


Ya nos lo dijeron en el cine
VanelogaFicción o libreto

Foto: IA
Corría 1977 y un director llamado Peter Hyams filmaba un thriller donde la NASA simulaba una misión espacial en un estudio de televisión para engañar al mundo entero. La película se llamó Capricornio Uno y el blanco implícito era el Apollo 11. Hyams, que había trabajado como periodista en la CBS cubriendo las transmisiones del programa espacial, declaró que lo que lo inspiró fue: del alunizaje de 1969 casi no había testigos. La única verificación disponible llegó a través de una cámara de televisión.
Y Capricornio Uno es apenas uno de los casos en que el cine mostró, con años o décadas de anticipación, lo que terminaría ocurriendo o lo que se quería instalar como posibilidad en la conciencia colectiva. Vale la pena revisar la lista con cuidado, porque la recurrencia no parece casual.
Lo que la pantalla grande anunció
La película de Kubrick 2001: Odisea del espacio (1968) describió con precisión quirúrgica tecnologías que no existían: tabletas digitales, videollamadas, inteligencia artificial con capacidad de razonamiento autónomo. HAL 9000 no fue solo un personaje: fue un borrador. Un año antes del Apollo 11, la película mostraba cómo se vería la Tierra desde la Luna. Hoy SpaceX lanza cohetes reutilizables, Zoom reemplaza la presencialidad y los chatbots le dicen al usuario, con distintas palabras, que no pueden hacer eso.
Contagio (Steven Soderbergh, 2011) es el caso más documentado de los últimos años. Un virus nuevo, originado en Asia, transmitido por contacto, expansión exponencial, colapso sanitario, desinformación organizada, laboratorios corriendo contra el tiempo, políticos tomando decisiones entre la presión mediática y los intereses económicos. La película se rodó inspirándose en el brote de SARS de 2002. En marzo de 2020, cuando el mundo entró en cuarentena por el COVID-19, Contagio pasó del puesto 270 al número dos en el catálogo de alquileres de Warner Bros. La gente la veía para entender lo que estaba viviendo. O para confirmar que ya le habían avisado.
Minority Report (Spielberg, 2002) anticipó la vigilancia predictiva, el reconocimiento facial masivo y la publicidad personalizada en tiempo real según el perfil del consumidor. Hoy esos sistemas existen y se aplican, con distintos nombres, en decenas de países. La distopía del crimen prevenido antes de ocurrir es hoy el algoritmo que decide a quién se le niega un crédito o quién queda bajo sospecha policial antes de cometer ningún delito.
Idiocracia (Mike Judge, 2006) fue la película que los estudios enterraron: la estrenaron en el mínimo de cines posibles, sin publicidad, casi en secreto. La trama era simple y brutal: el futuro de Estados Unidos es una sociedad gobernada por la estupidez organizada, presidida por un ex luchador profesional y estrella de reality shows, donde las corporaciones gestionan el Estado y la cultura se redujo a su mínima expresión. En 2016, cuando Donald Trump ganó la Casa Blanca, la película resurgió con fuerza en redes y medios. El propio director quedó perplejo ante el parecido.
Esta peli la recomiendo porque habla de vivir en modo NPC: es atravesar la vida en automático, repitiendo guiones ajenos hasta que aparece la lucidez para cortar y elegir con criterio propio.
Los que avisan lo que viene
Hay otra categoría distinta: la de las películas que no "predicen" el futuro sino que lo proponen. Que instalan una posibilidad en el imaginario antes de que se materialice. Que preparan el terreno.
No mires arriba (Adam McKay, 2021) es el ejemplo más reciente y más discutido. Dos científicos descubren un cometa que destruirá la Tierra y nadie los escucha. El poder político los ignora o los instrumentaliza. Los medios los tratan como curiosidad de entretenimiento. Las redes sociales los sepultan bajo el ciclo de la farándula. El empresario tecnológico más rico del planeta decide que el cometa es una oportunidad de negocios. La película fue leída simultáneamente como metáfora del cambio climático, de la pandemia, del negacionismo y de la captura del Estado por el capital privado. McKay no negó ninguna de esas lecturas.
Pero lo más interesante no es lo que la película dice sobre el pasado reciente. Es lo que dice sobre lo que está pasando ahora mismo: que existe una clase dirigente capaz de dejar que ocurra una catástrofe antes que resignar su posición, y que los mecanismos de distracción masiva son suficientemente eficaces para que la mayoría de la gente no mire arriba aunque el impacto sea inminente.
Quién financia a Adam McKay y por qué Netflix, una corporación global que encarna todo lo que la película critica, fue la que distribuyó esa historia a escala planetaria.
El guion y el guionista
Hay una diferencia entre predecir y programar. Entre el artista que lee las tendencias de su tiempo y el sistema que ensaya narrativas antes de ejecutarlas. No se trata de afirmar que todo el cine es propaganda encubierta: sería una simplificación inútil. Pero sí vale observar ciertos patrones.
Las grandes industrias culturales —Hollywood en particular— tienen vínculos documentados con el Pentágono, la CIA y distintas agencias de inteligencia de Estados Unidos que, desde hace décadas, ofrecen acceso a equipamiento militar, asesoramiento técnico y apoyo logístico a cambio de influencia sobre los guiones. No es un secreto: fue investigado y publicado. La pregunta no es si esa influencia existe, sino qué hace con ella.
Cuando una película muestra con diez años de anticipación exactamente lo que va a ocurrir —el mecanismo del engaño, la respuesta institucional, la reacción social, los instrumentos del control— caben dos interpretaciones. O el arte tiene una capacidad profética genuina. O alguien ya sabía.
El libreto no siempre viene de Hollywood, pero el mecanismo es el mismo.
En Argentina también sucede: una idea implantada primero en la televisión y ahora amplificada por influencers. Médicos hablando en tv, de prácticas que, muchas veces, resultan incorrectas. La idea del miedo y el cuestionamiento constante pone en duda nuestra capacidad como Nación de gestionar y salir adelante. Pero nosotros tenemos algo que el mundo todavía no desarrolló: astucia y sagacidad.
Al final de todo, vamos a poder decir: no contaban con nuestra astucia.
Lo que queda después de los créditos
No se trata de volverse paranoico. Ni de descartarlo todo por conspiración. Se trata de un ejercicio elemental: cuando el cine muestra algo que después ocurre, vale la pena preguntarse si fue intuición, si fue arte o si fue ensayo general.
Capricornio Uno sigue siendo una película. Contagio sigue siendo una película. Pero las preguntas que plantean no son cinematográficas. El que avisa con tiempo, dicen, no traiciona. El problema es cuando el aviso está en la sala y nadie mira la pantalla.
Fuentes:
- Peter Hyams, declaraciones sobre Capricorn One (1977) — Foro Histórico COIT / Cualia.es
- Análisis de Capricornio Uno como síntoma cultural — Aula de Filosofía / Simulacra (2014)
- Contagio (Soderbergh, 2011): similitudes con COVID-19 — Contexto y Acción / Indiehoy / CNN en Español (2020)
- 2001: Odisea del espacio y sus predicciones tecnológicas — N Digital / Endesa Cultura (2025)
- Minority Report y vigilancia predictiva — Endesa Cultura / Peliplat (2025)
- Idiocracia y el ascenso de Trump — Espinof / Wikipedia / Misión Política
- No mires arriba: análisis político y metáforas — Diez Minutos / Diario Octubre / Panama Post (2022)
- Vínculos Hollywood-Pentágono: investigaciones publicadas (Parliament of Things / The Intercept)




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