


El duelo. Una experiencia inevitable y profundamente transformadora
Mireille BlanEstamos viviendo una paradoja social existencial

Sé que a muchos el tema del cual quiero hablar ahora no les interesa. No quieren saber nada de la muerte, tampoco de las pérdidas ni del duelo; para ellos, después de un fallecimiento, todo terminó, ¡y listo! Y puedo comprenderlos.
Para otros es tan espantosa y dolorosa la idea que prefieren evitarla. Tienen mucho miedo a la muerte y tal vez prefieren opinar que hablar de ella la atrae. Y es su manera de ver. Hay muchas maneras de abordar este tema y, sin duda, esta charla no es para todos, aunque todos la necesitamos. Me veo obligada a aceptarlo.
A mí, personalmente, me interesa, y siempre me interesó, aunque lo fui concientizando con los años.
Como cada uno, no sé nada de cómo pasa, qué pasa, y es un gran misterio. He leído mucho e investigado las creencias de diversas religiones, dogmas, pueblos originarios… Son lecturas. Yo solamente sé que no sé nada. Pero sí, siento que es trascendental.
Algunos dirán que soy rara de interesarme en este tema… ¡y es posible!. Ahora, les cuento que de alguna parte de mi biografía esta curiosidad, interés y amigabilidad pueden haber venido e instalarse.
Nací 4 años después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, en Francia, siendo el 2.º bebé de mis padres.
Fui concebida inmediatamente después de que mi madre retomó su ciclo menstrual, o sea, 5 meses después del nacimiento de mi hermano mayor.
Este hermano, amado en mi corazón, y que nunca pude ver, tocar, oler, tampoco oír su voz, su risa, este pequeño falleció a sus 12 días de vida, dejando a sus padres, y en particular a su mamá, muerta en vida, desesperada, profundamente deprimida, con una tristeza infinita que no se puede nombrar.
La pérdida de un bebé no tiene nombre. No se puede nombrar. Es indecible el dolor del vacío, de la ausencia, el sentimiento de injusticia y de culpa.
¿Podrán creerlo? Mi madre nunca quiso hablar de este. Lo guardó en soledad y siguió sobreviviendo con esta carga dolorosa, formando familia, cumpliendo con los mandatos de la sociedad.
En el estado de ella, 5 meses después del drama, fui concebida yo. Así que de muerte, de pérdida, de dolor, de pena, de negación, de tristeza y desesperación, de culpa, de un duelo que no se puede terminar, algo sé. Adentro, en lo más profundo de mi ser, de mis células, de mi ADN, de mi alma.
Y es la razón por la cual tanto insisto en hablar de duelo. Sé lo imprescindible de, en algún momento, salir de un duelo, cerrar un duelo. Esta es la primera razón que me hace hablar de duelo. La segunda razón está en lo que observo en general en la vida de las personas, mis estudiantes, mis pacientes, clientes…
¿Cuáles son estos puntos?
Las pérdidas son inevitables, guste o no. Lo mínimo que le tocará a cada uno son 2… perder a sus padres. Aunque casi seguramente perderemos más de 2 personas en nuestra vida. Estamos hablando acá de pérdidas de seres queridos. También están las otras pérdidas que afectan nuestra vida, aunque a veces hemos elegido este cambio… A menudo son momentos de decisiones, de crecimiento, pero es otro tema, para otra nota.
En fin, como todas las pruebas que atravesamos en nuestra vida, estos momentos de pérdida y de duelo profundo, si aceptamos vivirlos y los vivimos desde nuestra parte más profunda, con corazón e inteligencia, pueden representar una de las experiencias de más crecimiento en nuestra existencia.
¿Cuáles pueden ser las razones o las creencias de una persona para no poder doler su pérdida?
Muerte no “natural” que distorsiona la línea de vida normal, o sea, los hijos antes que los padres.
No aceptación, no consideración de la muerte, negación de los ciclos naturales.Hay conflictos no
solucionados con el difunto antes de su partida.
Muerte provocada por gestos humanos (iatrogenia, accidente de circulación, agresión mortal, crimen) o catástrofe natural.Creer que cerrar un duelo es una falta de amor o de respeto para el difunto. Creer que
luego lo va a olvidar por completo.
Un caso particular: duelo de los padres que “abandonaron”, por fallecimiento, a sus hijos.Todos estos puntos, en sesiones individuales o colectivas, se aclaran, se explican, se van solucionando, ¡y es un primer gran paso!
Ahora, ¿cuáles son los inconvenientes y riesgos de no cerrar el duelo y quedarse atrapado en una situación que de hecho ya terminó?
Antes de ver los riesgos y consecuencias posibles y observables, hablamos de aceptación. Es el primer paso y existen 3 niveles de aceptación: Aceptar a nivel mental, en la mayoría de los casos, es natural; hay una lógica de vida y muerte (menos en los casos especiales anteriormente citados). Se comprende, aunque es triste y da bronca. Hay que saber abordar este tema desde varios puntos de vista, ángulos… escuchar, respetar, para que la persona se abra poco a poco.
En el nivel emocional es mucho más difícil aceptar, duele “muy mucho”. Si bien es diferente para cada uno y según la situación particular, la comprensión mental sirve poco acá. Es el lugar donde podemos ayudar, sostener, apoyar, acompañar en otro camino, poco a poco. Se hace un gran trabajo, profundo, transformador y liberador. Esa etapa tiene un alcance espiritual, evolutivo, del alma.
En el nivel del cuerpo físico, de la biología, los dolores se reflejan e impactan: se bloquea la respiración, el plexo solar duele, a veces se siente que el corazón se rompe, la digestión se altera y el sueño ya no es reparador… Tantas consecuencias de la parte emocional, y es importante recuperar una función del sistema nervioso más armoniosa para seguir viviendo en salud. A grandes rasgos.
Pues justamente, si no se trabajan los pasos anteriores, mentales y emocionales, el cuerpo podrá pagar las consecuencias…
He visto muchas situaciones y, para citar algunas: obesidad, depresión, adicción, cáncer, aislamiento, galactorrea, pérdida de memoria…Además, se transmite estrés y dolor a la descendencia. Y se vuelve imposible “rehacer su vida”.
En conclusión, no querer cerrar un duelo, después de un cierto tiempo razonable (para cada uno), es mucho dolor, mucha oscuridad, mucho desgaste de la propia vida, y abandonar su propia vida por alguien que ya partió.
Reflexionamos:
¿Esto sería honrar al difunto como se merece?, ¿Crees que esta persona hubiese deseado esto para ti?
Cerrar un duelo es liberar 2 almas de una conexión de sufrimiento, la del difunto y la tuya, para que ambas vivan con más luz, en la luz. Vivimos un tiempo extraño en el cual, para ciertas personas, la vida humana no tiene valor ni importancia: se mata fácilmente a gente en la calle, a niños en los colegios, sin hablar de las guerras y pandemias varias… Como si la vida de una persona fuera cantidad despreciable.
Veamos de seguir siendo humanos, de ayudar a superar el sufrimiento y buscar detrás del dolor algo, una luz que nos haga crecer a nosotros mismos, con el máximo respeto al difunto.
Esta persona nos dejó un legado con su vida. Nos toca hacerlo fructificar. ¡Es parte de la evolución de la humanidad!
"Eso es cerrar el duelo".
Gracias por leerme.
Dra. Mireille Blan
https://www.instagram.com/mireilleblanpnl/
Fuentes
Dra. Mireille Blan (columna de autoría propia).



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