


Sin sol no hay D

La situación merece precisión: no aparece una comunicación pública de ANMAT que declare un desabastecimiento nacional. Mientras tanto, en el mercado conviven comprimidos de 800 UI, gotas de 1.000 o 2.400 UI y tratamientos de 50.000 y 100.000 UI. Cuando una presentación falta, reemplazarla exige saber exactamente qué se estaba tomando.
Entrás a la farmacia con una receta o con el nombre del producto que tomás habitualmente y escuchás una respuesta que comenzó a repetirse: “Ese no lo tenemos”.
Con la vitamina D, esa frase abre inmediatamente otra pregunta: ¿con qué se reemplaza?
Una cápsula de 800 UI, una gota de 1.000, otra de 2.400, una cápsula de 50.000 o una monodosis de 100.000 llevan vitamina D, pero pertenecen a esquemas de administración muy diferentes. Cambian la concentración, la presentación, la frecuencia y, en algunos casos, hasta la forma de vitamina D utilizada.
Mirada Argentina revisó la disponibilidad publicada por distintas farmacias durante agosto. Farmacity mostraba sin stock, entre otros productos, un suplemento de vitamina D en cápsulas y Tanvimil D en gotas. Farmatodo indicaba como no disponible una presentación de vitamina D de Laboratorios Domínguez de 65.600 UI/ml. Otras farmacias también exhibían productos de la categoría agotados.
La fotografía es, por ahora, la de faltantes puntuales y una disponibilidad despareja entre marcas y presentaciones.
ANMAT cuenta con un sistema específico para informar la disponibilidad de medicamentos y desde 2025 los laboratorios titulares de especialidades medicinales comercializadas deben comunicar las situaciones que puedan generar una discontinuación temporal o permanente. En la búsqueda realizada para esta nota no encontramos una comunicación del organismo que establezca un faltante nacional generalizado de vitamina D. La diferencia importa. Encontrar una marca agotada en varias farmacias puede complicar un tratamiento y merece atención, aunque todavía resulte insuficiente para hablar de desabastecimiento en todo el territorio argentino.
Por qué importa mantener niveles adecuados
Hace exactamente un año, Mirada Argentina publicó una nota dedicada a la vitamina D, su síntesis y las diferencias que aparecen según la edad, la estación del año, la latitud y los hábitos cotidianos.
La vitamina D participa de manera directa en la absorción y utilización del calcio y el fósforo y tiene un lugar central en la mineralización del hueso. Un déficit sostenido puede producir osteomalacia en adultos, debilidad muscular y contribuir al riesgo de osteoporosis y caídas. También interviene en distintos procesos vinculados con la función muscular e inmunológica.
Los antecedentes argentinos ayudan a entender por qué el tema merece seguimiento. Los estudios reunidos en aquella nota mostraban que, entre adultos mayores sin suplementación, la proporción con valores inferiores a 20 ng/ml alcanzaba el 52 % en el norte, 64 % en el centro y 87 % en el sur del país. En un trabajo realizado en embarazadas de Rosario, el 68 % presentaba valores inferiores a 30 ng/ml y la diferencia entre invierno y verano era marcada. Son datos provenientes de estudios previos y poblaciones determinadas; no representan un relevamiento nacional de 2026. Sí muestran algo que Argentina conoce desde hace años: la ubicación geográfica y la estación modifican de manera considerable la posibilidad de sintetizar vitamina D a través de la piel.
El faltante tampoco convierte a la vitamina D en algo para tomar “por las dudas”
La preocupación por conseguir una medicación puede empujar hacia el extremo contrario: comprar otra concentración, acumular productos o aumentar la dosis para compensar. Con la vitamina D eso merece especial cuidado porque es liposoluble y puede acumularse en el organismo.
Para adultos, el límite máximo tolerable establecido para la ingesta habitual sin supervisión es de 4.000 UI diarias. Ese valor necesita ser entendido correctamente: existen tratamientos médicos con cantidades considerablemente superiores, administradas semanal, mensual o trimestralmente. Una persona con déficit confirmado puede recibir 50.000 o 100.000 UI según un esquema indicado y controlado.
El problema aparece cuando esas dosis altas se trasladan a la automedicación o se repiten fuera del esquema previsto. El exceso de vitamina D puede elevar demasiado el calcio en sangre y provocar náuseas, vómitos, debilidad muscular, confusión, pérdida de apetito, sed intensa, aumento de la orina y cálculos renales. En intoxicaciones graves puede producir daño renal, alteraciones del ritmo cardíaco y depósitos de calcio en tejidos y vasos sanguíneos.
Los propios prospectos argentinos de formulaciones de 100.000 UI advierten sobre el margen entre la dosis terapéutica y la tóxica y establecen la necesidad de supervisión médica.
El sol, en cambio, tiene otro comportamiento fisiológico: la piel regula la producción y la toxicidad por vitamina D se vincula prácticamente siempre con una ingesta excesiva de suplementos o medicamentos.
¿Y si la vitamina que tomabas ya no está?
Primero, mirar la receta o el envase anterior. Qué principio activo contiene. Cuántas UI aporta cada unidad. Cuántas unidades se tomaban. Con qué frecuencia. Y cuál era el objetivo del tratamiento. Con esos datos, una farmacia puede buscar otra marca con una presentación equivalente o advertir que hace falta modificar el esquema. Si la dosis es terapéutica, hay osteoporosis, déficit comprobado, embarazo, enfermedad renal, problemas de absorción u otra condición clínica, corresponde consultar al profesional antes de cambiarla.
El nombre comercial puede modificarse. La cantidad realmente administrada tiene que seguir siendo comprensible y controlada.
También vale revisar por qué comenzó la suplementación. Las recomendaciones actuales desalientan medir y suplementar vitamina D de manera rutinaria en toda persona sana sin factores de riesgo. En cambio, existen grupos en los que evaluar el nivel y corregir un déficit tiene una razón clínica concreta. Ese límite resulta especialmente importante ahora que la vitamina D vuelve a circular en conversaciones, mostradores y redes por la combinación entre invierno y dificultades para encontrar algunas presentaciones.
¿Cuántos días sin sol llevamos en 2026?
No existe una cifra única para toda la Argentina. Si tomamos como referencia los días con cielo completamente cubierto que registra el Servicio Meteorológico Nacional, y proyectamos los meses todavía no consolidados, las diferencias regionales son enormes. Hasta el 20 de agosto, CABA y el AMBA acumularían aproximadamente entre 50 y 65 jornadas de cielo cubierto, mientras que en la provincia de Buenos Aires el rango se movería entre 50 y 75 días, con diferencias importantes entre el norte, el oeste y el sudeste bonaerense.
En el NOA, donde enero y marzo fueron particularmente nubosos, el acumulado podría ubicarse entre 80 y 100 días. El NEA y el Litoral, entre 55 y 75; la región Centro, entre 50 y 70. En Cuyo, una de las zonas con mayor disponibilidad de jornadas despejadas, el cálculo baja a aproximadamente 20 a 35 días, y en el norte de la Patagonia a 25 a 45.
El extremo opuesto aparece en la Patagonia austral y Tierra del Fuego, donde el acumulado puede acercarse o superar las 100 jornadas cubiertas desde comienzos del año.
El cielo cubierto no significa ausencia absoluta de radiación solar, pero la nubosidad, la estación, la latitud, las pocas horas al aire libre y la cantidad de piel expuesta modifican la posibilidad real de sintetizar vitamina D.
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