El Niño llega con fuerza: qué esperan los organismos oficiales para lo que resta de 2026

Los modelos del Servicio Meteorológico Nacional y de la NOAA coinciden: la fase cálida del fenómeno se instaló y crecerá hasta convertirse en uno de los eventos más intensos de las últimas décadas. Cómo se pueden preparar el campo y la ciudad.
Actualidad02 de julio de 2026VanelogaVaneloga

De la sequía al agua: un cambio de ciclo que ya se siente

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En Santa Fe las napas subieron tanto que los técnicos de Protección Civil hablan de suelos con poca capacidad de absorción. En Formosa, quince estaciones de bombeo esperan turno para entrar en funcionamiento si el río crece. En el campo bonaerense, después de tres años de Niña y cosechas golpeadas por la sequía, los productores vuelven a mirar el cielo con otra expectativa.


Qué dicen los números oficiales

El último boletín del Servicio Meteorológico Nacional, con datos al 24 de junio, todavía ubicaba al fenómeno ENOS en fase neutral, aunque con una salvedad importante: los modelos dinámicos y estadísticos marcaban alrededor de un 90% de probabilidad de que se desarrolle una fase cálida durante el trimestre junio-julio-agosto de 2026. La NOAA, la agencia oceánica y atmosférica de Estados Unidos, ya no habla en potencial: mantiene activa una Advertencia de El Niño y prevé que el fenómeno se fortalezca hacia el invierno del hemisferio norte 2026-2027.

Un informe técnico climático que cruza datos de la NOAA detalla el número que más preocupa: la probabilidad de que El Niño se establezca entre mayo y julio de 2026 es del 82%, con persistencia estimada hasta el trimestre diciembre 2026-febrero 2027, cuando esa probabilidad trepa a niveles todavía mayores. El mismo informe anticipa que las anomalías de temperatura del mar en la región central del Pacífico podrían escalar hasta valores de entre 3 y 3,5 grados por encima de lo normal hacia octubre, un salto que marcaría un evento de intensidad alta.

¿Cuándo pega más fuerte?

Acá está el dato que más le importa a quien planifica una cosecha o un operativo de Defensa Civil: el acoplamiento real entre el océano y la atmósfera —el momento en que el fenómeno empieza a modificar las lluvias en Sudamérica de forma concreta— ocurre mayormente entre octubre y marzo en la región. Es decir, el invierno pasa relativamente tranquilo y el peso mayor del fenómeno llega con la primavera y el verano.

La propia NOAA calculó una probabilidad del 63% de que se trate de un evento muy fuerte entre noviembre y enero. Eso coincide con lo que documentó un observatorio académico conformado por especialistas de la Universidad Nacional del Nordeste y una universidad brasileña, que en base al cruce de tres centros de predicción climática internacionales concluyó que existe una probabilidad creciente de desarrollo del fenómeno a partir de mayo, con persistencia proyectada hasta fines de 2026.

Los especialistas argentinos, eso sí, piden cautela con la intensidad. El oceanógrafo Pedro Di Nezio explicó que los impactos reales dependen de que el evento llegue a ser fuerte o muy fuerte, algo que todavía no se puede pronosticar con precisión. En la misma línea, la meteoróloga del INTA Natalia Gattinoni aclaró que, según los pronósticos actuales, hay chances similares de que termine siendo moderado, fuerte o muy fuerte, dado el margen de incertidumbre que todavía tiene el sistema de pronóstico.


El campo: entre la revancha y el riesgo de exceso

Después de años marcados por la sequía, el ánimo en el sector agropecuario es de expectativa. Los antecedentes ayudan a entenderlo: las campañas 1997/98 y 2015/16, ambas bajo El Niño, estuvieron entre las mejores cosechas de la historia argentina gracias a la buena disponibilidad de agua en las etapas críticas de los cultivos.

Pero el director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, Pablo Mercuri, marcó un límite a ese optimismo: la cantidad de lluvia es tan importante como su distribución, y las precipitaciones excesivas durante la siembra o la cosecha pueden afectar la calidad del grano y generar pérdidas económicas. El organismo recomienda estrategias distintas según el terreno: en zonas bajas y deprimidas, evitar sembrar en sectores anegables y monitorear las napas; en las lomas y sectores bien drenados, en cambio, aprovechar al máximo el potencial productivo. El mayor riesgo estructural está en las grandes cuencas: el aumento de caudales en los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay podría generar crecidas que afecten tanto a la producción como a las poblaciones rurales.


La ciudad: protocolos que ya están en marcha

El Estado nacional no esperó a que el fenómeno se confirme del todo. Ya funciona una Mesa de Alerta Temprana y Preparación ante El Niño 2026, un espacio de coordinación entre el gobierno nacional y las provincias de la Cuenca del Plata, con participación de la Agencia Federal de Emergencias, los ministerios de Seguridad, Salud y Defensa, y las provincias de Misiones, Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.

En Santa Fe, donde las napas ya están en niveles críticos, se hicieron capacitaciones y simulacros de emergencia, y se relevaron cerca de cien localidades con riesgo hídrico para definir obras prioritarias. En Misiones, el foco está puesto en cuatro municipios sobre el curso de agua —El Soberbio, Alba Posse, Panambí y San Javier— donde se esperan las lluvias más intensas hacia octubre, con volúmenes que podrían duplicar la media histórica.

En la Ciudad de Buenos Aires, el protocolo que ya se probó en tormentas recientes da la pauta de lo que se viene reforzando: control de más de 30 mil rejillas pluviales, monitoreo de 32 pasos bajo nivel con sus sistemas de bombeo, y canales de aviso ciudadano como el 147 y la aplicación Boti para reportar anegamientos o árboles en riesgo.

Cómo prepararse, según los organismos oficiales

Para el sector agropecuario, el INTA recomienda evaluar el seguro agrícola multirriesgo para la campaña 2026/27 y seguir de cerca los informes agroclimáticos propios y de la Bolsa de Comercio de Rosario. Para las zonas urbanas, el patrón que se repite en los protocolos provinciales es siempre el mismo: limpieza de desagües y canaletas antes de que arranque la temporada de lluvias fuertes, identificación temprana de las zonas bajas, y seguimiento constante del Sistema de Alerta Temprana del SMN.

El fenómeno todavía tiene varios meses para definir su forma final. Lo que ya no está en discusión es que llegó, y que la diferencia entre atravesarlo bien o mal se juega ahora, en la planificación, no cuando el agua ya esté en la calle.

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