Baja la inflación, crecen las deudas y el reconocimiento sigue ausente

Durante años fantaseamos con la idea de que sin inflación se resolvían todos nuestros problemas. La realidad demuestra que hay muchas más variables condicionándonos. Y antes de cualquier discurso o programa económico, hace falta entender cómo funcionamos culturalmente los argentinos.
Notas de Autor12 de agosto de 2026VanelogaVaneloga

“Si te he visto, no me acuerdo.”

Tapas Mirada (2)
Entender cómo funcionamos culturalmente, cuáles son nuestros hábitos y costumbres, tendría que ser materia obligatoria para cualquier persona que ejerza un cargo de poder sobre nosotros. Hace mucho que fantaseábamos con la idea de no tener inflación, porque creíamos que ahí pasaban todos nuestros problemas económicos y nuestras limitaciones de crecimiento. Hoy la práctica demuestra que no es solo la inflación: hay muchas más variantes que nos siguen condicionando, limitando y ejerciendo una presión que ya casi es imposible de sostener.

Para empezar a aclarar el panorama, conviene mirar la pirámide social argentina en números. Según las últimas mediciones, la clase alta representa entre el 5% y el 6% de la población. La clase media, dividida en dos segmentos, agrupa a otro 44%. Y la clase baja, sumando sus dos estratos, llega al 50%. Algunos relevamientos más recientes ubican ese último número todavía más alto, cerca del 78% si se suman clase baja y clase media baja juntas. Los datos varían según la consultora y el mes, pero la tendencia de fondo no cambia: la base de la pirámide creció, y el techo se achicó.

Del total de trabajadores argentinos, el 71,8% son asalariados, gente que depende de un sueldo fijado por otro. El 24,2% se maneja por cuenta propia. Y acá aparece el punto que casi nadie pone sobre la mesa: para el que vive de la aplicación de su propia energía, de su propio esfuerzo diario, endeudarse es sentido como un fracaso. Casi como una vergüenza no haber podido llegar por mano propia. Ese concepto cultural, para el que vive de especulaciones financieras, puede resultar difícil de ver o de comprender. Son dos lógicas distintas conviviendo en el mismo país, y una de ellas rara vez entra en los cálculos de quien diseña la política económica.

Una familia tipo necesita, sin contar medicación ni gastos extraordinarios, alrededor de 4.000 dólares por mes para sostenerse, como mínimo, con 8.000 dólares mensuales una familia podría vivir sin endeudarse. Con ese mismo dinero hoy comprás un auto usado,  ( como para tener un parámetro ). Pero fuimos ingenuos otra vez y terminamos pensando que, si nos endeudábamos y trabajábamos más, podíamos salir del bache todos juntos. Eso no sucedió. No hay más trabajo y cada día todo se vuelve más difícil. Esta situación merece respeto por parte de toda la sociedad, desde quienes ejercen cargos de poder hasta quienes nuevamente estamos en el pozo de nuestra economía. Apostamos a algo que, evidentemente, no estaba pensado para nosotros.

Los bancos, las financieras y quienes otorgan créditos saben muy bien que el trabajador siempre responde, mientras sus tasas desmedidas y sus reglas particulares muchas veces quedan sin un control suficiente.


maquina_01La energía directa frente al espejismo de la especulación

Un gran porcentaje de argentinos hoy está endeudado. Muchos, por respeto a una administración que propuso una economía diferente, hicieron todo lo posible para que esa economía pudiera desarrollarse. Pusieron el cuerpo, achicaron el consumo, esperaron. Y ese esfuerzo tiene un correlato cultural que no se mide en ningún índice: la sensación de haber cedido algo propio —el orgullo de no deber nada— a cambio de una promesa que todavía no terminó de cumplirse.

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No entender cómo funcionamos descalifica cualquier palabra, discurso, obra o acción. Porque antes que cualquier plan, está conocernos. Y disminuir el esfuerzo y el voto de confianza que la sociedad puso en juego crea una grieta todavía más grande. Una grieta que ya no tiene que ver con los antiguos partidos políticos que todavía pululan entre nosotros, sino con una desconexión importante entre cada uno de los que conformamos esta nación.


Fuentes: 

INDEC (Encuesta Permanente de Hogares), Consultora W, CPN Matías Battista


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