


Jane Goodall: la mujer que habló con los chimpancés y con el mundo
Vaneloga
Una voz que unió ciencia, espiritualidad y amor por la naturaleza

Gracias por la dulzura, por mostrarnos el cómo, por volvernos mejores seres humanos con tu labor. Dejás una huella en el corazón de todos. Gracias por sembrar en nuestra genética la posibilidad de ser mejores que antes.
Jane Goodall nació en Londres en 1934, pero desde niña supo que su vida estaría ligada a los animales. Su padre le regaló un chimpancé de peluche al que llamó Jubilee, y desde entonces nunca dejó de soñar con África. A falta de estudios formales en biología, fue su curiosidad y su sensibilidad las que la llevaron a cruzar el océano. En 1957 viajó a Kenia, donde conoció al antropólogo Louis Leakey, quien la alentó a iniciar el trabajo que cambiaría para siempre nuestra mirada sobre los chimpancés.
La primatóloga que rompió moldes
En la Reserva de Gombe, a orillas del lago Tanganica, Goodall se adentró en la selva para observar a los chimpancés en libertad. Contra las normas científicas de la época, les puso nombres en lugar de números: Flo, David Greybeard, Fifi. Descubrió que fabricaban herramientas, que tenían vínculos familiares profundos, que guerreaban y que reían. En otras palabras: que estaban mucho más cerca de los humanos de lo que nadie quería aceptar. Con esos hallazgos revolucionó la ciencia y abrió un camino que otras mujeres, como Dian Fossey, continuarían.
Su espiritualidad y el budismo
A medida que su carrera crecía, Jane encontró en el budismo una filosofía que le dio serenidad y profundidad a su mensaje. Con esa visión aprendió a hablar del respeto por la vida en todas sus formas, uniendo ciencia y espiritualidad en un mismo discurso: la necesidad de vivir en armonía con la naturaleza. Nunca se presentó como una predicadora, sino como una mujer que aprendió de la selva que cada ser vivo ocupa un lugar sagrado en el mundo.
El amor natural como bandera
Su vida fue un constante homenaje a la naturaleza. Fundó en 1977 el Instituto Jane Goodall, que hoy trabaja en más de 30 países. También creó el programa Roots & Shoots, para que niños y jóvenes se conviertan en guardianes del planeta. “Nunca olviden que formamos parte de la naturaleza. Si la destruimos, nos destruimos a nosotros mismos”, repetía en cada encuentro. Su amor natural no fue solo por los chimpancés, sino por toda forma de vida, desde los bosques hasta el mar.
Su vínculo con Argentina
Jane Goodall visitó varias veces nuestro país, dejando una huella imborrable. En Buenos Aires se la recuerda no solo por sus charlas en universidades y espacios culturales, sino también por la calidez con que trataba a cada persona que se acercaba a hablarle. Aquí forjó amistad con el actor argentino Boy Olmi, con quien compartió la filmación del documental Jane&Payne, es un documental sobre el encuentro entre Jane Goodall y Roger Payne, dos leyendas de la conservación, en la Patagonia Argentina. La acercó aún más al público argentino.
Ver documental https://www.youtube.com/playlist?list=PL0qqW_9NMwlm6FpVu8k1dccp7JgmWeFW-
Dulzura y humanidad
Quienes la conocieron hablan de su voz suave, de su paciencia infinita y de una dulzura que desarmaba a cualquiera. No imponía respeto desde la autoridad, sino desde el ejemplo. Decía que los jóvenes eran la clave del futuro, y les repetía el consejo que recibió de su madre: “Si realmente querés lograr algo, tendrás que trabajar duro, aprovechar cada oportunidad y nunca rendirte”.
El legado de Jane Goodall
Jane Goodall falleció a los 91 años, pero su figura ya forma parte de la historia. No solo por haber demostrado que los chimpancés y los humanos estamos más unidos de lo que creemos, sino porque encarnó la idea de que la ciencia no puede separarse del amor ni del respeto por la vida.
Fue una voz serena y firme que, desde la selva africana hasta los auditorios más importantes del planeta, nos recordó que el ser humano no está por encima de la naturaleza, sino dentro de ella. Su vida entera fue un ejemplo de curiosidad, compasión y compromiso.
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