


Villa Pehuenia: donde Dios pintó con naturaleza
VanelogaUn pacto silencioso con la tierra, donde cada paso se da con respeto y cada historia nace del viento.

Pehuenes milenarios y volcanes dormidos
En el sur de Neuquén, muy cerca de la frontera con Chile, hay un rincón donde la tierra respira lento. En sus lagos de agua pura, sus araucarias centenarias, y en la voz baja de su gente, se revela un modo distinto de habitar el mundo. Aquí, el tiempo no apura. Se camina con respeto. Y la belleza, más que mostrarse, se siente.
El nombre mismo lo dice: “Pehuenia” viene del pehuén, ese árbol sagrado para el pueblo mapuche que nosotros llamamos araucaria. Y no es cualquier árbol: es un sobreviviente de la era de los dinosaurios, y solo crece en esta zona cordillerana. Tiene copa redonda, tronco firme y un fruto comestible –el piñón– que nutre y da sentido a rituales ancestrales. Para los mapuches, el pehuén es sagrado. Y en este bosque, sus ramas parecen abrazar a todo el que llega.
Relatos antiguos: el lago que duerme a un volcán
Las leyendas circulan como el viento entre los cerros. Una de las más compartidas por los lonkos de la región habla del volcán Batea Mahuida, que custodia el lago Aluminé. Dicen que allí duerme un espíritu protector, un püllü que solo se despierta cuando el equilibrio entre el hombre y la naturaleza se rompe. Cuando la codicia toca la montaña, el volcán tiembla. Por eso, el respeto no es folclore: es supervivencia (Relatos orales recopilados por la Comunidad Mapuche Puel, 2020).
Otro mito cuenta que el Lago Moquehue es una puerta al mundo espiritual. Sus aguas oscuras y profundas reflejan no solo el cielo, sino el alma de quienes se miran en ellas. Los abuelos mapuches enseñan a los niños que al arrojar un piñón al agua, si este flota, el viaje será seguro. Si se hunde, hay que esperar. No se discute con el agua.
La vida silvestre: postales vivas del sur argentino
Villa Pehuenia está rodeada por el Parque Provincial Batea Mahuida y por la Reserva de la Biósfera Araucarias, reconocida por la UNESCO por su biodiversidad (UNESCO, 2007). Los lagos Aluminé y Moquehue, conectados entre sí, son el hábitat de truchas arcoíris y percas criollas, lo que atrae a pescadores deportivos de todo el país. En sus márgenes, se dejan ver cisnes de cuello negro, bandurrias, cauquenes, y hasta el huillín, un tímido mamífero en peligro de extinción parecido a la nutria (APN, 2021).
En el bosque, los protagonistas son otros: el puma, el zorro colorado, el carancho, y decenas de especies de aves. Pero nada impacta tanto como ver una araucaria de más de 1.000 años resistiendo el paso del tiempo. En invierno, ese mismo bosque se cubre de nieve y da lugar al centro de esquí comunitario del Batea Mahuida, gestionado por la comunidad local (Comunidad Mapuche Puel, 2019).
Guía práctica: cómo llegar, cuándo ir y qué llevar
Cómo llegar: Desde la ciudad de Neuquén hay que tomar la Ruta Nacional 22 hasta Zapala, luego empalmar con la Ruta Provincial 13 hasta Primeros Pinos, y de ahí continuar por la RP 23 hasta la villa. Son unos 310 km en total, de los cuales los últimos tramos pueden incluir ripio, dependiendo del clima (Dirección de Vialidad de Neuquén, 2022).
Cuándo ir: Cada estación tiene su magia. En verano (diciembre-marzo), se disfruta del kayak, la pesca, y el senderismo. En otoño, las lengas se tiñen de rojo. En invierno, la nieve convierte la zona en un paraíso para esquiadores y amantes del silencio. Y en primavera, el bosque estalla en flores (Ente de Turismo de Neuquén, 2023).
Qué llevar: Siempre abrigo (aunque sea verano), calzado de trekking, agua potable, protector solar, repelente, gorra, y cámara. Si se planea caminar mucho, bastones de trekking y mapa topográfico. En invierno, cadenas para el auto. Y siempre, respeto: por la tierra, por las costumbres, por quienes la habitan.
Con quién hacer excursiones: La Comunidad Mapuche Puel ofrece caminatas interpretativas por el cerro Batea Mahuida, cabalgatas, talleres de cocina con piñón, y salidas en kayak por el Lago Moquehue. También hay operadores turísticos habilitados que ofrecen trekking por la Cascada Ñorquinco, paseos en 4x4 hasta el mirador del volcán, y circuitos gastronómicos con productos locales (Municipalidad de Villa Pehuenia - Moquehue, 2023).
Comunidad, artesanía y conservación
Villa Pehuenia es hogar de unas 2.000 personas, muchas de ellas descendientes del pueblo mapuche. La comunidad Puel es protagonista del desarrollo local: administra el centro de esquí, produce tejidos de telar, cerámicas y cuchillería artesanal, y organiza ferias donde se ofrecen mermeladas caseras, miel de montaña y piñones en almíbar (Comunidad Puel, 2021).
Lejos de los modelos extractivistas que arrasaron otras regiones del país, acá la conservación no se impuso desde afuera: nació desde adentro. La comunidad entendió que proteger el pehuén era proteger su historia. Que cuidar el lago era cuidar a sus hijos. Y que el turismo, bien gestionado, podía ser una herramienta para sostener el monte en pie.
Varios proyectos apuntan al turismo regenerativo. Algunas hosterías locales reutilizan aguas grises, calefaccionan con leña de poda, y capacitan a los visitantes sobre cultura mapuche. Hay circuitos de interpretación del bosque y programas de voluntariado ambiental (Fundación Amigos de Villa Pehuenia, 2022).
Este rincón del sur argentino es uno de esos pocos lugares donde todavía se vive con los pies en la tierra. Donde el turismo no destruye, sino que ayuda a conservar. Donde las leyendas no se olvidan, sino que se susurran al fuego.
Y si uno afina el oído, tal vez escuche al volcán Batea Mahuida respirar. Tranquilo. Porque sabe que, al menos acá, la naturaleza todavía manda. Y eso –en estos tiempos– es casi un milagro.
Contactos
https://villapehuenia.gob.ar/
https://www.instagram.com/pehueniamoquehuetur/?hl=es
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