


Granada tembló a la 1:04 y el mundo entero viene temblando fuerte este 2026
VanelogaLa tierra no descansa: de Otura a Yumare, un año que multiplicó los grandes sismos

Foto: Un terremoto de 4,8 en Granada hace temblar Málaga, Córdoba, Jaén y Almería. https://www.elespanol.com/
Granada se despertó con las paredes agrietadas. A la 1:04 de la madrugada de este sábado, un terremoto de magnitud 5,2 sacudió el área metropolitana de la ciudad andaluza, con epicentro en Alhendín y una réplica de 2,6 minutos después en Gójar. El Instituto Geográfico Nacional español lo midió en magnitud 5; el Servicio Geológico de Estados Unidos lo llevó a 5,2 y ubicó el origen a apenas un kilómetro de Otura, a diez kilómetros de profundidad. Esa cifra —diez kilómetros— es la que explica por qué media Andalucía sintió el golpe como si el epicentro estuviera en la puerta de al lado.
No hubo heridos. Sí hubo desprendimientos, fachadas y tejados dañados, el desalojo preventivo de un edificio y más de ochenta llamadas al 112 en cuestión de minutos. La Junta de Andalucía activó la fase de emergencia del Plan ante el Riesgo Sísmico y mantiene el comité asesor en alerta por posibles réplicas. El terremoto se sintió en Granada y en otras diez provincias, incluida Madrid, y los geofísicos ya buscan antecedentes: el más parecido en la zona ocurrió en Armilla, en 1955, hace setenta y un años.
Lo curioso es que Granada no venía de un día común. Durante el viernes ya se habían registrado otros tres movimientos menores en la misma región, una secuencia que suele preceder o acompañar a un sismo de mayor intensidad y que ahora obliga a los técnicos del Instituto Andaluz de Geofísica a vigilar cada temblor posterior con más atención que de costumbre.
El de Granada llegó apenas unas horas después de otro evento que sí encendió alarmas de otra magnitud: un terremoto de 7,7 frente a la isla de Flores, Indonesia, con epicentro a 68 kilómetros de Ende y una profundidad igual de superficial, diez kilómetros. La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica indonesia llegó a emitir una alerta de tsunami de nivel 2 para cuatro regiones antes de desactivarla horas después. El sismo, seguido por al menos cuatro réplicas de entre 5,5 y 6,1, dejó hasta el momento un número de muertos que las agencias todavía no logran cerrar del todo: los primeros reportes hablaban de dos víctimas, después de veinte. La zona tiene memoria propia del desastre: en 1992, un terremoto de magnitud 7 en la misma isla generó un tsunami que mató a unas 2.500 personas.
Que España e Indonesia hayan temblado con pocas horas de diferencia no significa que un sismo haya empujado al otro. Las placas tectónicas no funcionan en cadena a esa escala; son sistemas independientes que acumulan tensión durante décadas y la liberan cuando les corresponde, no cuando conviene al calendario noticioso. Pero la coincidencia sirve para dimensionar algo real: 2026 lleva ya diez terremotos de magnitud 7 o superior registrados por el USGS, cuando el promedio histórico ronda los quince por año completo. Y recién estamos en agosto.
La lista arrancó el 22 de febrero en Malasia, con un 7,1 tan profundo —629 kilómetros— que no dejó víctimas. Seis días después le siguió Vanuatu, con 7,3 y también sin muertos. El patrón se repitió con Tonga, con Japón frente a Miyako, con México frente a Chiapas: sismos fuertes, focos alejados de la superficie o de las zonas pobladas, consecuencias mínimas. La geología también reparte suerte.
Después esa suerte se terminó. El 7 de junio, un 7,8 en Filipinas dejó más de cien muertos y casi mil trescientos heridos. El 24 de junio, Venezuela sufrió dos terremotos con apenas treinta y nueve segundos de diferencia —7,2 y 7,5— que dejaron 6.301 fallecidos según el último balance oficial, la tragedia sísmica más letal del año en el mundo. El 10 de agosto, Colombia sumó su propio capítulo con un 7,4 en Chocó que todavía sigue sumando muertos: los números oscilan entre 164 y 188 según la fuente y la hora del reporte, con más de 1.300 heridos y rescatistas trabajando contra el reloj en Cali, Pereira y Quibdó.
Argentina no es ajena a esta lógica de placas ni a sus consecuencias económicas. El país integra el cinturón sísmico andino, y cada catástrofe de esta magnitud reordena mercados de reaseguros, encarece la cobertura de riesgo país para toda la región y reactiva el debate sobre normas de construcción sismorresistente que en las provincias cuyanas —Mendoza, San Juan— siguen siendo motivo de discusión técnica pendiente. La solidaridad también corre: colectas para Venezuela y Colombia ya circulan en organizaciones argentinas de la colectividad, siguiendo el mismo circuito que se activó meses atrás.
Lo de Granada, comparado con Filipinas, Venezuela o Colombia, es un susto menor. Pero es también un recordatorio crudo de que la frontera entre un temblor que solo agrieta paredes y uno que sepulta ciudades a veces se mide en kilómetros de profundidad, no en décimas de magnitud. Ese margen tan fino es, en el fondo, lo que este año viene demostrando una y otra vez.
Fuentes: El Comercio Perú, El Tiempo (Colombia), Infobae, Semana, Noticias RCN, El Español, VolcanoDiscovery, BluRadio, El Financiero, La Jornada, TVN, Vanguardia.
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