


Sonreír con el alma
VanelogaEl lenguaje del cuerpo como verdad: lo que la cara muestra cuando las palabras no alcanzan

¿Seguimos siendo capaces de reconocernos de verdad? Hay un gesto que todavía resiste cualquier intento de simulación: la sonrisa. Pero no cualquiera. La sonrisa Duchenne, la que no se ensaya ni se corrige, la que aparece cuando hay una emoción genuina detrás, sigue siendo una de las expresiones más fieles de autenticidad humana.
En ese territorio donde el cuerpo habla sin permiso, consultamos a Hugo Lescano, Director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal, investigador del comportamiento humano y uno de los referentes más sólidos de la región en la decodificación de gestos.
Con formación en Trabajo Social y experiencia como consultor de la OEA en Lenguaje Corporal y Negociación Avanzada, lleva años estudiando lo que no se dice, pero se expone.
En esta entrevista, pone el foco en algo concreto: cómo volver a leer lo genuino en una época donde la
IA gana terreno, y suma una breve guía para padres argentinos sobre cómo interpretar las señales del lenguaje corporal en sus hijos :
En tus investigaciones sobre comunicación no verbal explicás la diferencia entre una sonrisa social y una sonrisa Duchenne . ¿Creés que hoy, cuando gran parte de nuestras relaciones pasan por pantallas y redes, estamos perdiendo la capacidad de reconocer las emociones reales en los rostros o el ser humano sigue detectando instintivamente cuándo una sonrisa es auténtica?
La sonrisa Duchenne en la era digital
Es fascinante cómo la tecnología intenta replicar lo que biológicamente nos define. Es tan relevante la gestualidad en nuestra especie que las redes sociales han tenido que crear innumerables emojis para intentar suplir la falta de presencialidad. Necesitamos "ver" la emoción para confiar en el mensaje.
A pesar de que las pantallas pueden aplanar la comunicación, el ser humano sigue conservando el instinto para detectar la autenticidad. La sonrisa Duchenne es nuestra "huella digital" de la alegría o el bienestar genuino. Se reconoce porque pertenece a una de las siete emociones básicas universales: la alegría. Mientras que una sonrisa social es un acto voluntario (muchas veces por compromiso), la Duchenne es involuntaria y compromete todo el rostro.
¿Cómo reconocerla de forma simple?
Los ojos "hablan": en una sonrisa auténtica, el músculo orbicularis oculi se contrae, generando las famosas "patas de gallo" y elevando las mejillas.
El descenso de las cejas: hay un ligero movimiento hacia abajo de los extremos exteriores de las cejas.
La mirada se achica: la apertura de los párpados se reduce.
En la vida cotidiana, esta sonrisa es el pegamento social más potente que tenemos; es la señal que le dice al otro: "Acá hay una persona honesta y en la cual podés confiar".
En tu experiencia acumulada estudiando la comunicación no verbal, ¿qué detalle revelador podrían observar los padres argentinos en sus hijos que muchas veces pasa desapercibido? En situaciones cotidianas —una conversación, un enojo, un silencio— ¿qué gesto o cambio en el lenguaje corporal debería llamarles la atención para comprender mejor lo que realmente les está pasando?
El radar para padres: más allá de las palabras
Muchas veces, como padres, buscamos "grandes gestos" de rebeldía o tristeza, cuando la clave está en los detalles sutiles. Si hay algo revelador que los padres argentinos deberían observar es la alteración de su código basal.
Cada chico tiene un "patrón de comportamiento" propio: una forma habitual de sentarse, de mover las manos mientras habla o de mirar. Lo que debe alertarnos no es un gesto aislado, sino el cambio en ese patrón. Por ejemplo, si un hijo que suele ser muy inquieto y movedizo de repente se queda inusualmente quieto o "congelado" durante una charla, esa parálisis es un mensaje en sí mismo.
Puntos clave a observar:
Puntos de fuga: si habitualmente mantiene contacto visual y empieza a mirar hacia el suelo o hacia la puerta de forma reiterada, está buscando una vía de escape emocional.
Los "adaptadores": gestos de autoconsuelo, como tocarse el cuello, acomodarse la ropa excesivamente o morderse los labios, que aparecen cuando el nivel de estrés interno sube.
La coherencia: si nos dice que está "todo bien" pero sus pies apuntan hacia la salida o sus manos están cerradas en puño, su cuerpo está queriendo darnos un mensaje de alerta.
Entender el lenguaje corporal de nuestros hijos no es ser detectives, sino ser mejores observadores de su mundo interno para intervenir desde la empatía antes que el silencio se vuelva distancia.
Para conocer más sobre Hugo Lescano:
https://www.instagram.com/hlescano/?hl=es
Fuentes
Hugo Lescano – Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal
Libro: El Detector de Mentiras
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