


Día de las Bibliotecas Populares: la Argentina que sigue leyendo en papel
VanelogaUn barrio, un puñado de vecinos, una estantería

Hay una escena que se repite hace más de 150 años en distintos puntos del país: un grupo de vecinos junta libros, alquila o cede un local, y arma una biblioteca sin esperar que nadie se la regale. Así nacieron casi todas las bibliotecas populares argentinas, y así siguen naciendo hoy. No dependen de una empresa ni de un municipio que las sostenga por completo. Son asociaciones civiles armadas por la propia comunidad, y esa condición es la que explica por qué sobrevivieron a crisis, inflaciones y cambios de gobierno sin desaparecer del mapa.
Por qué el 23 de septiembre
El 23 de septiembre de 1870 se promulgó la Ley 419, impulsada por el entonces presidente Domingo Faustino Sarmiento junto a su ministro de Instrucción Pública, Nicolás Avellaneda, que creó la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, hoy CONABIP. La ley llegó cuatro años después de que Sarmiento ya hubiera fundado, en 1866, la primera biblioteca popular del país: la Biblioteca Franklin, en San Juan, su provincia natal. Recién en 1990, por el Decreto 1.935, esa fecha quedó consagrada como el Día de las Bibliotecas Populares.
Según el censo de 1869, apenas veinte de cada cien argentinos sabían leer y escribir. Sarmiento entendía la biblioteca como una herramienta tan política como educativa: en las zonas de frontera, donde los límites con los países vecinos ni siquiera estaban del todo definidos, una biblioteca funcionaba también como un modo de marcar soberanía en el territorio.
Un movimiento que hoy sigue creciendo
CONABIP nuclea actualmente cerca de 2.000 bibliotecas populares distribuidas en 1.190 ciudades, pueblos y parajes rurales, sostenidas por más de 30.000 trabajadores y voluntarios. Entre todas, prestan más de 20 millones de libros a unos 4 millones de usuarios. Son cifras que muchas librerías privadas envidiarían, y las levantó, en su enorme mayoría, gente que nunca cobró un sueldo por hacerlo.
Algunas de las más antiguas, provincia por provincia
- San Juan: la Biblioteca Franklin, fundada en 1866 por Sarmiento, es la más antigua de Sudamérica y sigue funcionando.
- Santa Fe: la Gottfried Keller, en San Carlos Sud, data de 1889 y es una de las más viejas de la provincia.
- Santa Fe (Rosario): la ciudad tiene un semillero propio, con instituciones como la Biblioteca Popular Solidaridad Social, fundada en 1919 por inmigrantes italianos en el barrio Abasto, y la Biblioteca Popular Homero, de 1936.
- Mendoza: la Juan B. Alberdi, fundada en 1911, sigue en pie en Luján de Cuyo y es la más antigua de la provincia.
- Buenos Aires (Bernal): la Biblioteca-Complejo Cultural Mariano Moreno es un ejemplo de biblioteca popular que amplió su rol hacia un centro cultural con programación para todas las edades.
Una biblioteca popular no es solo un lugar para pedir libros prestados. Muchas ofrecen talleres, apoyo escolar, acceso a internet y computadoras en pueblos donde eso todavía no está garantizado, y funcionan como el único espacio cultural gratuito de la zona.
Leer es maravilloso: es entrar a un mundo ajeno, dispuesto para cualquiera con la voluntad de conectarse con él. Es tener información anclada en un papel, lista para consultar sin depender de una conexión a internet ni de una batería cargada. Pero además es un espacio en común, el mismo en un pueblo, en una gran ciudad o en una isla alejada del continente: un lugar abierto al encuentro, donde ir a buscar un libro también es ir a cruzarse con alguien. Conservar las bibliotecas es sostener ese doble refugio, el del texto y el del vecino, en un país que necesita los dos.
Fuentes: Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), Museo Histórico Sarmiento, Ministerio de Cultura de la Nación, La Capital de Rosario, Gobierno de Mendoza.


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