


¿Y si el animal más inteligente del océano no tiene columna vertebral, pero sí memoria, astucia y hasta sentido del humor?
VanelogaLa inteligencia asombrosa de los pulpos: sus cerebros repartidos, su uso de herramientas, su forma de comunicarse sin palabras y los ejemplares que habitan las aguas argentinas.

Foto de Stock
No tienen esqueleto, ni cuerdas vocales, ni huesos que guarden la memoria. No emiten cantos lastimeros, ni aullidos de dolor, ni gritos de placer. Viven en silencio, camuflados entre rocas, enterrados bajo arena o flotando como fantasmas en las profundidades. Y sin embargo, los pulpos piensan. Tal vez no como nosotros, pero piensan. Y es muy posible que también recuerden.
No son peces. No son crustáceos. Son cefalópodos, un linaje con más de 300 millones de años. Antes de que un vertebrado asomara la cabeza fuera del agua, ellos ya dominaban los océanos. Hoy sobreviven adaptados, ocultos, con un sistema nervioso que no se parece al de ningún otro animal.
Un cerebro que no está donde creés
Los pulpos tienen unos 500 millones de neuronas, una cifra comparable a la de un perro. Pero la sorpresa no está en el número, sino en la distribución: solo un tercio está en el cerebro central. El resto se reparte en los ocho brazos. Cada uno de esos tentáculos puede explorar, saborear, decidir por su cuenta. ¿Un brazo siente hambre y otro no? Puede pasar. Por eso se los estudia como un caso único de inteligencia descentralizada: el cuerpo piensa, el cuerpo recuerda, el cuerpo actúa.
Además, los brazos tienen sensores químicos y táctiles que permiten reconocer texturas, temperaturas y sabores. Y no solo ejecutan órdenes: también envían información que modifica decisiones del cerebro central. Este ida y vuelta permanente convierte a cada pulpo en una especie de enjambre neuronal viviente.
Aprenden, recuerdan, manipulan
En cautiverio, los pulpos aprenden a abrir frascos, a escapar de acuarios, a distinguir formas y colores. En la naturaleza, usan conchas y piedras como herramientas, construyen refugios, cazan con astucia. Algunos hasta imitan a especies venenosas para intimidar enemigos. Tienen memoria de corto y largo plazo. Algunos individuos son más valientes, otros más cautos: hay quienes sostienen que tienen personalidad. Y aunque viven poco, no repiten siempre lo mismo: aprenden.
Se han documentado pulpos que abren candados, que eligen entre laberintos, que manipulan chorros de agua para desviar comida o molestar cuidadores. Otros almacenan materiales para usarlos más tarde. Algunos incluso muestran comportamientos que recuerdan al juego: manipulan objetos por puro estímulo, sin recompensa.
Camuflaje, comunicación y engaño
Cuando un pulpo cambia de color no solo se esconde. También habla. En las costas de Australia, se registraron enfrentamientos entre machos donde el que se pone oscuro amenaza, y el que palidece se rinde. El lenguaje es corporal y rápido: extensión de brazos, postura del manto, brillo de la piel. Un código visual complejo que podría cumplir funciones sociales.
Hay pulpos que imitan peces planos, serpientes marinas o medusas venenosas. No por instinto: por decisión táctica. Son actores. Pueden modificar la textura de su piel para parecer rocas, algas o arena. Este camuflaje activo no es automático: exige lectura del entorno, comparación y respuesta.
Pulpos en aguas argentinas
En las costas del Atlántico Sur hay tres especies principales: el pulpito tehuelche (Octopus tehuelchus), el pulpo colorado (Enteroctopus megalocyathus) y el recientemente documentado pulpo Dumbo (Grimpoteuthis spp.). Cada uno habita zonas y profundidades distintas, con hábitos y tamaños también muy diferentes.
Octopus tehuelchus — El pequeño estratega costero
Es una especie pequeña, endémica del sur de Brasil hasta el Golfo San Jorge. Vive cerca de la costa, en fondos rocosos y arenosos. No supera los 25 cm y rara vez llega a 200 gramos. Sin embargo, su vida es intensa: caza de noche, se esconde de día, reconoce grietas y cuevas. En cautiverio, ha demostrado alta capacidad de adaptación. Por eso es el elegido para experiencias de maricultura en centros como el INIDEP.
Este pulpo vive apenas 18 meses, pero madura rápido. Se lo estudia por su valor ecológico y como potencial recurso económico. Si bien aún no hay publicaciones específicas sobre su comportamiento cognitivo, comparte rasgos con otras especies más estudiadas. Su manejo exitoso en criaderos sugiere que puede aprender rutinas, adaptarse a cambios y responder a estímulos humanos.
Enteroctopus megalocyathus — El gigante patagónico
También llamado pulpo colorado o patagónico, puede llegar a pesar más de 7 kilos y medir más de un metro. Habita aguas más frías, desde el Golfo San Matías hasta el Canal Beagle. Vive en fondos rocosos, alimentándose de cangrejos, peces y moluscos. Es caníbal ocasional y muy territorial.
Tiene un gran desarrollo muscular, una piel rugosa y una fuerza notable. También muestra comportamientos complejos: protege su guarida, selecciona presas, y modifica su patrón de caza según el entorno. En zonas de buceo de la Patagonia se han observado interacciones curiosas entre humanos y estos animales: pulpos que investigan a los buzos, que se camuflan con precisión o que manipulan objetos del entorno.
Grimpoteuthis spp. — El pulpo Dumbo del abismo
Es un hallazgo reciente para la fauna argentina. En el Cañón Mar del Plata, a casi 3800 metros de profundidad, se registraron imágenes de un ejemplar de Grimpoteuthis, de cuerpo gelatinoso, color rosado y aletas dorsales que lo hacen parecer una caricatura. Nada con elegancia, agitando sus aletas como si fueran orejas.
Su comportamiento aún es un misterio. Pero la sola existencia de esta especie en aguas nacionales abre la puerta a explorar una dimensión de los pulpos poco conocida: la vida abisal. En ese entorno extremo, sin luz ni calor, se requiere una fisiología especial y quizás formas de percepción que apenas estamos empezando a intuir.
La pregunta difícil
¿Piensan? Sí. ¿Sienten? No lo sabemos. Pero todo indica que el sistema nervioso de los pulpos no está hecho para automatismos, sino para adaptarse, explorar, decidir. Por eso Reino Unido y la Unión Europea los incluyen entre los animales que deben ser protegidos en investigaciones. Su inteligencia no es una versión simplificada de la nuestra: es otra cosa. Algo que surgió en silencio, en las profundidades, sin vertebrados ni cerebros parecidos. En los últimos años, las nuevas investigaciones sobre pulpos están obligando a repensar conceptos como conciencia, percepción y dolor.
Algunos científicos proponen incluir a los cefalópodos en legislaciones de bienestar animal. Otros sostienen que su sistema nervioso exige una ética nueva. Porque si un ser sin esqueleto puede planear, recordar y manipular, tal vez haya más mente en el océano de lo que suponíamos.
Y ahora que sabés esto
Pensalo cuando veas ese plato humeante con papas y pimentón. No se trata de dejar de comer pulpo, ni de dictar normas morales. Se trata de saber. Y de asumir que, a veces, la naturaleza guarda secretos que todavía no aprendimos a respetar.
Fuentes consultadas
Investigaciones de The Journal of Experimental Biology
Artículos de Nature Neuroscience
Estudios del CONICET y el INIDEP
Publicaciones de la revista Science
Registros del Museo de Historia Natural de Londres
Expediciones marinas argentinas en el Cañón Mar del Plata
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