


La cabeza humana tenía un órgano que nadie había anotado en el mapa
VanelogaUn escaneo de próstata que terminó mirando otra cosa

Wouter Vogel no estaba buscando esto. El radiooncólogo del Instituto del Cáncer de los Países Bajos tenía la vista puesta en tumores de próstata, siguiendo el rastro de un marcador radiactivo que se pega a un antígeno específico de ese tejido. Ese marcador, sin embargo, tiene una particularidad conocida desde hace años: también se ilumina en las glándulas salivales. Por eso, cuando en las imágenes aparecieron dos manchas simétricas detrás de la nariz, en una zona que ningún libro de texto describía como glandular, el equipo dudó de sus propios ojos.
Corría 2020. La pandemia dominaba la agenda mundial y, en paralelo, un grupo de médicos neerlandeses revisaba con frecuencia semanal tomografías PSMA PET-CT de pacientes prostáticos. El torus tubarius —un relieve cartilaginoso que marca la entrada de la trompa de Eustaquio— apareció una y otra vez con esa señal inesperada. Ampliaron la muestra a cien pacientes. Diseccionaron dos cadáveres. El resultado se repitió las cien veces: ahí había tejido glandular, con conductos de drenaje visibles a simple vista, algo que la anatomía clásica jamás había puesto nombre.
Lo que hace esa glándula, y por qué le importa a un radioterapeuta
Las llamaron glándulas tubáricas, por su ubicación sobre el torus tubarius. Miden en promedio unos 3,9 centímetros, están compuestas mayormente por acinos mucosos —con escasa presencia serosa— y carecen de la enzima amilasa que sí tienen otras glándulas salivales, lo que descarta un rol digestivo. Todo apunta a una función más simple y más vital de lo que suena: mantener húmeda y lubricada la nasofaringe, esa zona donde se cruzan la respiración, la deglución y el habla.
Ese dato, que podría quedar en una curiosidad de manual, tiene consecuencia clínica directa. El equipo de Vogel cruzó la ubicación de las glándulas con el historial de 723 pacientes que habían recibido radioterapia en cabeza y cuello. La correlación fue clara: a mayor dosis de radiación sobre esa zona, mayor incidencia de boca seca y dificultad para tragar después del tratamiento. Son dos secuelas que la oncología conoce de memoria, pero hasta ahora nadie sabía que una de sus causas físicas tenía nombre propio y ubicación exacta en el mapa.
Un estudio de 2024 estimó que estas glándulas aportan alrededor de un 4% de la función salival total del cuerpo. Es un porcentaje menor comparado con las glándulas parótidas o submaxilares, pero suficiente como para justificar que un radioterapeuta ajuste el ángulo de un haz de radiación si puede evitarlas.
https://anatomypubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/pdf/10.1002/ar.25561
Boca seca, deglución y una planificación que cambia
En Argentina, el cáncer de cabeza y cuello concentra entre el 5 y el 10% de todos los tumores diagnosticados, y buena parte de esos pacientes pasa por sesiones de radioterapia en centros como los que integran las redes de oncología radiante de Capital Federal y el conurbano. La xerostomía —el nombre técnico de la boca seca crónica— es, desde hace décadas, uno de los efectos adversos que más golpea la calidad de vida post-tratamiento: complica comer, hablar, dormir, incluso usar prótesis dentales.
Hasta 2020, los protocolos de planificación radioterápica trazaban zonas de exclusión alrededor de las tres glándulas salivales mayores, tratando de preservarlas cuando el tumor lo permitía. Las tubáricas no figuraban en ningún plano. Incorporarlas como estructura a cuidar es, en teoría, un ajuste técnico menor. En la práctica de un paciente que después del tratamiento no puede tragar sin dolor, es la diferencia entre una recuperación llevadera y una que no lo es.
No todo el mundo académico se puso de acuerdo en llamarlo "descubrimiento". Algunos trabajos posteriores al de 2020 rastrearon menciones sueltas a estructuras similares en textos anatómicos de fines del siglo XIX, lo que abrió una discusión —todavía sin cerrar— sobre si se trata de una entidad genuinamente nueva o de un tejido que ya se había descripto de forma fragmentaria y sin nombre unificado. El propio Matthijs Valstar, primer autor del estudio original, remarcó en su momento algo que quedó como frase de cabecera del hallazgo: pensaban que ya no era posible encontrar algo así en pleno 2020.
La revisión sistemática más reciente, publicada a fines de 2024 tras rastrear la literatura en Scopus, ScienceDirect, SpringerLink y PubMed, reunió 37 trabajos sobre el tema: la mayoría, investigaciones originales sobre pacientes oncológicos, con apenas un puñado de estudios en personas sanas. Ese dato solo, la escasez de estudios por fuera del universo oncológico, marca cuánto falta todavía para entender del todo qué hacen estas glándulas cuando nadie las está radiando.
Deja una pregunta dando vueltas: si algo del tamaño de una glándula pudo pasar inadvertido durante siglos justo en el centro de la cabeza, cuánto más queda por mirar con la lupa correcta.
En noviembre de 2025, un equipo publicó en la revista Journal of Anatomy el estudio anatómico más grande hecho hasta ahora sobre el tema: disecaron 118 lados de cabezas de cadáveres embalsamados y no solo confirmaron que la estructura tiene forma propia, ubicación reproducible y puede extraerse como unidad completa, sino que además describieron un sistema de conductos nunca antes documentado. El hallazgo le puso un freno a los cuestionamientos que venían de otro sector de la comunidad científica, que sostenía que las supuestas glándulas tubáricas no eran más que un agrupamiento de glándulas salivales menores ya conocidas, sin entidad propia. La pelea de fondo sigue siendo esa: si en 2020 se descubrió un órgano nuevo o si simplemente se le puso nombre a algo que ya estaba ahí, disperso, sin que nadie lo hubiera organizado en un mapa. A comienzos de 2026 la agenda de investigación ya no gira en torno a si existen, sino a cómo protegerlas mejor durante los tratamientos oncológicos.
Fuentes: Valstar, M. H. et al. (2020). "The tubarial salivary glands: A potential new organ at risk for radiotherapy." Radiotherapy and Oncology, Netherlands Cancer Institute.Netherlands Cancer Institute (NKI), comunicado de prensa sobre el descubrimiento, octubre 2020.Journal of Oral and Maxillofacial Surgery (2023). "Tubarial Salivary Gland – The New Member of Nasopharynx."Revisión sistemática, ResearchGate (diciembre 2024). "Unveiling The Tubarial Gland: Key Anatomical Features and Clinical Significance."Revista Colombiana de Cancerología. "Xerostomía y radioterapia de cabeza y cuello: actualización."Centros de radioterapia con actividad en cáncer de cabeza y cuello, Argentina.
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