


Don Orione, el “padre de los pobres”: su vida, su obra en la Argentina y las profecías que se le atribuyen
Vaneloga“Vivo o muerto volveré”: la promesa que se cumplió

Foto: Don Orione en Avellaneda, en el Pequeño Cottolengo Argentino con Mons. Camacho y Mons. Viola – 1935
Cuando el papa León XIV llegue al Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole, previsto para el 9 de noviembre, entrará en un lugar cargado de historia. Allí se conserva el corazón de San Luis Orione, el sacerdote que en 1937 se despidió del país con una frase que hoy suena a profecía cumplida: volvería a la Argentina “vivo o muerto”.
Quién fue
Luis Orione nació el 23 de junio de 1872 en Pontecurone, un pequeño pueblo del norte de Italia. De joven fue alumno de San Juan Bosco y en 1892, siendo todavía seminarista, abrió su primer oratorio para chicos. Murió en San Remo (Italia) el 12 de marzo de 1940, a los 67 años. Fue beatificado en 1980 y canonizado por Juan Pablo II el 16 de mayo de 2004. Su lema, que resume su vida, es “Sólo la caridad salvará al mundo”.
Su congregación
En 1899 impuso el hábito a los primeros ermitaños de la Divina Providencia, antecedente de su fundación: la Pequeña Obra de la Divina Providencia, aprobada por la diócesis en 1903. Sus miembros son conocidos como orionitas. En 1915 creó la congregación de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad y abrió en Ameno (Italia) el primer Pequeño Cottolengo, una casa de atención integral para personas enfermas, abandonadas o con discapacidad, inspirada en la obra de San Benito José Cottolengo, que había conocido en Turín. Ese mismo año, tras el terremoto de la Marsica, acogió a huérfanos sobrevivientes.
Su relación con el Padre Pío
Existe un vínculo documentado, aunque no se conoce un encuentro personal entre ambos. La revista oficial Voce di Padre Pio recoge un episodio de 1924, cuando el Capuchino de San Giovanni Rotondo atravesaba una etapa difícil, con restricciones y advertencias del Santo Oficio sobre el culto a su persona. Según ese relato, el fraile Mariano Calcatelli, que estaba en Roma para una operación y fue hospedado por Don Orione, escuchó de él una serie de previsiones sobre Padre Pío: que sería llamado a Roma por las autoridades de la Iglesia, que luego sería enviado de vuelta a San Giovanni Rotondo y que allí sería más conocido por grandes milagros. El guardián del convento anotó esas palabras en su diario y las comparó con las de otra mujer devota, observando que ninguna de las dos personas había visto nunca a Padre Pío. También se sabe que una hija espiritual del Padre Pío, Maria Basilio, le escribió a Don Orione para consultarle sobre su vocación y él le aconsejó seguir el consejo de Padre Pío.
Su llegada a la Argentina
Don Orione hizo dos viajes misioneros a América Latina. El primero fue en 1921-1922: partió de Génova el 4 de agosto de 1921, llegó a Río de Janeiro y el 13 de noviembre de 1921 pisó por primera vez suelo argentino, procedente de Brasil. Aceptó una iglesia en Victoria (provincia de Buenos Aires), donde encontró una imagen de la Virgen de la Guardia, y el 12 de febrero de 1922 inauguró allí la primera casa de su obra en el país. Regresó a Italia el 4 de julio de 1922.
El segundo viaje fue entre 1934 y 1937. Llegó el 24 de septiembre de 1934 para el Congreso Eucarístico Internacional, acompañando al legado papal Eugenio Pacelli, el futuro Pío XII. Se quedó casi tres años y recorrió el país predicando y fundando comunidades. Según los registros de su obra, peregrinó al menos nueve veces al Santuario de Luján.
Sus obras para los más frágiles
El 28 de abril de 1935 colocó la piedra fundamental del Pequeño Cottolengo Argentino de Claypole, en un terreno de 21 hectáreas que entonces parecía estar en medio del campo. Antes, el 2 de julio de 1935, había abierto el primer Pequeño Cottolengo del país en Avellaneda, en una propiedad ofrecida por las Damas Vicentinas. El de Claypole abrió sus puertas el 21 de mayo de 1936 y llegó a ser el más grande y conocido de los 16 Cottolengos y hogares para personas con discapacidad que la obra tiene hoy en el país. En sus viajes por la región también fundó colegios para chicos pobres y hogares para huérfanos.
La promesa y el regreso del corazón
El 30 de julio de 1937, antes de volver a Italia, escribió: “En la Argentina he hallado para siempre mi segunda patria y, Dios mediante, volveré a ella vivo o muerto, pues quiero que mis cenizas descansen en el Pequeño Cottolengo Argentino de Claypole”. Se fue el 24 de agosto de 1937. El 29 de agosto de 2000, la reliquia de su corazón llegó desde el Santuario de Nuestra Señora de la Guardia, en Tortona, acompañada por 400 jóvenes argentinos, y fue depositada en Claypole.
Las profecías que se le atribuyen
Con Don Orione ocurre algo frecuente en la devoción popular: junto a sus palabras documentadas circula una lista de supuestas profecías sobre la Argentina, que se difunde como “las diez profecías de 1937”. Según la versión que publicó La Gaceta de Tucumán, anticiparían la quema de iglesias del casco histórico de Buenos Aires (que se vincula con los hechos de 1955), que “el dictador no iba a morir en la revolución”, que un golpe de Estado no resolvería los problemas del país y que los gobiernos que lo sucedieran serían “anodinos”, que “Córdoba se iba a convertir en un hervidero”, que el caudillo regresaría al país y que correrían “ríos de sangre”. Las últimas, que todavía no se habrían cumplido, hablan de un presidente “colgado” en la Plaza de Mayo, de una bandera que “no flameará por dos días” en la Casa Rosada y de una paz que llegaría con un hombre del norte, católico, gobernando muchos años.
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