


Cuba en la oscuridad: Una crisis energética que paraliza al país y alerta sobre los riesgos globales
Crisis energética en Cuba: Apagones masivos paralizan hospitales y escuelas
La obsolescencia de su sistema eléctrico, la falta de inversión y la alta dependencia del petróleo importado han llevado al país a enfrentar apagones masivos casi a diario, afectando no solo a sus ciudadanos, sino también a sectores críticos como hospitales, aeropuertos, bancos y escuelas.​

El sistema eléctrico cubano depende en gran medida de siete centrales termoeléctricas construidas hace más de cuatro décadas, muchas de las cuales sufren averías constantes y están paralizadas por la falta de mantenimiento. Según datos del Ministerio de Energía y Minas (Minem), Cuba consume 8 millones de toneladas de combustible al año, pero solo produce tres millones, lo que deja al país extremadamente dependiente de las importaciones de petróleo de país.
Los efectos de los apagones son devastadores. En los hospitales, los servicios esenciales como la refrigeración de medicamentos, el funcionamiento de equipos médicos y la atención de emergencias se ven gravemente comprometidos. Las escuelas también sufren, con la cancelación de clases y la interrupción de actividades académicas, mientras que en los aeropuertos y bancos, la falta de energía paraliza la logística y las transacciones financieras.
En un intento por aliviar el problema, el gobierno cubano ha alquilado varias centrales flotantes, una solución rápida pero costosa y temporal. Sin embargo, esto no resuelve los problemas estructurales de fondo, que según expertos requerirían inversiones de hasta 10.000 millones de dólares para modernizar completamente el sistema eléctrico de la isla.

Cómo un fallo energético masivo podría paralizar al mundo
A nivel global, un apagón similar al que enfrenta Cuba podría desencadenar un colapso de las comunicaciones, interrumpiendo redes móviles, internet y servicios satelitales, lo que afectaría tanto a individuos como a gobiernos y empresas. La falta de electricidad en infraestructura crítica, como hospitales y aeropuertos, pondría en peligro la vida de millones de personas, mientras que el colapso de los sistemas bancarios globales y la interrupción del suministro de alimentos
Imagina la situación de enfrentar un apagón global que dure varios días. En este escenario, los sistemas de pago electrónicos dejarían de funcionar, lo que significaría que, al ir al supermercado, nadie podría realizar compras debido a la imposibilidad de procesar tarjetas de crédito o débito. En pocos días, las personas se quedarían sin efectivo disponible, ya que los bancos y cajeros automáticos también estarían fuera de servicio. Según estimaciones, la mayoría de los hogares mantienen reservas limitadas de alimentos, que en promedio no superan los 7 a 10 días. Si el apagón se extendiera más allá de ese tiempo, la falta de acceso a dinero y alimentos podría llevar a un colapso global. Estadísticamente, un apagón de más de 10 días provocaría que la mayoría de las familias agotaran sus suministros básicos, lo que podría desencadenar un escenario de caos y sucumbimiento a nivel mundial.
Este tipo de crisis pondría de manifiesto la fragilidad de nuestras infraestructuras y la dependencia de la energía para sostener todos los aspectos de la vida cotidiana, desde el comercio hasta el suministro de alimentos y agua.
Este escenario, aunque hipotético a nivel mundial, es una realidad cotidiana para los cubanos, quienes ven cómo la crisis energética actual está agravando la crisis económica del país, con una contracción del 1,9 % en 2023. En resumen, la falta de electricidad. no solo paraliza a Cuba, sino que también puede ser una advertencia sobre la fragilidad de los sistemas energéticos a nivel global y el impacto devastador que un apagón prolongado podría tener en todo el mundo.
Fuentes:
CiberCuba
EFE Noticias
El País
Foto: El País



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