


"Químicos para siempre"
VanelogaLa mejor defensa es la información

Cuando empezamos a notar que las harinas nos caen mal, que ciertos medicamentos ya no nos hacen efecto o incluso nos generan rechazo, nos preguntamos si es solo nuestro cuerpo o si hay algo más.
Hablamos con amigos, familiares, compañeros de trabajo, y descubrimos que no somos los únicos. Cada vez más personas experimentan lo mismo, como si el organismo colectivo estuviera reaccionando a algo que antes pasaba desapercibido. No es una casualidad aislada, es un patrón que se vuelve cada día más evidente y difícil de ignorar.
En las últimas décadas, un grupo de compuestos químicos conocidos como sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés) ha despertado una creciente preocupación en la comunidad científica y ambientalista.
Orígenes y usos de los PFAS
Los PFAS fueron sintetizados por primera vez en la década de 1940 y desde entonces han sido utilizados en una amplia gama de productos industriales y de consumo debido a sus propiedades hidrofóbicas y oleofóbicas.
Gracias a su resistencia al agua, al aceite y al calor, estos compuestos se encuentran en:
Sartenes antiadherentes (Teflón)
Envases de alimentos (cajas de pizza, envoltorios de comida rápida)
Ropa impermeable y equipos de outdoor
Espumas contra incendios
Productos de cuidado personal y cosméticos
Alfombras y tapizados resistentes a las manchas
El problema de la persistencia: un químico que nunca desaparece
Lo que hace tan problemáticos a los PFAS es su estructura molecular. Contienen fuertes enlaces entre carbono y flúor (C-F), considerados los enlaces químicos más resistentes que existen. Esta propiedad evita que se degraden con facilidad en la naturaleza, acumulándose en el agua, el suelo y los seres vivos.
Estudios recientes han detectado PFAS en fuentes de agua potable, en el aire y en los tejidos de animales y seres humanos. Se estima que más del 98% de la población mundial tiene rastros de PFAS en su sangre, según un informe del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU.
Impacto en la salud humana
Investigaciones han vinculado la exposición prolongada a los PFAS con diversas afecciones, entre ellas:
Cáncer de riñón y testículo
Alteraciones hormonales y reproductivas
Enfermedades hepáticas
Deficiencias en el sistema inmunológico
Aumento del colesterol y problemas cardiovasculares
El Dr. Nicolás Olea es catedrático de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada y dirige un grupo multidisciplinar que estudia medioambiente y salud
La Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) ha clasificado algunas variantes de PFAS, como el PFOA (perfluorooctanoato) y el PFOS (perfluorooctanosulfonato), como probables carcinógenos.
¿Dónde están y cómo evitarlos?
Dado que los PFAS están en numerosos productos de uso cotidiano, reducir la exposición no es tarea fácil. Sin embargo, hay medidas que pueden ayudar a minimizar los riesgos:
🔹 Evitar el uso de sartenes antiadherentes y optar por acero inoxidable o hierro fundido.
🔹 Filtrar el agua potable con sistemas de osmosis inversa o filtros certificados contra PFAS.
🔹 Revisar etiquetas en cosméticos y productos de cuidado personal; evitar aquellos que contengan ingredientes con "perfluoro" o "polifluoro" en su nombre.
🔹 Reducir el consumo de envases de comida rápida, ya que muchos contienen PFAS en su revestimiento.
🔹 Optar por ropa y alfombras sin tratamientos "resistentes al agua" o "a las manchas", que suelen contener estos químicos.
Regulaciones y esfuerzos globales
A nivel mundial, se han implementado restricciones sobre el uso de ciertos PFAS. En 2023, la Unión Europea propuso la prohibición de más de 10,000 variantes de PFAS, mientras que en Estados Unidos, la EPA ha establecido límites estrictos para su presencia en el agua potable. Sin embargo, la regulación sigue siendo desigual entre países, y muchas empresas continúan utilizando estos compuestos en sus productos.




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