislar térmicamente o volverse casi ininflamable.
El trabajo llevó la firma de un equipo que pocas veces sale a la luz: además de Toyé, participaron Laura Matos, directora de Biotecnología del INTI; Mariela Catone y Romina Soledad Álvarez, del Departamento de Bioprocesos; y Raúl Fabio Itria, de la Subgerencia de Áreas de Conocimiento. El destino pensado para estas piezas es bastante llano: cosmética natural, alimentos secos, productos artesanales y cualquier marca que quiera mostrar que su packaging no viene de un pozo petrolero.
El INTI no llega solo a este terreno. En Cerrillos, Salta, la bióloga Ayelén Malgraf cultiva hongos comestibles desde hace más de quince años bajo el nombre Hongos del Valle. De ese emprendimiento nació Fungipor, que biofabrica envases y embalajes con micelio y con los restos del poroto que sobran de la producción agrícola salteña. Malgraf probó la resistencia de sus piezas en el propio INTI: el resultado, cuenta, es equivalente al de un telgopor grueso, el que se usa para embalar electrodomésticos o proteger una botella en un envío frágil. En Buenos Aires, la diseñadora industrial Denise Pañella fundó MOSH con la misma lógica: micelio más residuos agrícolas, packaging que se cultiva en vez de fabricarse en una línea de inyección.
https://somos-mosh.com/
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Ahí aparece el contraste que le da peso a la novedad. El telgopor —nombre comercial de Hulytego que terminó devorando al genérico, como pasó con la Gillette— es poliestireno expandido: liviano, aislante, barato de producir y capaz, según coinciden los estudios ambientales, de tardar hasta 500 años en degradarse en un relleno sanitario. Buena parte de ese volumen termina fragmentado en micropartículas que la fauna marina confunde con alimento. El correo, la logística de electrodomésticos, la industria del vino que viaja en botellas miles de kilómetros: todos esos circuitos dependen hoy de un material que se resiste a desaparecer.
El micelio ofrece otra lógica de producción: nace en un molde con sustrato agrícola, lejos de cualquier planta petroquímica, y en menos de dos meses se descompone por completo si termina en compost. La escala todavía es artesanal frente a la industria del EPS, y ese es el desafío que comparten el INTI, Fungipor y MOSH: convencer a empresas acostumbradas a otro material de que el cambio de lógica vale la pena, aunque implique repensar tiempos de producción y volúmenes.
Pocas veces el Boletín Oficial se convierte en el punto de partida de una historia, pero el 6 de agosto quedó asentado allí un desarrollo que merece atención. Argentina, gran productora de soja y girasol, también empieza a buscar nuevos usos para los residuos que deja esa producción. Entre ellos aparece una posibilidad concreta: fabricar envases a partir de micelio.
¿Puede un hongo reemplazar al telgopor? La respuesta todavía está en etapa de desarrollo, pero ya se prueba en moldes de Salta y Buenos Aires. El próximo paso será comprobar si esa tecnología puede escalar, sostener costos competitivos y encontrar un lugar real dentro de la industria del packaging.
FUENTES
- Argentina.gob.ar / Ministerio de Economía – INTI, "El INTI obtuvo el Certificado de Interés 'Bioproducto Argentino' por un desarrollo de packaging a partir de micelio", 6 de agosto de 2026.
- Boletín Oficial de la República Argentina, Disposición 5/2026.
- Diario Crónica, "El INTI creó un empaque 100% biodegradable a partir del micelio de hongos para reemplazar al plástico", agosto de 2026.
- Agroempresario.com / AgroNoa, "Envases y embalajes realizados con micelio de hongos", entrevista a Ayelén Malgraf (Fungipor).
- Carbono News, "¿El fin del telgopor? La biotecnología que podría reemplazarlo".
- Telgomol, "Telgopor y EPS: ¿son lo mismo?".
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