Si te interesa el mundo cripto, esta nota es para vos: qué pasó con la ley que iba a ordenar todo y por qué se cayó

El Senado de Estados Unidos volteó la Ley Clarity y dejó la regulación de las criptomonedas en manos de dos organismos y de los tribunales. Qué se discutía en serio detrás de la letra chica: quién define qué es dinero, qué queda del rol de los bancos y por qué esto también se juega en Argentina.
Actualidad17 de septiembre de 2026VanelogaVaneloga

Una votación que duró minutos

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El precio del bitcoin ya se movía con fuerza antes de que empezara la sesión, anticipando el resultado. La Ley Clarity necesitaba 60 votos para seguir adelante y terminó 49 a 50, sin alcanzar siquiera la mayoría simple. Votaron en contra todos los demócratas y cuatro republicanos: Susan Collins, Josh Hawley, Jerry Moran y Thom Tillis. En cuestión de horas, el bitcoin perforó los 75.000 dólares, llegó a tocar 72.000, y se liquidaron más de 655 millones en posiciones apalancadas.

Para la industria fue el golpe más duro en años. Para el resto de nosotros, la caída de esa ley abre una discusión mucho más grande que la cotización de una moneda digital.

Qué proponía la Ley Clarity

La idea central era terminar con una pregunta que Estados Unidos arrastra desde hace más de una década: una criptomoneda, ¿qué es? ¿Un título financiero, como una acción? ¿Una materia prima, como la soja o el oro? De esa definición depende quién te controla, qué tenés que informar, cuánto pagás de impuestos y quién te sanciona si algo sale mal.

La ley repartía esa supervisión entre dos organismos: la SEC, que regula los valores financieros, y la CFTC, que regula los mercados de materias primas, con un rol más grande para esta última. La Cámara de Representantes ya la había aprobado en julio de 2025 por 294 a 134. Después vino un año y medio de negociación en el Senado que terminó en la nada.

Por qué se cayó: la pelea que no se contó completa

La versión oficial dice que la ley se trabó por las restricciones éticas sobre funcionarios con negocios cripto, y eso es real. Pero hay otra pelea que corrió en paralelo y que explica mejor el resultado final: los bancos.

El 14 de septiembre, un frente de ocho de las organizaciones bancarias más grandes de Estados Unidos —la American Bankers Association, el Bank Policy Institute, la Consumer Bankers Association y otras cinco entidades— le escribió una carta a los líderes del Senado cuestionando puntos centrales del proyecto. El más sensible: la posibilidad de que las plataformas cripto pagaran rendimiento por tener stablecoins depositadas, algo económicamente parecido a lo que hoy ofrece una cuenta bancaria. Los bancos advirtieron que eso podía vaciar los depósitos locales y reducir el crédito disponible para la economía real.

El resultado de la votación coincidió, casi al milímetro, con ese reclamo. Los cuatro republicanos que rompieron con su bloque —Hawley, Tillis, Moran y Collins— terminaron votando en la misma dirección que pedía el lobby bancario. David Schwartz, extécnico jefe de Ripple, lo dijo sin vueltas: interpretó el resultado como una victoria del cabildeo bancario por sobre la modernización del sector. Un análisis publicado en Fortune fue más filoso todavía y calificó la campaña bancaria contra la ley como una posición de mala fe que, según el argumento, termina jugando en contra del propio consumidor.

Por qué a los bancos les conviene justamente esto: que no haya ley

Acá está el punto que conviene remarcar. No es que los bancos hayan ganado una pelea puntual. Ganaron algo mejor: que siga sin existir una regla clara.

Sin la Ley Clarity, el estatus legal de buena parte del ecosistema cripto sigue siendo ambiguo, y esa ambigüedad frena a los grandes jugadores institucionales que solo entran a un mercado cuando tienen certeza jurídica. Mientras tanto, la ausencia de reglas también dejó sin resolver la disputa puntual que más le dolía al sistema bancario: si las stablecoins pueden competir de igual a igual con una cuenta de ahorro. Sin ley, esa competencia queda en un limbo regulatorio que, en los hechos, no molesta a nadie del lado bancario.

Y mientras el Senado discutía, los bancos no se quedaron esperando. Según reportó CoinDesk a fines de agosto, ya vienen emitiendo depósitos tokenizados propios y probando liquidaciones en cadena, es decir, construyendo su propia versión de la tecnología cripto pero bajo su control y sus reglas. La incertidumbre legal no los frena: les da tiempo. Cuanto más tarda la ley, más terreno recuperan con su propia infraestructura antes de que la competencia entre en igualdad de condiciones.

Entonces, ¿ahora qué? ¿Las cripto quedan sin regular?

No. Quedan reguladas por otra vía, y ahí está lo interesante. Horas después de la votación, el presidente de la SEC, Paul Atkins, anunció que la agencia avanzará igual con su propio marco para activos digitales: emisión, transferencia y custodia. Analistas de Bernstein esperan que la SEC y la CFTC "recuperen el tiempo perdido" con normas propias sobre clasificación de tokens, DeFi y reglas para inversores.

La diferencia es enorme y conviene entenderla: sin una ley federal, cada norma que dicte la SEC puede ser revertida por el próximo gobierno. Una ley se vota, dura y protege. Una resolución administrativa se firma hoy y se deroga con un cambio de administración. La industria quería una viga; le quedó un andamio. Y ese andamio, precisamente, es el terreno que mejor conocen los bancos.

Falta un dato que ordena el panorama: las cripto estables ya están reguladas en Estados Unidos desde hace más de un año. En julio de 2025 se sancionó la GENIUS Act, primera ley federal sobre stablecoins de pago, que obliga a los emisores a mantener reservas líquidas de alta calidad que cubran el 100% de los tokens en circulación y prohíbe a la Reserva Federal emitir una moneda digital de banco central para el público general.

Ahí aparece una clave que muchos pasan por alto: Estados Unidos reguló primero lo que le sirve al sistema financiero tradicional (el dólar digital privado, respaldado en bonos del Tesoro) y todavía no logró regular lo que compite de manera directa con el negocio de los bancos.

Respaldo y token: dos palabras que conviene tener claras

El respaldo es lo que hay atrás de una moneda digital para sostener su valor. Una stablecoin atada al dólar debería tener, por cada token emitido, un dólar real guardado en efectivo o en bonos del Tesoro. Si ese respaldo no existe o está inflado, la moneda se desploma, como pasó con los proyectos algorítmicos que reventaron en 2022.

El token es la representación digital de algo. Puede representar una moneda, pero también una acción, un departamento, una cosecha, un crédito. Eso es lo que se llama tokenización de activos del mundo real, y es el terreno donde la cosa se pone realmente grande.

La obvia resistencia del negocio bancario

Hablar del "final de los banqueros" suena apurado, pero la dirección es clara: si el ritmo actual se sostiene, buena parte del negocio bancario tal como lo conocemos queda obsoleta. Por eso la resistencia no es un detalle, es la explicación central de lo que pasó esta semana en el Senado. Un banco gana plata guardando, moviendo y prestando dinero. Las tres funciones tienen hoy una versión digital que no depende de un banco: una transferencia internacional que ellos cobran en días y en porcentajes, hoy se hace en minutos y por centavos.

Los bancos lo saben mejor que nadie, y por eso no salieron a discutir en abstracto: salieron a frenar el artículo puntual que más los tocaba, el de las recompensas en stablecoins, y lo lograron. Tan cierto es que lo vieron venir, que una comunicación del Banco Central argentino de abril de 2026 ya los habilita a custodiar y operar criptoactivos a través de entidades separadas. El sistema financiero tradicional no salió a frenar la tecnología entera: salió a frenar la única parte que lo dejaba afuera del negocio, y mientras tanto absorbe el resto.

Quién tiene legitimidad sobre el dinero

Ese es el fondo de todo el asunto. Durante trescientos años, la respuesta fue una sola: el Estado emite, el banco central regula, los bancos distribuyen. Bitcoin rompió ese esquema al proponer una moneda sin emisor, sin autoridad central y con reglas de emisión escritas en código que nadie puede cambiar por decreto.

La caída de la Ley Clarity muestra que Estados Unidos todavía no decidió cómo convivir con eso, y que hay un actor con mucho poder e interés directo en que esa indecisión se sostenga. Mientras tanto, el marco MiCA de la Unión Europea avanza, en contraste con el estancamiento legislativo estadounidense.

Y acá está la respuesta a la pregunta más repetida: no, esto no es automático para todo el mundo. Cada país regula lo suyo. Lo que pase en Estados Unidos marca el ritmo global porque ahí están las plataformas más grandes y porque las stablecoins más usadas del planeta están atadas al dólar. Pero la ley que te aplica a vos, si operás desde acá, es argentina.

Argentina ya reguló, y bastante

Mientras el Senado norteamericano se trababa, la Argentina avanzó a su manera. La Ley 27.739, promulgada en marzo de 2024, designó a la Comisión Nacional de Valores como autoridad de aplicación y supervisora de todos los Proveedores de Servicios de Activos Virtuales, con facultades de inspección, fiscalización y sanción. A eso se sumaron las resoluciones generales 994/2024 y 1058/2025, más el régimen de tokenización de las RG 1069 y 1081/2025.

Ese régimen permite que acciones, obligaciones negociables y CEDEAR puedan representarse digitalmente como tokens, conocidos como RWA o activos del mundo real. Después llegó la Resolución General 1087/2025, que amplió el esquema e incorporó certificados de participación de fideicomisos financieros y cuotapartes de fondos comunes cerrados. Y en 2026, la Resolución General 1137 abrió una consulta pública para que más instrumentos financieros puedan representarse mediante tecnologías de registro distribuido.

Traducido: el país donde la gente compra dólares porque no confía en su moneda es, al mismo tiempo, uno de los que más rápido está escribiendo las reglas para tokenizar sus activos financieros. La adopción cripto argentina nunca fue una moda tecnológica, fue una respuesta a treinta años de licuaciones, corralitos y cepos.

El argumento que muchos esperan, y la letra chica

Hay un argumento que aparece siempre en este debate: que una moneda que no se puede emitir a discreción terminaría con la inflación, y con ella con la angustia de miles de familias que ven cómo el sueldo rinde menos cada mes. La idea tiene sentido en el plano teórico y explica buena parte del entusiasmo argentino con el tema.

También tiene su reverso. Una economía sin capacidad de emitir pierde herramientas para amortiguar una crisis. Y la volatilidad de estos activos, en el corto plazo, castiga más fuerte a quien menos margen tiene para esperar.

Lo que sí cambió concretamente para una familia argentina es más modesto y más real: cobrar en dólares digitales sin pasar por un banco, mandar plata a un familiar en el exterior sin que se coma el 10% en comisiones, o ahorrar en un activo que no se devalúa cada martes. Está lejos de la revolución que anuncian los fanáticos del sector. Es, para muchos, una diferencia enorme.

Lo que viene

Es poco probable que la Ley Clarity vuelva a plantearse antes de las elecciones de medio término de noviembre. Y si los demócratas ganan la mayoría del Senado, el Comité Bancario podría quedar en manos de Elizabeth Warren, una de las voces más críticas del sector, lo que alejaría todavía más cualquier acuerdo.

Durante quince años, la pregunta sobre las criptomonedas fue si iban a sobrevivir. Ya nadie la hace. La pregunta que quedó abierta esta semana en el Senado norteamericano es otra, mucho más vieja que la tecnología que la puso sobre la mesa: quién tiene derecho a decidir qué cosa vale, y quién se beneficia cada día que esa decisión se posterga.

Fuentes: CoinDesk, CNBC, NPR, CriptoNoticias, DiarioBitcoin, Phemex, XTB, Fortune, Bernstein, iProUP, Latham & Watkins (US Crypto Policy Tracker), Comisión Nacional de Valores (RG 994/2024, 1058/2025, 1069, 1081, 1087/2025 y 1137/2026), Ley 27.739, Banco Central de la República Argentina, GENIUS Act (2025).

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