


Los agentes de IA ya están entre nosotros
VanelogaCuando la herramienta empieza a decidir sola

Hace apenas tres años, pedirle algo a una inteligencia artificial significaba escribir una consigna y esperar una respuesta. Vos preguntabas, la máquina contestaba, y ahí terminaba el intercambio. Ese modelo ya quedó atrás. Hoy existen sistemas capaces de investigar un tema, comparar precios, reservar un vuelo, programar una tarea semanal o revisar cientos de currículums sin que nadie supervise cada paso. Se llaman agentes de IA, y la diferencia con un chatbot tradicional no es de grado: es de naturaleza.
Un chatbot responde. Un agente actúa.
Los investigadores vienen explorando sistemas autónomos desde hace más de dos años, pero durante 2025 los modelos de lenguaje se volvieron lo suficientemente potentes como para que esos agentes funcionaran de verdad fuera del laboratorio. La combinación de memoria extendida, capacidad de usar herramientas externas y razonamiento paso a paso convirtió una promesa técnica en una herramienta de uso cotidiano. Antes la inteligencia artificial contestaba preguntas; ahora, cada vez más, ejecuta acciones completas: escribe código, navega páginas, envía correos, coordina tareas entre sí
¿Qué se esperaba de estos sistemas cuando se diseñaron? Básicamente, sacarle al usuario la carga de los pasos intermedios. La lógica es simple: en lugar de pedirle a una IA que redacte un mail, se le pide que investigue un problema, decida la mejor respuesta y la envíe. Un chatbot responde a un pedido puntual; un agente ejecuta un flujo de trabajo completo, con decisiones propias en cada etapa. Esa autonomía —acotada, supervisable, pero real— es lo que distingue a la nueva generación de herramientas.
Quién los usa, y para qué
La sorpresa está en los datos. La imagen instalada es la del agente como mayordomo digital, que reserva un hotel o filtra un mail. Pero un estudio reciente de Perplexity junto con investigadores de Harvard, sobre cientos de millones de interacciones reales, mostró otra cosa: más de la mitad de la actividad de los agentes se concentra en trabajo cognitivo, no en tareas mecánicas. Estudiantes que le piden a un agente que recorra el material de una materia y explique lo que están aprendiendo. Profesionales de finanzas que delegan el filtrado de opciones de inversión. Personas de marketing y ventas que integran el asistente en su rutina diaria hasta que se vuelve, directamente, parte del método de trabajo.
En Argentina el fenómeno tiene un timing particular. Seis de cada diez argentinos ya usan herramientas de inteligencia artificial en su vida personal, y siete de cada diez de esos usuarios la consideran muy o bastante efectiva para mejorar su productividad diaria. El uso personal, en otras palabras, ya se instaló. Lo que todavía no ocurre con la misma velocidad es la adopción dentro de las empresas: solo el 43% de los trabajadores dice que su compañía usa IA, y apenas un 6% señala una implementación amplia. Hay una brecha, y esa brecha es la oportunidad de quien se anima primero.
Quién puede usar un agente hoy: cualquiera con un teléfono y una cuenta gratuita o paga en alguna de las plataformas disponibles. No hace falta saber programar para empezar: herramientas con interfaces en lenguaje natural permiten configurar agentes con instrucciones simples, del tipo "todos los lunes buscá las noticias más relevantes de mi industria y mandámelas por mail". La barrera técnica bajó tanto que la verdadera diferencia hoy no la marca quién sabe más de tecnología, sino quién se anima a probar.
Un ejemplo: En una fábrica textil de Once, el agente revisa el stock de materia prima todas las mañanas y detecta cuándo un insumo está por agotarse. No espera a que alguien lo note en el depósito: compara precios entre tres proveedores habituales, calcula cuál conviene según el volumen y el plazo de entrega, y arma la orden de compra lista para que un responsable la apruebe con un clic. Lo que antes le llevaba a un encargado de compras media mañana entre llamados y planillas, hoy se resuelve antes del primer café. La decisión final sigue siendo humana. Lo que cambió es cuánto tiempo hace falta para llegar a esa decisión.
Quién no los usa, o los usa mal: acá aparece un dato incómodo para el relato triunfalista. Un especialista en IA y empleo consultado por Infobae fue tajante: el 85% de la gente todavía no usa inteligencia artificial de forma intensiva, y del 15% que sí la usa, solo el 0,1% le saca un provecho real. La mayoría la usa para preguntas sueltas, sin integrarla a un flujo de trabajo. Ahí está la diferencia entre tener la herramienta y saber usarla
Cómo empezar, sin perderse en la jerga
Incorporar un agente a la vida diaria no requiere un curso de programación ni una inversión grande. Empieza con una tarea repetitiva: organizar la agenda, resumir un documento largo, redactar borradores de mensajes, investigar un tema antes de una reunión. Se prueba con una sola tarea, se mide si funciona, y recién después se suma la siguiente. El error más común es querer automatizarlo todo de entrada y frustrarse cuando el sistema no entiende lo que se le pide con precisión.
Vale la aclaración: un agente no reemplaza el criterio de quien lo usa. Decide caminos, pero dentro de los límites que se le fijan. Cuanto más clara la instrucción, mejor el resultado. Y como toda herramienta nueva, exige un aprendizaje breve al principio que después se vuelve automático, casi invisible.
La tecnología, cada vez que da un salto, se vuelve más simple de manejar. Lo que hace diez años exigía conocimientos de programación, hoy se resuelve escribiendo una frase en una app. La curva de entrada baja con cada actualización. Lo único que no baja es la decisión de sentarse a probar.
Los agentes de IA ya están instalados en el teléfono de millones de personas, resolviendo tareas que antes llevaban horas. La pregunta que queda no es si van a formar parte del trabajo y de la vida cotidiana. Esa etapa ya pasó. La pregunta es cuánto tiempo más se puede esperar para subirse.
El dato: según datos oficiales de OpenAI Signals, entre julio de 2024 y fines de 2025 se enviaron desde Argentina cerca de 2.000 millones de mensajes a ChatGPT. Es un número que impacta mucho más que cualquier porcentaje de adopción — da la escala real del fenómeno en el país.
Fuentes: Coderhouse, Guía de agentes de IA 2026; Perplexity AI, "Cómo la gente usa los agentes de IA" (estudio con Harvard); Infobae, "Argentina adopta IA en lo personal, pero las empresas no acompañan"; Infobae, "El avance de la inteligencia artificial ya transforma el empleo en Argentina"; Nacho Conesa, "Agentes IA en 2026: cómo las máquinas aprendieron a actuar solas".
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