
Mirar con otros filtros, contar otras cosas y sostener un espacio propio no es una locura. Es una decisión.


En los últimos años, el sector agropecuario argentino se enfrenta a un nuevo desafío: reducir su huella de carbono para cumplir con las exigencias de mercados internacionales, especialmente el europeo. Pero, ¿qué implica esta reducción de carbono y hasta dónde está dispuesto a llegar el campo argentino para adaptarse?
Notas de Autor16 de octubre de 2024
Sería ideal que el campo argentino se transforme en un sector consciente de su propia naturaleza, guiado por un interés intrínseco y necesario de proteger su entorno, más allá de las exigencias de agendas políticas o comerciales. Lograr una producción sin daño y sostenible no solo representa cumplir con exigencias externas, sino también un compromiso con la tierra y las generaciones futuras. Si el campo argentino alcanza esta meta, será un gran éxito de lo que podría considerarse una nueva etapa para el planeta, una era donde la producción y la conservación coexisten en equilibrio.
¿Qué significa reducir la huella de carbono?
La huella de carbono es la cantidad total de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), emitidos directa o indirectamente por una actividad a lo largo de su ciclo de vida. En el campo argentino, reducir esta huella implica implementar prácticas agrícolas sostenibles que minimicen las emisiones de CO2 y otros gases, como el metano.
Para cumplir con los requerimientos de exportación de mercados como el europeo, que demandan productos sostenibles, el campo argentino adopta medidas como el uso de energías renovables, rotación de cultivos, reducción de fertilizantes químicos y tecnologías de precisión que optimizan los recursos naturales.
¿Hasta dónde llega el campo argentino en su esfuerzo por alcanzar el carbono cero?
Aunque muchos productores están tomando conciencia de la importancia de reducir su impacto ambiental, la transición hacia una agricultura carbono cero no es sencilla. Alcanzar este objetivo requiere cambiar prácticas, inversión en tecnología y educación.
Algunos productores ya están adoptando prácticas regenerativas, como la siembra directa, que contribuyen a la captura de carbono en el suelo, o el uso de bioinsumos que buscan reducir la dependencia de agroquímicos. Sin embargo, aún no se conocen con certeza los efectos secundarios a largo plazo de estos bioinsumos, y cabe señalar que el 90% de las empresas que los fabrican o importan son extranjeras.
La adopción de estas prácticas también varía según el tamaño del productor, su acceso a financiamiento y el conocimiento que recibe, muchas veces proporcionado por las mismas empresas que fabrican los productos. Sin embargo, esto plantea dudas sobre hasta qué punto el interés de estas empresas en promover la sustentabilidad y el cuidado del medio ambiente es realmente genuino, o si su principal objetivo es simplemente posicionar sus productos en el mercado.
¿Es posible para el productor argentino alcanzar el carbono cero?
Lograr un balance de carbono cero, donde las emisiones generadas sean compensadas por las capturadas, es un reto significativo. Con un enfoque agresivo y continuo, el campo argentino podría ver resultados en un plazo de 10 a 15 años. Esto requiere coordinación entre el sector privado, el gobierno y organizaciones internacionales para proporcionar apoyo financiero, técnico y educativo a los productores.
El campo argentino está en una fase de transición. Aunque hay avances en prácticas sostenibles, queda mucho por hacer para alcanzar el nivel de carbono cero. A medida que crece la presión internacional y las oportunidades para productos sostenibles, es probable que el sector acelere su transformación.
¿Qué parte del campo está interesada en esto?
El sector agrícola está mostrando un creciente interés en alcanzar el carbono cero por varias razones, destacando las siguientes áreas:
Agricultura regenerativa: Esta técnica agrícola tiene como objetivo restaurar los suelos y aumentar su capacidad para capturar carbono atmosférico. Los productores interesados en estas prácticas están comprometidos en reducir el uso de insumos químicos y promover la biodiversidad. Al mejorar la salud del suelo, se incrementa su capacidad para actuar como un sumidero de carbono.
Ganadería sostenible: Los ganaderos que se centran en prácticas de manejo sustentable buscan reducir las emisiones de metano provenientes del ganado. Estos sistemas incluyen pastoreo rotativo, alimentación mejorada y la restauración de ecosistemas de pastizales, todos enfocados en reducir la huella de carbono.
Tecnologías en fertilizantes y plaguicidas: Empresas y productores están interesados en tecnologías que minimicen el uso de insumos que producen grandes emisiones de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, el uso de biofertilizantes y biopesticidas se está popularizando por su menor impacto ambiental.
Energías renovables en el campo: Muchos productores están invirtiendo en fuentes de energía renovable, como paneles solares o turbinas eólicas, para reducir su dependencia de combustibles fósiles. Esto es especialmente relevante en regiones donde los costos energéticos son altos o donde la infraestructura energética no es fiable.
Certificaciones y mercados verdes: Los productores que buscan certificaciones como la de "carbono neutral" están alineados con las demandas del mercado, ya que los consumidores cada vez valoran más los productos agrícolas que tienen un bajo impacto ambiental. Además, algunos sectores buscan acceder a los mercados de bonos de carbono, donde pueden comercializar créditos obtenidos por prácticas que capturen o reduzcan emisiones.
Fuentes:
FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura):
IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático)
Regenerative Agriculture Alliance
WWF (World Wildlife Fund)

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