


Girasoles en Chernóbil: Sembrar para sanar donde todo parecía perdido
VanelogaCómo una flor sencilla ayudó a limpiar la tierra envenenada por la radiación y por qué hoy su ejemplo es importante.

Cuando la planta nuclear de Chernóbil explotó, el mundo entero contuvo el aliento. La tierra quedó marcada por una huella invisible: radiación que persistiría por siglos. Pero en medio de ese escenario hostil, ocurrió algo inesperado. Se plantaron girasoles. como parte de una estrategia científica. Lo que muchos desconocen es que esta flor tiene la capacidad de absorber elementos radiactivos del agua y del suelo. Así, se transformó en aliada silenciosa de uno de los esfuerzos de descontaminación más complejos del planeta.
Mecanismo de absorción radicular
El girasol no fue elegido al azar. Esta planta, tan conocida por seguir la luz, es también una poderosa herramienta de descontaminación natural. Sus raíces fibrosas y profundas actúan como filtros biológicos. En las zonas cercanas a Chernóbil, se utilizaron balsas flotantes repletas de girasoles. Las raíces sumergidas absorbieron isótopos radiactivos como el cesio-137 y el estroncio-90, logrando reducir hasta un 90% del cesio en el agua en apenas días.
Las plantas acumulaban la radioactividad en tallos, hojas y raíces, y luego se cosechaban para ser tratadas como residuos controlados. Ese proceso se conoce como rizofiltración.
El impacto fue claro: aunque el efecto en el suelo fue más limitado, la remoción de contaminantes en el agua fue altísima. Y el costo, notablemente bajo. En paralelo, se ensayaron otras especies como la mostaza india, más eficiente en la extracción de contaminantes del suelo. Juntas, estas plantas evitaron que toneladas de tierra quedaran marcadas para siempre.
Foto: Voronkivtsi, Khmelnytskyi Oblast, Ukraine credito: Olga Prudnikova
Uso actual y experiencias similares
La experiencia no quedó ahí. Después de Fukushima, en Japón, millones de girasoles fueron plantados en las zonas evacuadas para mitigar la radiación. Y en otros rincones del mundo, desde Estados Unidos hasta Europa, se replicaron estrategias similares. La fitorremediación con girasoles sigue vigente. No reemplaza todos los métodos, pero los complementa con algo que los químicos no tienen: vida.
Sanar lleva tiempo, pero es posible. Incluso la tierra más dañada puede volver a dar. A veces, las respuestas más potentes están justo ahí: en lo simple, en lo ancestral, en lo que florece.
Foto: Fukushima, Japón. Crédito: Getty
https://www.discoverwildlife.com/plant-facts/flowers/sunflowers-phytoremediation
Para pensar soluciones distintas. En Argentina, con su vasto territorio y diversidad de ecosistemas, la fitorremediación con girasoles y otras especies nativas podría aplicarse en zonas afectadas por minería, derrames o suelos agotados por prácticas intensivas. No se trata solo de limpiar: se trata de recuperar vínculos con la tierra. Y entender que, como en Ucrania, también acá las respuestas pueden venir desde lo más simple, lo más vivo, lo más olvidado.
Fuetnes:
– U.S. Department of Energy
– Environmental Health Perspectives Journal
– National Geographic
– Scientific American
– Journal of Environmental Radioactivity
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