


Córdoba: ¿Nos encontramos con el primer argentino?
VanelogaUn hallazgo científico revela que la historia argentina empezó mucho antes de lo que creíamos

Foto: Conicet.gv.ar
Ocho mil quinientos años. Esa es la cifra. Y no es producto de una metáfora, sino de un descubrimiento científico concreto, publicado en la revista Nature y liderado por investigadores del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba. En pleno corazón del país —en tierras cordobesas—, se detectó un linaje genético que no sólo es propio de esta región, sino que ha perdurado de forma continua hasta hoy. No hay registros de reemplazos, de invasiones genéticas, ni de borramientos poblacionales. Lo que hubo fue continuidad. Persistencia. Permanencia.
¿Significa esto que nos topamos con el primer argentino? Es tentador afirmarlo, y aunque la genética no habla en esos términos, lo cierto es que estamos frente al linaje humano más antiguo identificado hasta ahora con presencia ininterrumpida en nuestro territorio. Un ancestro directo de quienes todavía hoy habitan estas tierras.
¿Qué etnia era? ¿De dónde venía?
La ancestralidad identificada pertenece a poblaciones originarias del centro de Argentina que, desde hace al menos 8.500 años, habitaron el actual territorio cordobés y zonas aledañas. No estamos hablando de pueblos ya clasificados como los comechingones, sanavirones o henia-kamiare —etiquetas posteriores que reflejan divisiones más recientes en la historia indígena— sino de un linaje más profundo, anterior a cualquier nombre. Es el rastro biológico de un grupo humano que se instaló, se adaptó al entorno, transmitió su genética generación tras generación, y logró permanecer.
La investigación demuestra que ese linaje no fue arrasado por otras migraciones. Se mezcló, sí, como todo pueblo vivo. Pero nunca fue reemplazado. Y eso, en términos de historia genética, es excepcional.
Foto: Conicet.gv.ar
¿Qué nos dice este tiempo?
Nos habla de una permanencia milenaria. De comunidades humanas que se vincularon con su ambiente durante más de ocho milenios. Que domesticaron alimentos, enterraron a sus muertos, contaron historias, vieron cambiar los cielos y las estaciones. Que sobrevivieron sin perder su huella.
Nos dice que el poblamiento de Sudamérica no fue una secuencia de reemplazos violentos, sino —al menos en esta región— un proceso de evolución local, de transmisión sostenida. La gente que habitó estas sierras en el Holoceno temprano está emparentada con la que hoy vive en los alrededores. Lo que en muchos países se llama mito fundacional, aquí puede rastrearse en el propio ADN.
¿Qué nos aporta a la identidad?
Un testimonio de que, más allá de las capas coloniales, migratorias o urbanas que vinieron después, hay una raíz originaria en el centro de nuestro territorio que nunca se extinguió. El argentino moderno, en su mezcla y su complejidad, también lleva dentro esa historia profunda, a menudo invisibilizada.
Es momento de asumir que la identidad nacional no nació con una revolución ni con una constitución, sino con los pasos firmes de quienes caminaron estas tierras cuando todavía no existía siquiera la palabra “Argentina”.
El primer argentino —si podemos llamarlo así— no vino en barco ni fundó ciudades. Era de acá. Y su linaje, hoy lo sabemos con certeza científica, todavía vive entre nosotros.
Fuentes
Maravall-López, J. et al. (2025). Eight millennia of continuity of a previously unknown lineage in Argentina. Nature.
Conicet Noticias. “Identifican un linaje genético propio del centro de Argentina”.
Universidad Nacional de Córdoba. “Un hallazgo genético cambia lo que sabíamos sobre el poblamiento argentino”.
National Geographic – Ancient DNA: The Americas Project.
Phys.org. “Unknown genetic lineage in Argentina has persisted for 8,500 years”.
Infobae Ciencia. “Nuevo linaje genético hallado en Córdoba: qué dice la ciencia sobre la continuidad originaria”.
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