


Que las hay, las hay: Inglaterra busca indultar a mujeres ahorcadas por brujería hace casi 400 años
VanelogaLas condenaron por brujería y la justicia llegó demasiado tarde

El 30 de julio de 1652, siete mujeres fueron ahorcadas en Penenden Heath, un antiguo lugar de ejecuciones públicas cercano a Maidstone, en el condado inglés de Kent. Habían sido condenadas tres días antes, acusadas de provocar muertes y desgracias mediante supuestos poderes sobrenaturales.
Tres recibieron una medida judicial de clemencia aproximadamente un mes después. La decisión llegó cuando las sentencias ya se habían cumplido.
Transcurrieron 374 años y sus nombres vuelven a ocupar un lugar en el debate público británico. El Ayuntamiento de Maidstone reclama al Gobierno una legislación que permita conceder indultos póstumos a las personas ejecutadas bajo las antiguas leyes de brujería.
La iniciativa comenzó a tomar forma institucional en 2025 y recuperó visibilidad el 31 de octubre de 2026, cuando CBS News difundió un informe sobre la campaña.
¿Y si hoy nos tocara a nosotras?
Hace 374 años, siete mujeres fueron ahorcadas por brujas. Hoy, un municipio inglés pide limpiar sus nombres. Llega tarde, pero llega.
Casi siempre eran mujeres solas, pobres o distintas, de esas que sabían cosas que otros no entendían. Con un vecino enojado alcanzaba.
Ahora pensalo en presente: una mujer intuitiva, independiente, que dice lo que piensa y que aprendió por su cuenta, entre libros, videos y charlas, hasta de física cuántica. ¿Cuántas de nosotras somos así? ¿Y cuántas pagaríamos caro por animarnos?
Cambiaron las formas, pero no del todo el mecanismo: hoy el castigo se disfraza de burla, de etiqueta o de silencio. Y eso nos obliga a preguntarnos a quién seguimos juzgando por pensar distinto.
Siete mujeres, una condena y un expediente que sobrevivió cuatro siglos
Las víctimas identificadas por las autoridades municipales fueron Anne Ashby, Mary Brown, Anne Martyn, Mildred Wright, Susan Pickenden, Anne Wilson y Mary Reade.
Las primeras seis procedían de Cranbrook y la última, de Lenham, dos localidades de Kent.
Los documentos históricos describen acusaciones de haber causado la muerte de personas mediante brujería, entre ellas un bebé de apenas diez días. También aparecen referencias a supuestos pactos con el diablo, utilizados entonces como fundamento de procesos judiciales.
La investigación contemporánea sitúa estas condenas dentro de una persecución que afectó especialmente a mujeres pobres, viudas, solteras y personas consideradas diferentes dentro de sus comunidades.
En aquella sociedad, una enfermedad sin explicación, la muerte de animales o un conflicto vecinal podían desencadenar denuncias. El testimonio de un vecino podía adquirir consecuencias fatales.
Existe, además, una diferencia entre las fuentes históricas: una publicación sobre el proceso de 1652 menciona seis mujeres, mientras que la reconstrucción municipal actual identifica siete ejecutadas el 30 de julio. La documentación conservada permite establecer el episodio central, aunque algunos registros presentan discrepancias.
Una reparación histórica que también genera debate
La propuesta despertó distintas posiciones dentro del propio gobierno local.
Mientras sus impulsores consideran indispensable reconocer los abusos cometidos por las instituciones, otros representantes cuestionan la prioridad otorgada a esta iniciativa frente a necesidades actuales de vivienda, infraestructura y servicios públicos.
El debate refleja una dificultad que suele acompañar las reparaciones históricas: determinar qué responsabilidad tienen las instituciones actuales frente a decisiones judiciales tomadas siglos atrás.
En Escocia existe un antecedente significativo. En 2022, la entonces primera ministra Nicola Sturgeon presentó una disculpa institucional por las persecuciones de personas acusadas de brujería, aunque los intentos de aprobar una legislación de indulto general encontraron obstáculos.
Maidstone busca ahora avanzar mediante una iniciativa propia que podría extender sus efectos a otras víctimas de la justicia británica.
Tomemos este gesto, que llega desde lejos y con siglos de demora, como una invitación a dejar de juzgarnos por la religión, la clase social o cualquier diferencia.
A la distancia, Maidstone nos deja un gesto de reparación. Ojalá sepamos leerlo antes de seguir acusándonos y juzgándonos unos a otros por lo que somos o creemos.
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