Ciencia argentina que se pone de pie: crean el primer implante dental cerámico de fabricación nacional en toda América

Un equipo de científicos, médicos, ingenieros y emprendedores desarrolló Z7, un sistema de implantes libres de metal fabricado en zirconia, fruto de un ecosistema científico-tecnológico que la UBA y el CONICET vienen construyendo desde hace más de 25 años
Producto Argentino30 de agosto de 2026VanelogaVaneloga

Una pregunta que empezó en un laboratorio de patología

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Hace más de dos décadas, en la Cátedra de Anatomía Patológica de la Facultad de Odontología de la UBA, el doctor Daniel Gustavo Olmedo se hizo una pregunta que en su momento sonaba fuera de lugar: ¿qué pasa realmente con el titanio cuando permanece años dentro del cuerpo? Esa pregunta se convirtió en una carrera entera dedicada a la investigación científica. Hoy Olmedo es Profesor Titular de esa misma cátedra, investigador del CONICET y Académico de Número de la Academia Nacional de Odontología. Su tesis doctoral de 2001, sobre el efecto local y sistémico de la corrosión de implantes de titanio, ya anticipaba el rumbo que iba a tomar su carrera.

Desde entonces, junto a investigadores de distintas disciplinas, construyó una línea de trabajo sobre biomateriales, corrosión, biocompatibilidad y respuesta biológica de los tejidos, con publicaciones en revistas científicas internacionales. La pregunta que arrancó en un laboratorio porteño terminó conectada con un debate global: ¿qué ocurre con los materiales que quedan alojados durante décadas en el organismo? Y en simultáneo, Argentina empezó a responder otra pregunta, tal vez más ambiciosa: ¿se puede transformar conocimiento científico, nanotecnología e ingeniería en tecnología médica desarrollada y fabricada en el país?

Lo que el titanio esconde

El titanio fue, y sigue siendo, uno de los materiales de referencia en implantología. Su biocompatibilidad y sus propiedades mecánicas permitieron que millones de pacientes tuvieran implantes funcionando correctamente durante años, gracias en parte a una delgada capa de dióxido de titanio que se forma sola sobre la superficie y la protege mediante un fenómeno llamado pasivación.

Pero esa superficie no resultó tan inalterable como se pensaba. Los estudios de Olmedo, junto a especialistas como Gustavo Duffó, de la Comisión Nacional de Energía Atómica, muestran qué pasa cuando factores mecánicos, químicos y electroquímicos actúan en conjunto sobre estos materiales: la combinación de desgaste y corrosión puede liberar iones, micro y nanopartículas hacia el tejido que rodea al implante. El fenómeno tiene nombre técnico, biotribocorrosión, y el equipo de Olmedo identificó esas partículas en tejidos periimplantarios, estudiando su posible transporte hacia otros órganos.

Ahora bien, la precisión científica importa tanto como el hallazgo: detectar partículas o su distribución en el cuerpo no prueba por sí solo que un implante de titanio cause una enfermedad sistémica. Establecer esa causalidad exige otro nivel de evidencia, y millones de implantes metálicos siguen funcionando bien durante años, sin que la evidencia actual justifique alarma ni reemplazo generalizado. Lo que sí propone esta línea de investigación es más razonable: información, prevención y seguimiento. Frente a cualquier signo clínico, cada caso lo evalúa el profesional, que decide si corresponde control, tratamiento o, en situaciones puntuales, una alternativa terapéutica. 



Dr.Daniel Gustavo Olmedo  Julio 2025



Cuando la nanotecnología busca otra respuesta

La nanotecnología aplicada a biomateriales intenta abordar este desafío desde otro ángulo: entender mejor cómo dialogan las superficies artificiales con los tejidos vivos, y desarrollar materiales cada vez más estables. Ahí aparece la zirconia, un cerámico que la ciencia mundial estudia como alternativa en biomedicina y odontología.

Vale la aclaración, porque suele confundirse: el circonio es un elemento metálico, la zirconia es óxido de circonio, una cerámica técnica avanzada. En implantología se usan formulaciones estabilizadas —como la zirconia estabilizada con itria— que combinan biocompatibilidad, estética y resistencia mecánica, algo que hace pocas décadas parecía imposible en un material cerámico. Su estructura cristalina, además, puede frenar la propagación de fisuras mediante un mecanismo llamado transformation toughening. Más que una pulseada entre titanio y cerámica, la pregunta que se empieza a instalar es otra: qué material resulta más apropiado para cada paciente, y cómo seguir desarrollando alternativas cada vez más compatibles con el cuerpo.

De la ciencia básica al consultorio

En ese escenario tomó forma un desarrollo argentino. Un equipo multidisciplinario ligado a MABB Biomaterial, integrado por médicos, ingenieros, especialistas en materiales y emprendedores, tomó una decisión poco habitual: en lugar de importar la tecnología, desarrollarla y producirla acá. El proyecto creció dentro del ecosistema científico-tecnológico nacional, incubado en el Espacio de Innovación de la Fundación Argentina de Nanotecnología, donde avanzó el proceso industrial necesario para convertir un biomaterial en un dispositivo médico fabricable.

Así nació Z7, un sistema argentino de implantes dentales libres de metal, fabricado en zirconia, con dos líneas de trabajo: una de pieza única y otra de dos piezas, según la indicación clínica. El desarrollo alcanzó hitos regulatorios en Argentina, vía ANMAT, y en Estados Unidos, vía FDA, como parte de su proyección internacional.

La fabricación nacional implica haber recorrido una cadena larga y compleja: investigación, conocimiento, ingeniería, desarrollo tecnológico, regulación, producción industrial y aplicación clínica, todo dentro del país. Argentina dejó de ser solamente un lugar donde se investiga y se publica sobre biomateriales, para empezar a tener capacidad industrial propia en implantología cerámica. El dato pesa todavía más si se confirma lo que indican los relevamientos: este sería el primer y único sistema de implantes dentales cerámicos fabricado integralmente en toda América.

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Foto: interior planta MABB

Ciencia, medicina y una discusión ética

La llegada de nuevas alternativas también abre debate puertas adentro de la profesión.
El médico Adrián Di Sanzo, especialista en medicina regenerativa e integrativa, planteó una posición que no busca esquivar la polémica: frente a la existencia de nuevos biomateriales cerámicos y al conocimiento creciente sobre el comportamiento de los metales en el organismo a largo plazo, los profesionales deberían conocer esas alternativas e incorporarlas a la conversación con sus pacientes. Fue más allá al sostener que, desde su mirada, resultaría éticamente incoherente que un profesional informado siga indicando materiales metálicos sin considerar las opciones cerámicas disponibles.

Una construcción colectiva

Esta historia no le pertenece a una sola empresa. Universidades públicas, el CONICET, la Fundación Argentina de Nanotecnología, programas públicos de innovación, investigadores, médicos, ingenieros, emprendedores e inversores participaron, cada uno desde su lugar, de un ecosistema que logró convertir conocimiento en tecnología. Es la convergencia de mundos que casi nunca se cruzan: la ciencia que investiga, la universidad que forma, el Estado que impulsa, los médicos que preguntan, los ingenieros que resuelven, los emprendedores que arriesgan, los inversores que escalan, y los profesionales de la salud que finalmente lo llevan al paciente.

De Buenos Aires al debate internacional

Buena parte de esta conversación quedó expuesta en Buenos Aires, durante una cumbre internacional sobre implantología cerámica y libre de metales. Olmedo participó como disertante junto a referentes de Estados Unidos, Canadá, Brasil, India y Francia, en un encuentro que combinó ciencia básica, práctica clínica y biomateriales. La biotribocorrosión, la interacción de los materiales con el cuerpo y los nuevos paradigmas de prevención ocuparon buena parte de la agenda. El encuentro mostró algo que hasta hace poco parecía lejano: la implantología cerámica ya tiene un lugar propio en la conversación internacional.

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Un logro que no es solo técnico

Hay hitos científicos que quedan encerrados en revistas especializadas, y otros que atraviesan las paredes del laboratorio y llegan a la vida cotidiana de la gente. Esta historia aspira a la segunda categoría. Cada persona que hoy accede en Argentina a un implante cerámico participa, sin saberlo, de un recorrido que arrancó con preguntas científicas y necesitó investigación, universidades, organismos públicos, nanotecnología, médicos, ingenieros, emprendedores, inversión, regulación y producción industrial para volverse una solución real. Es también motivo de orgullo nacional en un sector donde buena parte de la tecnología médica de alta complejidad siempre tuvo que importarse.

Porque el verdadero logro es más grande que un implante: es la prueba de que Argentina puede investigar una pregunta, transformarla en conocimiento, convertir ese conocimiento en tecnología, fabricarla, aprobarla y proyectarla al mundo. Y, sobre todo, lograr que una innovación nacida acá esté disponible para los propios argentinos.

Si sos paciente: si estás evaluando colocarte un implante dental y querés conocer las alternativas cerámicas libres de metal, podés consultar con profesionales capacitados en implantología cerámica. La indicación de un implante y la elección del material siempre requieren una evaluación odontológica individual. Profesionales que trabajan con implantología cerámica Z7: Instagram @sadicimplantes

Si sos profesional de la salud: odontólogos, implantólogos y profesionales interesados en la documentación técnica, protocolos o capacitación pueden contactar directamente al equipo responsable del desarrollo:
Z7 Implants
[email protected]


Fuentes: CONICET, Facultad de Odontología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN), organismos públicos argentinos vinculados a ciencia, tecnología e innovación.

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