


El arrecife que el mundo no sabía que Argentina tenía
VanelogaLo que se supo este año — y lo que lleva una década de trabajo
Biodiversidad de aguas profundas observada por el ROV SuBastian. (Foto cortesía del Schmidt Ocean Institute.)
El comunicado oficial del Schmidt Ocean Institute llegó en febrero de 2026 con una afirmación que pocos esperaban: el mar profundo argentino alberga una biodiversidad mucho mayor de lo que los científicos creían. La nota se replicó en medios de Chile, Perú, Venezuela, México. En España. En Argentina, generó un pico de orgullo en redes que duró el tiempo que dura cualquier tendencia — y luego se apagó.
Lo que no se apaga tan fácil es el hallazgo en sí. La expedición documentó el mayor arrecife conocido de coral Bathelia candida en todo el océano mundial, ambientes de filtraciones frías químicamente ricos, y 28 presuntas nuevas especies, incluyendo gusanos, corales, erizos de mar, caracoles y anémonas. Todo eso existe en el Atlántico Sur, frente a una costa argentina que la mayoría de los argentinos conoce de espaldas al mar, mirando hacia adentro del continente.
El arrecife tiene al menos 0,4 kilómetros cuadrados — la superficie del Vaticano — y sirve como refugio vital para peces, crustáceos y pulpos. Su relevancia radica en la capacidad de sustentar ecosistemas completos, siendo además un indicador de ambientes marinos vulnerables. No es decorativo ni anecdótico: es infraestructura ecológica. Los arrecifes de aguas frías actúan como hotspots de biodiversidad y juegan un rol importante en la captura de carbono. También ciclan nutrientes desde las profundidades hacia la superficie oceánica, lo que incide directamente en la producción pesquera. Dicho de otra forma: lo que pasa a 4.000 metros de profundidad tiene consecuencias directas sobre lo que los pescadores sacan en la costa.
La expedición que produjo estos resultados se llamó "Vida en los extremos". Zarpó el 14 de diciembre de 2025 desde el puerto de Buenos Aires, recorrió el Mar Argentino hasta la Cuenca de Malvinas y regresó a Puerto Madryn el 10 de enero de 2026 — la tercera y última campaña de la ciencia argentina a bordo del Falkor (too), el buque oceanográfico del Schmidt Ocean Institute.
Al frente del equipo estuvo la Dra. María Emilia Bravo, investigadora del CONICET en el IGeBA-UBA. Durante la expedición se realizaron 17 inmersiones del ROV SuBastian, que permitieron explorar el talud submarino durante un total de 211 horas y alcanzar profundidades cercanas a los 4.000 metros. Se tomaron muestras sobre ecología y taxonomía de invertebrados bentónicos, ecología del zooplancton, química marina, oceanografía física, geología y geofísica marina.
Pero "Vida en los extremos" no surgió de la nada. El equipo lleva más de una década estudiando la zona: esta campaña dio continuidad a las expediciones Talud Continental I, II y III, realizadas a bordo del Buque Oceanográfico Puerto Deseado del CONICET. En aquellas oportunidades las muestras se recogían con redes y rastras. Esta fue la primera vez que vieron el fondo marino en directo. La diferencia entre arrastrar una red y ver en tiempo real lo que hay abajo no es menor: cambia lo que se puede conocer, y cambia lo que se puede demostrar.
Los hallazgos de la expedición superaron lo proyectado en casi todos los puntos. También se localizaron arrecifes de Bathelia candida situados 600 kilómetros más al sur del límite geográfico conocido anteriormente. Los mapas estaban mal. O, más precisamente, los mapas eran lo mejor que había antes de que alguien bajara a mirar.
El equipo también halló un esqueleto de ballena en descomposición a casi 3.900 metros de profundidad. Los restos, esparcidos sobre el lecho marino, funcionan como sustrato y sostienen durante décadas comunidades enteras de invertebrados, bacterias y otros organismos especializados. Una ballena muerta se convierte, a esa profundidad, en una ciudad. La muerte como fundación de vida: así funciona el océano profundo.
Entre todo eso apareció también lo otro. A 2.640 metros de profundidad, el ROV SuBastian filmó un casete VHS parcialmente colonizado por una estrella de mar. Los científicos señalaron: "Parece que es un casete en VHS. Increíble que sigamos viendo este tipo de basura." Redes de pesca, bolsas plásticas, tecnología obsoleta de los noventa: todo llegó antes que los científicos. La expedición documentó además la presencia de microplásticos en los sedimentos y la interacción de estos contaminantes con los organismos de aguas profundas.
Una nota sobre quién pagó todo esto. El Schmidt Ocean Institute, fundado en 2009 por Eric y Wendy Schmidt, es una organización sin fines de lucro con sede en Palo Alto. Su misión es fomentar la investigación oceanográfica a través del desarrollo tecnológico, la colaboración científica global y el libre acceso a datos. No cobra por el uso del buque ni del ROV: selecciona proyectos mediante convocatorias abiertas. La ciencia argentina compitió en esa convocatoria y ganó. El equipo del CONICET presentó una propuesta, fue seleccionada entre múltiples propuestas globales, y la Cancillería argentina y el Consejo Federal Pesquero dieron el aval.
Los datos recolectados serán publicados en repositorios de acceso abierto como CONICET Digital, OBIS y GenBank. También se prevé la producción de materiales educativos gratuitos para escuelas, museos y clubes de ciencia. Cualquiera puede acceder. El conocimiento sobre el fondo del Mar Argentino no quedó encerrado en ningún laboratorio privado.
Lo que sí quedó, otra vez, es la pregunta de fondo. El CONICET y universidades públicas pusieron el conocimiento acumulado, los investigadores, los años de trabajo previo. Lo que no pusieron — porque no estaba disponible — fue el buque. La paradoja es conocida pero vale la pena nombrarla: uno de los descubrimientos oceánicos más importantes de la historia científica argentina fue posible gracias al financiamiento del ex CEO de Google. Los laboratorios en los que hoy se analizan las muestras, en cambio, funcionan con presupuestos que llevan años bajo presión.
El proceso de análisis y descripción de lo que se encontró llevará meses o incluso años. La ciencia del mar profundo no tiene urgencias mediáticas. Las noticias se viralizan; las especies tardan décadas en nombrarse. Mientras tanto, el arrecife más grande de su tipo en el mundo sigue ahí, a 4.000 metros, en aguas que son soberanas argentinas y que recién ahora empezamos a conocer.
https://www.conicet.gov.ar/finalizo-la-historica-campana-submarina-liderada-por-cientificos-del-conicet-que-emociono-a-millones-de-personas-a-traves-del-streaming/?utm_source=chatgpt.com
Fuentes
- Schmidt Ocean Institute — Comunicado oficial de resultados, febrero de 2026 (schmidtocean.org)
- Facultad de Ciencias Exactas y Naturales UBA — Notas institucionales sobre "Vida en los extremos" (exactas.uba.ar)
- CONICET — Notas oficiales sobre las expediciones Talud Continental IV y "Vida en los extremos"
- Infobae — Cobertura de la expedición, diciembre 2025, enero y febrero 2026
- National Geographic Latinoamérica — Perfil de la Dra. María Emilia Bravo, marzo de 2026
- La Nación — Entrevistas al equipo científico, agosto de 2025
- Perfil — "La expedición del CONICET desnuda la paradoja argentina", agosto de 2025
- El Diario AR — Cierre de la misión "Vida en los extremos", enero de 2026
- Cooperativa Ciencia (Chile) — Cobertura regional de los resultados, febrero de 2026
- Temple University / Owltopia — Participación de investigadores internacionales en los hallazgos, abril de 2026
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