


Cómo se sostiene una familia durante un mes: guía práctica
VanelogaUn intercambio de soluciones para quienes aplicamos toda nuestra capacidad creativa en generar nuestro sustento
Foto: foto de Stock intervenida con IA
Hacia el 18, en miles de cocinas, empieza la misma cuenta. Cuánto queda, qué vence, qué se puede postergar, a quién se le puede pedir. El día 20 funciona como una frontera: dos de cada tres argentinos se quedan sin ingresos a más tardar ese día. Entre los menores de 40 son el 72%. En la clase baja, el 83,3%, y apenas el 0,9% logra ahorrar algo.
Llegar a fin de mes nació con el recibo de sueldo. Había un día de cobro y un día en que la plata se acababa, y entre uno y otro se medía la vida. Esa referencia se corrió. Los asalariados son hoy el 70,5% de los ocupados, el nivel más bajo de la serie que se lleva desde 2016, igual al de la pandemia. El trabajo por cuenta propia ya alcanza al 25,5% y la informalidad al 45%. Para uno de cada cuatro ocupados no hay recibo ni fecha fija: hay ventas que entran cuando entran. El fin de mes, para ellos, es una expresión prestada.
Esta guía junta lo que se sabe sobre cómo se sostiene ese día a día. Funciona como un intercambio. Cada una de estas salidas la inventó alguien que no tenía otra. Si tenés una que a vos te funciona, contala.
1. Trabajar por cuenta propia, con menos
En un año, el empleo informal sumó 348.000 personas y el registrado perdió 83.000. El ingreso promedio de un cuentapropista informal ronda los $581.000 por mes; el de un asalariado registrado, $1.183.000. Y quienes dejaron un empleo en blanco para trabajar por su cuenta perdieron, en promedio, el 27,8% de sus ingresos reales. El Gobierno sostiene que parte de ese cambio fue una decisión propia. Las cifras muestran, de todos modos, otra cosa.
2. La tarjeta, el pago mínimo y el préstamo rápido
Siete de cada diez hogares tienen algún compromiso de pago pendiente, y el 57% arrastra cuotas de tarjeta. Entre quienes se endeudaron para cubrir gastos, el 41% recurrió al pago mínimo, el 40% a préstamos de bancos o financieras y el 37% a la ayuda de familiares o conocidos. Casi el 60% tomó alguna deuda en los últimos seis meses, y el 76% de ellos la usó para comida, salud, tarifas y servicios. Solo el 10,7% compró bienes durables. Sin vueltas: la tarjeta dejó de financiar gustos y pasó a financiar la heladera.
Y cuando llega el atraso, la tarjeta se apaga. Los clientes en mora pierden el límite y, en muchos casos, el plástico queda suspendido. Los bancos también recortan el de quienes pagan el mínimo varias veces seguidas o deben en otra entidad. Los préstamos con tarjeta al sector privado pasaron de $26 billones a fines de junio a $23 billones poco después. Quien más necesita ese recurso es el primero en perderlo: solo los mejores clientes reciben ofertas y más límite. Los bancos pasaron de ampliar el crédito, entre marzo de 2024 y noviembre de 2025, a cerrarlo, con la mora de las familias en 12,7% en mayo, casi cinco veces la de octubre de 2024, y la de las tarjetas en 13,1%.
Mientras tanto, las tasas siguen altas. El Banco Central fijó para septiembre un techo de 66,44% anual para el refinanciamiento de saldos, pero ese límite alcanza a las tarjetas emitidas por empresas no financieras, no a las de los bancos. Quedarse sin tarjeta es quedarse sin el último colchón, y cada atraso suma presión: llamados de cobranza, recargos y angustia. Tres empresas fueron condenadas por reclamar una deuda ya pagada y hostigar a familiares. Hay salidas, y conviene buscarlas antes de que el atraso se alargue: el Banco Nación ofrece refinanciar saldos de tarjeta de hasta $10 millones, en hasta 60 meses y con una TNA de 35%, a clientes con hasta 90 días de atraso.
3. Deuda para pagar deuda
Cuando la deuda se usa para vivir, tarde o temprano hay que pedir otra para pagar la anterior: el 14% de quienes se endeudaron lo hizo para cancelar deudas previas. La mora de las familias en el sistema bancario llegó al 12,8% en agosto, casi el doble que un año atrás; en préstamos personales trepa al 17%. En abril, el pago de deudas se llevaba el 24,1% de la masa salarial. Salir cuesta: solo el 2% de quienes no podían pagar consiguió un plan de refinanciación con un banco. Los más jóvenes cargan con la peor parte, porque el 36,5% de las personas en mora tiene menos de 35 años.
4. Pedirle a quien te quiere
El préstamo más usado no figura en ningún banco. Un tercio de los argentinos pidió plata a amigos o familiares, y en los hogares de menores ingresos fue casi la mitad (49%). Entre las deudas que se acumulan fuera de los bancos, el 18,6% son préstamos de familiares o amigos. Es un sostén que funciona. También es una deuda, y de las que se sienten distinto.
5. Vender lo que costó tanto
Hay un paso más doloroso. Entre quienes se endeudaron, uno de cada cuatro (24%) vendió bienes o pertenencias para conseguir plata. En una encuesta de marzo, el 42% había usado sus ahorros, el 7% se mudó a una vivienda más barata, el 6% vendió un vehículo y el 4% una propiedad; en los sectores de mayores ingresos, esos porcentajes de venta de vehículos y propiedades subían al 10% y al 15%. Ya en 2024, las casas de compra de oro mostraban filas de gente que cambiaba las joyas de la abuela por pesos. Un auto, un departamento, una cadenita: cosas que se juntaron en años y se venden en semanas.
6. Volver a vivir juntos
La casa se estira. Un estudio de la UADE midió que el 44% de los jóvenes sigue viviendo con su madre o su padre, y el INDEC registra casi dos millones de personas de entre 25 y 35 años que viven con sus padres o abuelos. Independizarse exige una canasta de $1.321.651 por mes, y quienes siguen en la casa familiar ganan entre $600.000 y $750.000. Uno de cada siete volvió después de haberse ido.
Del otro lado, casi la mitad de los inquilinos destina la mitad o más de sus ingresos al alquiler, y uno de cada cinco tuvo que mudarse por no poder pagarlo. Hay además unos 360.000 jubilados que alquilan. No existe una cifra oficial que cuente cuántos tíos, sobrinos y nietos volvieron a compartir mesa, pero los estudios coinciden en el rasgo principal: el 84% de las familias que comparten vivienda pertenece a los sectores más bajos.
7. Dos trabajos, tres changas
Cuando un trabajo no alcanza, se suma otro. El pluriempleo pasó del 8,8% de los ocupados en 2016 al 12,2% a fines de 2025: unos 1,6 millones de personas, con mayoría de mujeres. Las plataformas de reparto y transporte crecieron entre 25% y 30% en trabajadores en un año. Un repartidor de Rappi promedia $188.788 por mes, según la propia empresa, y un conductor de Cabify que maneja 60 horas semanales llega a unos $800.000. Para unos es un ingreso extra. Para otros es el único.
8. Achicar el carrito
El 68% resignó algún servicio o actividad habitual, el 56% dejó de comprar primeras marcas y el 13% recortó la prepaga. Se compra menos y más cerca: el consumo masivo cayó 3,7% en el segundo trimestre, el autoservicio de barrio creció 7,8% en volumen y los hipermercados y supermercados cayeron 12,7%. Las segundas marcas pueden costar hasta 50% menos que las líderes. La carne vacuna acumula 14 meses de caída, y el cerdo gana lugar en la mesa.
9. Dejar de pagar
Cuando nada alcanza, algo queda sin pagar. El 54% de los argentinos dice haberse atrasado en algún pago por motivos económicos, y en los sectores de menores ingresos la cifra sube al 72%. Los servicios públicos encabezan la lista (46%), seguidos por las tarjetas (36%) y los préstamos personales (33%). En el Congreso se analizan unos 50 proyectos vinculados con las personas deudoras.
10. Gastar menos sin comer peor
Lo que más se repite es comprar entre varios. Las compras comunitarias, en las que familias del mismo grado o vecinos juntan pedidos y compran por bulto, ganaron lugar: en mayoristas, un pack de aceite o un fardo de arroz o fideos puede costar entre 10% y 25% menos por unidad que en un supermercado, y en los útiles escolares el ahorro de comprar por bulto en Once llegó a 40%. Otras prácticas que circulan: mirar el precio por kilo o por litro, porque el pack grande no siempre conviene; elegir marcas propias, que suelen costar entre 20% y 40% menos que las líderes; y planificar el menú de la semana para no comprar de más ni tirar comida.
11. Intercambiar en vez de comprar
El trueque volvió, con otra cara. Miles de personas se juntan en grupos de Facebook y chats de WhatsApp para intercambiar ropa, muebles, artículos del hogar y hasta servicios, sin plata de por medio. Los grupos que funcionan tienen reglas claras: por ejemplo, no ofrecer comida casera sin aclarar cómo se elaboró y no intercambiar medicamentos. Reutilizar antes que comprar nuevo ya es una decisión de presupuesto.
12. La familia como red: lo que se comparte además de plata
Una familia que convive puede ahorrar mucho si organiza lo que comparte. Algunas ideas para quienes viven bajo el mismo techo o a pocas cuadras: una sola conexión de internet y un solo abono de streaming para varios, una olla grande en lugar de tres chicas, turnos de cuidado de los chicos entre abuelos, tíos y vecinos, y ropa y útiles que pasan de primo en primo. Si se comparte la casa, conviene acordar cuánto pone cada uno y qué se hace cuando alguien no llega: lo que se habla a tiempo cuida el vínculo. Y vale recordar que quien presta, o quien da refugio, también está dando una parte de lo suyo.
Quién paga la cuenta
Los números describen lo que el refrán resume: paga más quien menos margen tiene. En la clase baja, más del 85% de quienes se endeudaron lo hicieron para comer, curarse o pagar servicios. En la clase alta, la deuda se reparte con bienes durables. El 87,6% de la clase baja agota sus ingresos antes del día 20; en la clase alta, el 7,3%. Y aunque la inflación bajó, el 81,2% considera que su sueldo no le gana a los precios. En agosto, la preocupación por los ingresos y los salarios (50,1%) y por la incertidumbre económica (49,8%) pasó por delante de la corrupción; la inflación quedó última, con el 12,7%.
Para tener a mano antes del próximo paso
Las tasas de las billeteras virtuales y las financieras suelen duplicar las de los bancos. Pagar el mínimo de la tarjeta alivia el mes y encarece el siguiente. Algunos bancos ofrecen unificar deudas con más plazo y menor tasa cuando las cuotas se llevan la mitad del ingreso, y lo hacen caso por caso: conviene preguntar antes de atrasarse, porque ya en mora las opciones se achican.
Para saber en qué situación estás, el Banco Central tiene una consulta gratuita: la Central de Deudores. Con tu CUIT, CUIL o CDI muestra las deudas que bancos, tarjetas, financieras y plataformas de crédito informaron a tu nombre, la situación de cada una (de 1, normal, a 5, irrecuperable) y los cheques rechazados.
Se actualiza una vez por mes y guarda los últimos 24 meses. Figurar en la lista no significa estar en mora, porque también se informan los créditos al día. Y si aparece algo que no reconocés, se puede pedir que lo corrijan. El enlace es https://www.bcra.gob.ar/BCRAyVos/Situacion_Crediticia.asp
(Esta información es orientativa. Para decisiones concretas sobre tu situación, consultá con el banco, un contador o un servicio de defensa del consumidor)
Llegar a fin de mes fue durante décadas una frase de asalariados. Hoy la dicen también la monotributista, el que vende por Instagram, la que reparte en bicicleta. La expresión quedó.
A este tema le tenemos el pulso tomado. Los argentinos tenemos un máster en salir adelante: inventamos, estiramos, compartimos, pedimos, devolvemos. Eso no nos asusta. Lo que duele es la indiferencia y la falta de reconocimiento de quienes administran el país de turno, que miran los números sin ver las cocinas. Pero seguimos, como siempre. Tal vez algún día nos demos cuenta de que esos pequeños grupos que conducen por un tiempo " no somos todos" , y de que somos muchos más y de que podemos hacer mucho si encontramos nuestro punto en común.
Mientras tanto, si el 20 te agarra sin plata, no estás solo.
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