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La investigación demuestra que las hembras caninas juzgan la eficiencia y confiabilidad de las personas a partir de sus acciones concretas. No reaccionan por simpatía ni por reflejo. Analizan la situación y eligen en función de resultados observables.
Notas de Autor06 de enero de 2026
Vaneloga
En 2022, un estudio realizado por la Universidad de Kioto confirmó científicamente algo que muchos dueños perciben en la vida cotidiana: las perras no se acercan a cualquiera. Antes miran, evalúan y recién después deciden si vale la pena interactuar
El diseño del experimento
El estudio se realizó con 74 perros domésticos, de distintas razas, edades y contextos de convivencia. El grupo estuvo compuesto por 43 hembras y 31 machos, con edades que iban desde los cinco meses hasta los catorce años.
Cada perro observó a dos personas enfrentadas a una tarea simple pero clara: abrir un recipiente transparente con tapa.
Uno de los humanos lograba abrirlo con facilidad. El otro fallaba reiteradamente, mostrando torpeza o incapacidad para resolver la misma acción.
La demostración se repitió más de una vez, con distintos recipientes, para asegurar que el perro pudiera observar con claridad el desempeño de cada persona.
Luego de esta fase, ambos humanos realizaron la tarea nuevamente frente al perro en dos escenarios distintos:
un recipiente con comida en su interior, un recipiente completamente vacío. Durante esta etapa se midieron dos variables centrales: el tiempo de observación que el perro dedicaba a cada persona
a cuál de los dos humanos se acercaba primero:
El objetivo no era evaluar obediencia ni entrenamiento previo, sino la capacidad del animal para interpretar y evaluar conductas humanas.
Resultados: una diferencia clara entre hembras y machos
Cuando el recipiente contenía comida, las perras mostraron una preferencia contundente.
El 83% de las hembras eligió acercarse primero a la persona que había demostrado ser competente.
No hubo duda ni ambigüedad. Las perras evitaron de forma sistemática al humano que fallaba y se dirigieron al que resolvía la tarea con eficacia.
Los machos, en cambio, no mostraron una preferencia estadísticamente significativa. Se acercaron a uno u otro sin discriminar entre competente e incompetente, aun habiendo observado las mismas acciones.
Cuando el recipiente estaba vacío, el comportamiento cambió en todos los perros. Sin beneficio concreto, no hubo evaluación ni elección. La competencia dejó de importar.
La conclusión experimental es directa: la evaluación aparece cuando tiene sentido práctico.
Qué explica este comportamiento en las hembras Desde la biología y la etología, este resultado no es casual.
Diversas investigaciones previas muestran que las hembras caninas presentan:
mayor atención sostenida al entorno social
mejor lectura del comportamiento humano
mayor capacidad de aprendizaje por observación
mayor sensibilidad a acciones finalizadas y gestos funcionales
Desde una perspectiva evolutiva, evaluar quién es útil y confiable pudo haber sido una ventaja adaptativa. Elegir con quién interactuar, de quién obtener recursos o protección, aumenta las probabilidades de supervivencia, especialmente en contextos de crianza.
Las hembras no buscan agradar. Buscan eficacia.
El estudio también observó que variables como edad, raza o esterilización no influyeron en los resultados. La diferencia central estuvo marcada por el sexo del animal y por la existencia de una recompensa concreta.
Una lectura más amplia del vínculo humano–perro
Este trabajo refuerza, una conclusión difícil de esquivar para muchos humanos: los perros no solo nos entienden, también nos evalúan. Y en el caso de las perras, esa evaluación es más fina, más atenta y más pragmática.
No reaccionan a discursos ni a intenciones. Responden a lo que ven.
Durante años se habló de la inteligencia canina como algo general y difuso. Este estudio, publicado en 2022, pone el foco donde cuesta mirar: en cómo nos leen a nosotros.
Las perras no improvisan vínculos. Observan el desempeño, comparan conductas y deciden con quién vale la pena interactuar. Cuando alguien falla, no hay conflicto ni dramatismo. Simplemente no lo eligen.
Y entonces aparece la pregunta inevitable. Si este mecanismo de observación, evaluación y descarte funciona con tanta precisión en la especie canina, ¿qué tan descabellado es pensar que algo similar opera también en la especie humana? Tal vez no sea que “cambiaron los sentimientos” ni que el enamoramiento esté en crisis. Tal vez lo que se erosionó fue la capacidad de observar con atención y evaluar con calma. Durante años se romantizó la emoción inmediata, el impulso y la épica del sentir. Mientras tanto, la observación —esa habilidad básica de mirar qué hace el otro cuando tiene que resolver algo concreto— quedó fuera del relato. El resultado es conocido: sorpresa cuando alguien falla, desconcierto cuando no responde y una sensación difusa de haber ignorado señales que estaban a la vista.
Y quizá, como enseñan las perras del estudio, la evaluación no sea crueldad sino supervivencia.
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Fuentes:
Chijiiwa et al., Behavioural Processes, 2022
Universidad de Kioto – Departamento de Ciencias Cognitivas Comparadas
Revisión científica sobre diferencias sexuales en comportamiento canino, revista Animals
Investigaciones en cognición social canina, Universidad de California, Davis
https://www.upsocl.com/

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