


De un taller en Salta a lo más alto del mundial de robótica en Corea
VanelogaIngeniería propia, con acento salteño

Foto_ 03442.com.ar Noticias ahora.
Songdo queda a más de dieciocho mil kilómetros de Salta. Ahí, en ese distrito de Incheon pensado para exhibir tecnología de punta, cinco chicos que hasta hace poco armaban circuitos en un aula del IITA se cruzaron con delegaciones de 45 países y salieron con algo que ningún otro equipo argentino había traído antes.
La prueba no perdonaba errores. Consistía en acoplar robots propios con los desarrollados por una delegación de Estados Unidos, algo que exige que dos máquinas diseñadas por equipos distintos, con lógicas distintas y sin haberse visto nunca, terminen funcionando como una sola. Ahí no alcanza con programar bien: hay que entender cómo piensa el otro equipo, negociar protocolos, ajustar sobre la marcha. Ganaron esa categoría.
Detrás del resultado hay dos equipos con historias propias. Elías Cordero y María Virginia Viollaz, estudiantes de Ingeniería Electromecánica en la UNSa, compitieron en Soccer Open, la categoría donde los robots tienen que localizar una pelota, orientarse y marcar goles sin que nadie mueva un dedo por ellos. Benjamín Villagrán, Laureano Monteros y Lucio Saucedo se metieron en Rescue Line, la prueba que simula escenarios de rescate y obliga a que la máquina resuelva sola, sin margen para el operador humano. Cada robot que llevaron fue diseñado, armado y programado por ellos mismos, sin kits armados ni asistencia externa.
Para llegar a Corea primero tuvieron que ganar en Buenos Aires. En diciembre de 2025 se consagraron campeones nacionales en la RoboLiga, organizada por la Universidad Abierta Interamericana, y ahí sacaron el pase directo al certamen internacional. Fue, además, la séptima vez consecutiva que el IITA se queda con ese título nacional, algo que empieza a parecerse menos a una racha y más a una escuela.
Ese recorrido tiene nombre y apellido puertas adentro del instituto. Varios de los chicos, como Viollaz y Villagrán, entraron al IITA a los siete u ocho años, y fueron los talleres de física, programación en Python y las primeras competencias provinciales los que les fueron formando el ojo técnico. Laureano Monteros lo resumió así en la previa del viaje: no era la primera vez que el grupo lo intentaba, y esta clasificación llegaba después de varios años de intentos que no habían alcanzado. Los acompañaron en Corea la coordinadora pedagógica Cecilia Budeguer y el profesor Enzo Juárez, presencias constantes en ese proceso de años.
El trabajo previo también se notó en los papeles. Antes de que los robots tocaran la pista, la delegación salteña ya venía cuarta en la evaluación de documentación técnica, póster científico y video de presentación, tres instancias que pesan en el puntaje general y que Budeguer remarcó como decisivas para clasificar bien en la tabla. En robótica competitiva, ganar no depende solo de que la máquina funcione: depende de poder explicar por qué funciona.
Combinaron inteligencia artificial, procesamiento de imágenes, electrónica, mecánica y software de navegación autónoma, las mismas disciplinas que hoy mueven la logística, la industria y la movilidad en cualquier país que apueste en serio a desarrollar tecnología propia. Que ese desarrollo salga de Salta, y no de un polo tecnológico porteño, dice algo sobre dónde está creciendo la ingeniería argentina cuando nadie está mirando.
El viaje tuvo, además, un empujón inesperado: la empresa surcoreana Posco colaboró con parte del costo del pasaje, y los estudiantes sumaron una visita a sus instalaciones en Corea antes de volver. Un gesto que conecta, aunque sea de refilón, la vocación de estos chicos con la geopolítica de la producción de acero y tecnología que Corea del Sur exporta al mundo.
Cinco estudiantes de Salta midieron sus robots contra los mejores del planeta y ganaron. La próxima RoboLiga ya los espera compitiendo por el octavo título consecutivo, pero lo que queda de esta edición es otra cosa: la certeza de que la robótica de punta también se puede pensar y fabricar a dos mil kilómetros de Buenos Aires.
Fuentes:
Que Pasa Salta, El Tribuno, El Analista de Salta, Gente de Salta, Ministerio de Educación y Cultura de la Provincia de Salta
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