Los bosques resplandecen en silencio durante cada tormenta: la ciencia lo acaba de probar

Durante casi un siglo, los científicos sospecharon que los árboles emitían destellos eléctricos invisibles cuando las tormentas pasaban sobre ellos. Un equipo de la Universidad Estatal de Pensilvania acaba de filmarlo por primera vez en la naturaleza.
Innovacion 16 de junio de 2026VanelogaVaneloga

La corona eléctrica que los bosques esconden bajo la lluvia

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Imagen intervenida con IA.

En junio de 2024, Patrick McFarland le hizo un agujero de treinta centímetros al techo de su camioneta. Era una Toyota Sienna 2013 que ya no volvería a tener valor de reventa. Pero para este meteorólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State), el sacrificio valía: adentro había construido un sistema de telescopio, periscopio y cámara ultravioleta que apuntaría hacia las copas de los árboles mientras las tormentas rugían sobre su cabeza.  Lo que registró esa noche en Pembroke, Carolina del Norte, cerró casi cien años de especulación científica.

Una hipótesis centenaria

Los científicos sospechaban desde hacía casi cien años que este resplandor existía. El fenómeno se llama descarga corona: una chispa eléctrica débil que se forma en las puntas de las hojas cuando el campo eléctrico de una tormenta se acumula sobre los árboles. Sin embargo, nadie había podido observarlo ni medirlo en plena naturaleza. Solo se lo infería por anomalías en las mediciones del campo eléctrico sobre los bosques durante las tormentas.

Los experimentos de laboratorio daban pistas. En el laboratorio, si apagás todas las luces, cerrás la puerta y bloqueás las ventanas, apenas se ven las coronas. Parecen un resplandor azul. Pero reproducir eso en campo abierto, en medio de una tormenta real, era otro problema.

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Foto: agupubs.onlinelibrary.wiley.com
Señales UV de corona observadas bajo una tormenta eléctrica el 27 de junio de 2024. (a) Ubicación aproximada de las 859 señales UV de corona observadas durante el período de observación de ∼1,5 horas en un árbol de liquidámbar. Cada señal UV de corona está coloreada según el número total de fotones UV isotrópicos entre 255 y 273 nm emitidos por la descarga de corona, estimado a partir de los píxeles iluminados observados en ese fotograma. Los recuadros representan el campo de visión de la cámara UV del Sistema de Telescopio para la Observación de Coronas (COTS), y los colores indican el tiempo de observación de la rama dentro de cada recuadro. El panel (b) es igual que en (a), pero para las 93 señales UV de corona observadas durante el período de observación de ∼20 minutos en un pino taeda. Las ubicaciones de los recuadros y de las señales UV de corona son solo aproximadas porque el viento movía las ramas dentro y fuera del campo de visión del COTS. Nótese que una señal UV de corona se define como un conjunto contiguo de varios píxeles iluminados.

La física del fenómeno

Durante las tormentas, las nubes acumulan una carga fuertemente negativa, lo que induce una carga opuesta y positiva en el suelo. Como los opuestos se atraen, esa carga del suelo busca acortar la distancia con la nube —lo que en zonas boscosas significa trepar por los troncos conductores y las ramas hasta las puntas de las hojas. Ahí las cargas se concentran, generan un campo eléctrico localizado e intenso, excitan e ionizan las moléculas del aire y crean un plasma. Cuando esas moléculas se relajan o recombinan, emiten luz: una corona breve y titilante.

El problema para observarla a simple vista es que la luz ambiental la eclipsa por completo. Por eso McFarland y su director de tesis, el profesor distinguido William Brune, decidieron buscarla en el espectro ultravioleta y construyeron un instrumento desde cero.

La camioneta, la tormenta y el registro histórico

El equipo de Penn State emprendió en el verano de 2024 un viaje hacia el sureste de Estados Unidos en busca de las tormentas casi diarias características del clima de Florida en verano. Semanas después, sin haber conseguido las condiciones ideales en Florida, el equipo emprendía el regreso hacia Pensilvania.

Fue entonces cuando la suerte cambió. Tormentas grandes y persistentes se desarrollaron justo al oeste de la Interestatal 95. El equipo aprovechó la oportunidad, se detuvo en el estacionamiento de la Universidad de Carolina del Norte en Pembroke y apuntó sus instrumentos hacia las ramas superiores de un liquidámbar ubicado a unos treinta metros de la camioneta. La tormenta duró casi dos horas, con lluvia intensa y relámpagos frecuentes. Durante ese tiempo registraron descargas corona sobre ese árbol y también observaron actividad similar en un pino de hoja larga cercano cuando la tormenta comenzaba a ceder.

En ese árbol, el sistema capturó 859 eventos de corona. En el pino, 93. Los eventos individuales duraron desde destellos brevísimos hasta varios segundos.

Analizando el video más tarde, McFarland describió la experiencia: "Nos quedamos ahí mirando este video mientras la tormenta arrecia sobre nuestras cabezas. Estás buscando las señales más tenues en una pantalla que parece mostrar nada. Es realmente difícil saber en tiempo real si estás viendo algo." Lo que veían era real. Eran las primeras descargas corona confirmadas jamás observadas y medidas en la naturaleza.

Lo que los árboles hacen con esa electricidad

Las implicancias van mucho más allá del espectáculo visual. La luz ultravioleta que emite la corona descompone el vapor de agua y produce hidroxilo, el principal oxidante de la atmósfera. Los oxidantes limpian el aire reaccionando con sustancias químicas emitidas por los propios árboles y con contaminantes industriales.

Ese proceso no era nuevo para el equipo. Años antes, habían aplicado impulsos eléctricos de alto voltaje y baja corriente sobre ramas de árboles en laboratorio y encontraron una fuerte correlación entre las emisiones ultravioleta de las descargas corona y la creación de compuestos de hidroxilo. El estudio de campo era la confirmación que faltaba: lo que habían visto en el laboratorio ocurría también en plena tormenta, sobre árboles reales, en condiciones naturales.

Los investigadores estiman que el hidroxilo producido destruye metano y monóxido de carbono, aunque también puede producir neblinas e interaccionar con compuestos orgánicos volátiles emitidos por los propios árboles. La cantidad de hidroxilo generada durante una tormenta sería demasiado pequeña para afectar el clima global, pero podría influir sobre la calidad del aire en la región inmediata que rodea al dosel forestal.

Hay otro efecto posible que el equipo quiere investigar. Las coronas pueden alterar la calidad del aire en los bosques, dañar sutilmente las hojas y posiblemente cargar de electricidad a las tormentas que pasan por encima. En laboratorio, las puntas de las hojas mostraron signos de quemadura y decoloración. McFarland especula que, con la repetición de tormentas a lo largo de millones de años, los árboles podrían haber desarrollado formas de minimizar ese daño —o incluso de aprovecharlo.

Un bosque que no para de trabajar

Observaciones similares se realizaron sobre otras especies de árboles durante cuatro tormentas más, desde Florida hasta Pensilvania, lo que sugiere que las tormentas podrían estar pintando canopeos enteros con un resplandor azul titilante, aunque demasiado tenue para ser visto a simple vista.

El estudio fue publicado el 12 de febrero de 2026 en Geophysical Research Letters, la revista de la American Geophysical Union, y fue financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Los coautores son W. H. Brune, D. O. Miller y J. M. Jenkins, todos del Departamento de Meteorología y Ciencias Atmosféricas de Penn State.

"Estas cosas realmente suceden", dijo McFarland al anunciar los resultados. "Las hemos visto. Sabemos que existen. Tener finalmente evidencia concreta de eso es lo que más disfruto."

Si pudieran verse a simple vista, agregó, sería un espectáculo: miles de destellos azules saltando de hoja en hoja, siguiendo las ramas mientras el viento las sacude, durante todo el tiempo que dure la tormenta. Toda la copa de los árboles, titilando en silencio mientras llueve.

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