


Batucada UPD: cómo se atreven estos desacatados
VanelogaEl ritual juvenil que se expandió por todo el país y que el mundo adulto mira con desconcierto, molestia y un poco de envidia.

Foto: Pusimos una simulación con IA porque no queríamos mostrar la carita de ningún chico.
En los últimos años nació una forma distinta de celebrar el estudio, la amistad y la juventud. No nació en las instituciones ni fue idea de ningún adulto: salió de ellos, de su manera de respirar el mundo. La batucada y el Último Primer Día, UPD para todos.
Hoy, desde el conurbano hasta las capitales provinciales, desde pueblos mínimos hasta ciudades llenas, los pibes se juntan, toman la calle y hacen algo que parece simple pero que en Argentina muchas veces se volvió un lujo: se atreven a ser visibles.
La batucada se volvió un código nacional
Sí, la tendencia recorrió todo el país. Cambian los paisajes, cambian las esquinas, pero el pulso es el mismo: celebrar antes del último primer día de clases del ciclo lectivo final. Y lo hacen como pueden y donde pueden.
Algunos contratan quintas o clubes; otros se apropian de una plaza, un parque, una esquina. Bailan, saltan, se pintan, se disfrazan, agitan banderas, inventan canciones. La remera vieja se convierte en uniforme y la producción lleva días: organizar, planear, armar colores, preparar el encuentro. Esto es literalmente, pertenencia.
El ruido que incomoda… y lo que esconde
Vecinos molestos. Padres preocupados. Escuelas que intentan controlar lo incontrolable. La queja siempre llega por el mismo lado: ruido, suciedad, alcohol. Y sí, el alcohol aparece. Pero reducir todo a eso es no entender nada.
Porque cuando uno mira un poco más hondo, descubre otra cosa: una generación que quiere juntarse, que todavía cree en la potencia del encuentro, que se permite algo que los adultos fuimos extraviando en el apuro y el cansancio.
Molestan, sí. Corren, gritan, interrumpen. Pero también están diciendo algo sobre cómo quieren ser vistos.
El conurbano y la rebeldía de salir de noche
En el conurbano de Buenos Aires, la historia tiene otro peso. Salir de noche —en grupo, sin miedo, sin esconderse— es casi un acto político. Rompe con esa norma no escrita que dice “no salgas, te puede pasar algo”. Esa frase, repetida durante años, se convirtió en un modo de vivir encogidos.
Y ellos, por una madrugada, rompen esa estructura. Se apropian del espacio. Marchan como antaño marchaban nuestros pueblos originarios para espantar lo que los amenazaba: con ruido, con fuerza, con presencia.
Por un día sienten libertad. Por un día, la calle es de ellos.
La juventud como desfachatez… o como espejo El problema no es el ruido. El problema es lo que muestran.
Ellos se atreven a algo que los más grandes dejamos incluso de pensar: reunirnos sin razón, reírnos sin permiso, sentirnos TRIBU sin justificarlo.
La desfachatez juvenil jode, porque señala lo que abandonamos. Nos recuerda algo que fuimos y que, por alguna razón, dejamos de ser.
La batucada UPD es una forma de decir “acá estamos”. Es ruido, sí. Es exceso, también. Pero es, sobre todo, vida en estado crudo. Ganas de encontrarse. Ganas de existir aun cuando el mundo adulto insiste en ordenarlo todo.
Ellos se atreven. Y en ese atrevimiento, nos obligan a preguntarnos por qué nosotros ya no.
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