


Identidad y autoestima: el rol oculto de nuestros valores
Mireille BlanValores y decisiones de vida

La vida, en su larga recorrida, nos presenta unas cuantas encrucijadas.
Hay decisiones para tomar, elecciones de vida, y son absolutamente importantes, aunque para algunas de ellas no nos damos cuenta de ello.
¿Qué será la motivación profunda de una elección? ¿Qué crees tú al respecto?
¿Qué es lo que nos empuja en un camino o en el otro?
¿Qué es lo que nos indica la dirección y luego nos pone balizas?
Una vez tomada, una vez instalada la situación, observamos que nos sentimos bien, en armonía, o mal, como extraños a nosotros mismos.
¿Cuáles son los factores que nos influencian a la hora de decidir, de elegir?
Hoy en día se habla mucho de creencias, de programas, de herencias, y todo esto es cierto. Además, deberíamos saber que los criterios más importantes y más elevados de nuestra jerarquía interior son, en realidad, los valores.
Estas palabras... como “respeto, amistad, éxito social, crecimiento, generosidad, honor”, nos habitan sin que lo sepamos. No son solamente palabras, y SÍ, tienen el PODER DE LAS PALABRAS. Aunque no sepamos bien, de manera consciente, lo que significan.
Sin embargo, nuestra parte inconsciente, nuestro yo profundo y superior, sí lo sabe. Y sabe también cuándo respetamos esas orientaciones interiores y cuándo no. ¡Son valores!
¿Cómo funciona un valor?
Un valor satisfecho nos hace sentir bien. Un valor lastimado nos hace sentir incómodos y, en ciertos casos, se puede desencadenar alguna enfermedad.
Hay los valores que buscamos: la seguridad, la fidelidad, la abundancia... y los que evitamos, llamados antivalores, como por ejemplo la pobreza, la soledad...
Ahora, todo depende de lo que cree cada uno de cada valor: por ejemplo, pueden observar que la pobreza para algunos es una virtud, y la soledad también.
Esto depende de la visión del mundo de cada uno.
Y es la razón por la cual, cuando hablamos del valor amistad, por ejemplo, no obligatoriamente el otro, nuestro amigo, tendrá la misma definición, y... sin que ninguno de los dos lo sepa.
Y así, no conociendo estos secretos, puede llegar a ser difícil comprender al otro, ya que nuestros actos dependen de nuestros valores. De ahí nacen muchas dificultades relacionales. Comprendiéndolo, trabajándolo, se puede vivir una vida más serena, productiva, armoniosa en las decisiones personales o comunes.
Ponernos de acuerdo con nosotros mismos es esencial y primordial para el bienestar personal, para la vida en pareja, para el desarrollo profesional, la salud, la educación de los niños.
De hecho, es en la niñez que adquirimos los primeros valores, sincronizando el estilo de vida de los padres, su manera de ser, de hablar, de atendernos, de relacionarse entre sí, etc.
Y, a lo largo de la vida, vamos adquiriendo y desarrollando otros valores, a medida que crecemos y nos movemos en otros ámbitos.
Ellos, los valores, son el sostén de nuestra identidad, de nuestra autoestima, son nuestros tesoros.Y descubrir, sanar, amar esta parte nuestra es un viaje para hacer varias veces en la vida.
Próximo viaje, en septiembre, para generar un cambio positivo, útil y radical.
Dra. Mireille Blan
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