
Mirar con otros filtros, contar otras cosas y sostener un espacio propio no es una locura. Es una decisión.


Argentina en el epicentro de un cambio cósmico: fin de ciclo, colapso de estructuras y la posibilidad de una transformación profunda.
Notas de Autor11 de junio de 2025
Vaneloga
Argentina ha sido siempre un laboratorio espiritual, una tierra de pruebas y despertares. Lo dijeron desde Parravicini hasta Sri Aurobindo. Tierra de pasiones intensas, de colapsos estruendosos y renacimientos místicos. Este es un país donde lo imposible es cotidiano y lo mágico se cuela entre los caños rotos de la realidad.
Estamos, sin duda, en el final de un ciclo. Los signos son demasiado evidentes para negarlos. El sistema se deshace, las estructuras tambalean, la mentira se vuelve insostenible. Y lo que está cayendo no es sólo un modelo económico : está cayendo una forma entera de habitar el mundo. "No se pone vino nuevo en odres viejos", dijo Jesús en el Evangelio de Marcos (2:22). Y sin embargo, insistimos en reciclar la ruina, en maquillar el derrumbe.
El agotamiento es colectivo. Estamos hartos, pero no resignados. Hay una intuición ancestral que dice que lo nuevo está cerca, que lo que viene es distinto. Los mayas hablaban de eras, los hindúes de yugas, los astrólogos de la Era de Acuario. Todos coinciden en algo: hay un portal abierto, una energía que nos empuja a mutar o morir. Eckhart Tolle lo llama "el despertar de la conciencia"; David Spangler habla del "fin de la historia lineal"; y en el Apocalipsis de Juan se lee: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas" (Apocalipsis 21:5).
Quizás por eso vemos tanto caos, porque está aflorando todo lo que ya no puede sostenerse. Como si el alma de la civilización se estuviera purgando de siglos de olvido. En este escenario, Argentina aparece otra vez como escenario simbólico. Una tierra donde lo sagrado y lo profano conviven en la misma esquina. Donde un piquete puede ser misa y una mateada, meditación.
Las profecías que giran alrededor de este suelo hablan de un renacer. De una misión continental. De un liderazgo espiritual que, lejos del poder tradicional, brotará desde la conciencia. Tal vez no estemos destinados a liderar con ejércitos ni con mercados, sino con visiones. Con esa capacidad tan nuestra de sentir el abismo y convertirlo en arte, en rebeldía, en tango.
El próximo capítulo está por escribirse. La hoja está ahí, en blanco. El reto es llegar a verla, vivos . Y para eso, hay que soltar. Soltar todo lo que creemos que somos. Dejar de sostener lo insostenible. Respirar hondo y saltar al vacío. Porque el cambio ya está acá. No es promesa, es realidad.
¿Dónde nos encontrará este nuevo mundo? ¿En qué plano de existencia? Nadie lo sabe. Pero si algo nos ha enseñado esta tierra, es que incluso en la peor de las tormentas, hay siempre una llama que no se apaga. Tal vez sea esa llama la que está destinada a iluminar el camino en este fin del mundo, este reset, este fin de ciclo cósmico. O este principio.
No hay otra página si no es desde la revolución del amor. Una revolución que no van a poder llevar adelante quienes están inmersos en la codicia y el deseo. Amor es la única consigna que puede ser válida. Pero amar con las luces y las sombras. Amar en lo denso, en lo roto, en lo que duele. Eso es lo que realmente va a hacer la diferencia. Porque sin amor total, este fin del mundo será sólo una repetición del mismo infierno.
De ese amor que abraza tanto la luz como la sombra, podría nacer el verdadero principio.
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Mirar con otros filtros, contar otras cosas y sostener un espacio propio no es una locura. Es una decisión.

Estas fiestas invitan a una pausa. “El ayer es historia, el mañana es un misterio; el hoy es un regalo, por eso le dicen presente ”. La frase persiste porque nombra algo definitivo: hay instantes que no se reemplazan. O se viven, o se pierden. Que la noche encuentre mesas abiertas, gestos sinceros y tiempo compartido. Te dejo para la playlist: Himno de Mi Corazón — Andrés Calamaro, Cachorro López y Melingo.

Desilusionarse y dejar de esperar es un desplazamiento interior. Emerge una lucidez más rigurosa: la capacidad de mirar la realidad tal cual es y asumirla sin el sostén de promesas ajenas.

En gran parte del país, cuando llega diciembre y cae la noche, el aire cambia. Hay un perfume blanco, profundo, inconfundible, que se cuela por las ventanas abiertas y se mezcla con la sobremesa. Ese aroma tiene nombre y apellido: Gardenia jasminoides. Y te dejo La Sonora Santanera - Dos Gardenias ft. Diego El Cigala

La alcaparra es un botón floral recolectado antes de abrir: un gesto mínimo con impacto enorme. En Argentina ya hay proyectos productivos concretos —Patagonia, Buenos Aires, NOA y Santiago del Estero— y, en paralelo, la cocina curiosa explora “alcaparras alternativas” con pimpollos de diente de león, capuchina y otros brotes, siempre con criterio, cuidado y buen curado.

Mirar con otros filtros, contar otras cosas y sostener un espacio propio no es una locura. Es una decisión.

Enero concentra la mayor expresión cultural del país. Plazas, escenarios abiertos, ríos, cerros y teatros sostienen una agenda intensa de música, danza y fiestas populares que forman parte de la identidad de cada región.

Dos menús, una sola misión: comer rico, sin fundirse y sin perder la alegría. Recetas fáciles, rendidoras y con ese gustito familiar. A falta de una, te dejamos dos ideas para que el cierre del año te encuentre con algo sabroso en el plato... ¡Y sí, está la receta de la ensalada Waldorf! Que capaz ni te acordabas de que existía.

La provincia de Buenos Aires declaró Monumento Natural a la mariposa Bandera Argentina. La norma protege a la especie, pero sobre todo fija resguardo legal sobre uno de los ecosistemas más degradados y persistentes del territorio bonaerense.

