A 74 días de la Luna, Armstrong pisó Buenos Aires

En el aniversario de la muerte de Neil Armstrong, primer hombre en pisar la Luna, repasamos la escala menos protocolar de su gira por Buenos Aires en 1969: un departamento en la calle Florida donde el comandante del Apolo XI conoció al brigadier que había cruzado los Andes en globo medio siglo antes
Notas de Autor25 de agosto de 2026VanelogaVaneloga

La agenda oficial tenía un hueco.

Neil Armstrong junto al avión X-15 (56-6670), después de un vuelo de investigación.
 Foto: Neil Armstrong junto al avión X-15 , después de un vuelo de investigación.

Buenos Aires es tan bella como enigmática. Una ciudad joven, porque somos un país joven, con una historia rica en leyendas, arte y realidades ocultas que todavía hoy permanecen encriptadas. Una de ellas: un séptimo piso en la calle Florida, donde el primer hombre en pisar la Luna se sentó a tomar un café que nadie había anotado en ningún protocolo oficial.

El 2 de octubre de 1969, con apenas 74 días transcurridos desde el alunizaje, Neil Armstrong y Michael Collins bajaron en el Aeroparque Jorge Newbery para cumplir con una agenda cargada de protocolo: Casa Rosada, la embajada estadounidense, una conferencia de prensa en el Hotel Plaza. Todo estaba coordinado, cronometrado, fotografiado por la prensa oficial. Pero en medio de ese itinerario diplomático hubo una parada que no aparecía en ningún comunicado ni en ninguna gacetilla: un departamento en Florida al 900, piso 7.

No era la casa de un funcionario ni la de un empresario. Era la de Ángel Zuloaga, un brigadier retirado de la Fuerza Aérea, mendocino, de 84 años, que se acostaba temprano y que esa noche hizo una excepción.


El hombre que cruzó los Andes en globo

Para entender por qué Armstrong quiso ir ahí antes que a cualquier otro lado, hay que retroceder a 1916. Zuloaga, junto al piloto platense Eduardo Bradley, decidió cruzar la cordillera de los Andes en globo, a contramano de lo que la ciencia de la época daba por sentado: que el viento soplaba siempre de este a oeste y que intentarlo del lado equivocado era un suicidio. Se equivocaron los libros, no ellos. Volando a más de cinco mil metros, con más de treinta grados bajo cero, tuvieron que tirar equipaje por la borda para ganar altura y se guiaron con instrumental mínimo hasta aterrizar en Uspallata. La hazaña lo convirtió en una leyenda silenciosa de la aviación argentina, con una carrera que siguió después como aviador militar en Francia, director de la Escuela Militar de Aviación y agregado militar en Estados Unidos.

Armstrong, fanático confeso de la aviación desde mucho antes de ser astronauta, tenía a Zuloaga estudiado. Conocer al hombre que había cruzado la cordillera en globo medio siglo antes de que él mismo cruzara el espacio en un módulo lunar no era un capricho protocolar. Era, para él, un encuentro entre pares.

Un café, dos pocillos y una carta que sigue guardada

La visita fue breve pero cargada de peso simbólico. Zuloaga los recibió en su living, les sirvió café en pocillos que tenían de un lado el escudo nacional y del otro el dibujo del globo con el que había cruzado los Andes, bautizado Jorge Newbery. Les regaló también un ejemplar de su libro sobre la historia de la aviación argentina. Armstrong, según quienes reconstruyeron el episodio, se emocionó hasta las lágrimas.

De esos dos pocillos, uno terminó exhibido en el Museo Espacial de Argentina. El otro lo tiene Michael Collins, que no quiso desprenderse de él: hoy se conserva en su casa.


El banderín que fue a la Luna y volvió con el Apolo

La otra escala inesperada de esa jornada fue con el fútbol de por medio. Antes de que Armstrong y Collins entraran a la recepción organizada por el embajador estadounidense John Davis Lodge, los abordó Héctor Rodríguez, secretario de Cultura y Relaciones Públicas del Club Atlético Independiente. Rodríguez ya los había nombrado socios honorarios meses antes, incluso antes del propio viaje a la Luna, con carnets y camisetas enviados a través de la embajada: los números 80.399, 80.400 y 80.401 quedaron reservados para Armstrong, Collins y Aldrin.

En ese cruce fugaz, Armstrong le confesó algo que Rodríguez guardó como una de las anécdotas más increíbles de su vida: había llevado un banderín de Independiente a bordo de la nave rumbo a la Luna. Después, ya en Estados Unidos, Armstrong le escribió una carta agradeciéndole el gesto y contándole su deseo de volver a Argentina para conocer la cancha del club, algo que nunca llegó a concretar.

Lo que sobrevive de una gira que fue mucho más que protocolo

Al día siguiente la agenda oficial retomó su cauce: nueva visita a Casa Rosada, la conferencia en el Plaza Hotel, la caravana de regreso al aeroparque. Todo quedó documentado, fotografiado, archivado. Pero lo que sobrevivió con más fuerza del paso de Armstrong por Buenos Aires no fue ese protocolo. Fue un departamento en un séptimo piso de la calle Florida, un brigadier de 84 años que hizo una excepción a su rutina, y dos pocillos con el escudo argentino que, cada uno por su lado, terminaron siendo custodiados como reliquias en dos países distintos.

Algunas visitas apócrifas y otras que no pudimos rastrear

Armstrong estuvo dos veces de manera comprobada en la Argentina. La primera fue antes de la Luna: llegó a Buenos Aires el 25 de octubre de 1966, acompañado por el astronauta Richard “Dick” Gordon y por George Low, una figura central del programa espacial estadounidense, en el marco de una gira de la NASA por América Latina. Participaron de encuentros con especialistas de la entonces Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales y, dos días después, continuaron viaje hacia Chile. La segunda visita fue en 1969, ya convertido en el primer hombre en pisar la Luna. Alrededor de esos viajes aparecieron con los años otros relatos difíciles de comprobar: supuestas visitas a Córdoba, encuentros privados en distintos puntos de Buenos Aires y, en Uruguay, la historia de una escala clandestina en la estancia La Aurora, vinculada a extraños fenómenos luminosos. En ese último caso hubo testimonios de personas que aseguraron haberlo visto, aunque Armstrong negó posteriormente haber estado allí y nunca apareció una prueba concluyente. Sobre las versiones referidas a Córdoba y otras escalas porteñas tampoco pudimos encontrar, hasta el momento, documentación suficiente que permita presentarlas como hechos comprobados.


Fuentes: Pulpería Argentina, La Nación, Perfil, Los Andes, El Gráfico

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