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title: "¿De qué está hecho tu mate? Calabaza, madera, vidrio, metal y otros secretos que pueden cambiar su sabor"
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description: "De la calabaza del abuelo al acero inoxidable, pasando por las maderas aromáticas, el vidrio, la cerámica y el bambú. Cada material tiene su personalidad, sus cuidados y una relación particular con la yerba. También existen viejas costumbres de curado que incluyen azúcar, brasas, whisky y coñac. ¿Cuánto hay de tradición y cuánto influye realmente en el sabor?"
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date_published: "2026-10-21T13:17:00-03:00"
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  - "calabaza"
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category_description: "Explorá el mundo desde una perspectiva argentina, conectándote con cada producción nacional y cada emprendimiento que impulsa el crecimiento de nuestra Nación."
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# ¿De qué está hecho tu mate? Calabaza, madera, vidrio, metal y otros secretos que pueden cambiar su sabor

## El maravilloso universo del mate: elegir uno parece sencillo, hasta que descubrimos todas las variedades que existen.  
  
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Hay personas que pueden cambiar de auto, de casa y hasta de provincia, pero siguen tomando mate en el mismo recipiente**desde hace veinte años.** Un mate oscuro, gastado, con alguna marca que nadie se atreve a reparar porque, según su dueño, así ceba mejor.

**En el otro extremo están quienes estrenan mate cada vez que encuentran uno distinto.**De vidrio, de acero, de madera, de cerámica. Grande, chico, con tapa, con pie, con una virola que parece una joya de familia. Y, por supuesto, están quienes lo compraron porque combinaba con el termo. El asunto merece cierta atención. **El material del recipiente puede influir en la experiencia de tomar mate**, especialmente cuando tiene un interior poroso capaz de absorber humedad, conservar aromas y modificar sus características con el uso.

También intervienen la forma, el tamaño, la cantidad de yerba, la temperatura del agua, la bombilla y hasta el tiempo que dejamos pasar entre cebada y cebada.

La industria ofrece cada vez más alternativas, mientras los artesanos mantienen técnicas y diseños transmitidos durante generaciones. Así, un objeto cotidiano se convierte en una pequeña muestra de nuestra cultura material: calabazas transformadas en recipientes, maderas torneadas, metales trabajados, cerámicas esmaltadas y materiales industriales.

La pregunta aparece inevitablemente cuando tenemos varios sobre la mesa: ¿se siente diferente una misma yerba en un mate de madera, de vidrio o de calabaza?

La respuesta merece recorrerlos uno por uno.  
  
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**El mate de calabaza: el clásico que va adquiriendo personalidad**  
  
La calabaza, también llamada porongo, ocupa un lugar especial en la tradición del mate. Se utiliza seca y ahuecada, después de retirar sus semillas y parte del tejido interior.

Su principal característica es la **porosidad**. Con el uso, absorbe humedad y compuestos de la yerba, cambia de color y puede conservar ciertos aromas. Por eso, un mate nuevo puede ofrecer una experiencia diferente a la de uno utilizado durante años.

La calabaza requiere cuidados: retirar la yerba después de cada uso, limpiarla y dejarla secar correctamente para evitar la aparición de hongos.

Ese mate que pasó de generación en generación seguramente tuvo detrás a alguien que lo cuidó con especial dedicación.

**Las formas de calabaza**

Existen mates criollos pequeños, porongos grandes, modelos achatados conocidos como **galleta**, además de torpedos, camioneros e imperiales.

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Cada forma influye en la manera de cebar.**Una boca amplia facilita distribuir la yerba, mientras que una más cerrada ayuda a mantenerla contenida.** El tamaño también determina la cantidad de yerba y la duración de la ronda.

La elección depende de las preferencias de cada cebador y de una costumbre que, muchas veces, lleva años perfeccionar.  
  
**Los mates de madera: algarrobo, palo santo, caldén y otras variedades**

La madera tiene otro atractivo: además de ser agradable al tacto, posee color, textura, vetas y, en algunos casos, un aroma propio.

Entre las maderas utilizadas para fabricar mates se encuentran el algarrobo, el palo santo, el caldén, el ñandubay y distintas maderas duras. También se comercializan modelos de quebracho, aunque el nombre por sí solo no alcanza para conocer la especie exacta ni su tratamiento.

Cada madera presenta diferencias de densidad, porosidad y composición. Esas características influyen en su comportamiento frente al agua caliente y en la posible transferencia de aromas.

**Algarrobo: el compañero de todos los días**

El algarrobo se utiliza ampliamente en artesanías argentinas. Sus tonos cálidos y sus vetas lo convierten en un material muy apreciado para mates torneados.

Puede aportar una percepción ligeramente amaderada, especialmente al principio, aunque esa característica depende de la pieza y de cómo fue tratada.

Conviene utilizar madera bien estacionada, correctamente trabajada y apta para contacto con alimentos.

**Palo santo: una madera con aroma propio**

El palo santo es conocido por su aroma característico. En un mate, esa cualidad puede resultar perceptible, sobre todo durante los primeros usos.

Algunas personas valoran ese perfume porque acompaña el sabor de la yerba. Otras prefieren que el recipiente intervenga lo menos posible.

Los mates de palo santo también requieren atención frente a los cambios de humedad y temperatura, que pueden favorecer la aparición de grietas.

Es importante consultar el origen de la madera y su identificación botánica, porque distintas especies reciben comercialmente el nombre de palo santo.

**Caldén, ñandubay y quebracho**

Son otras maderas vinculadas con la producción artesanal y con distintas regiones argentinas.

El caldén está especialmente relacionado con el paisaje pampeano. El ñandubay y el quebracho forman parte de la tradición maderera del norte y el Litoral.

Su dureza puede ofrecer resistencia, pero eso no garantiza que cualquier pieza tolere correctamente el contacto repetido con agua caliente. Importan el estacionamiento, la fabricación y los tratamientos aplicados.

Un dato para tener presente: barnices, tinturas, adhesivos y selladores deben ser aptos para uso alimentario y para las temperaturas a las que estará expuesto el interior del recipiente. Que una madera sea natural no significa que cualquier terminación resulte adecuada.

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**El mate de vidrio: práctico, fácil de limpiar y sin curado**

El vidrio tiene una gran ventaja: **no necesita curado**. Se compra, se lava y está listo para usar. Al ser un material poco poroso, no absorbe los sabores de la yerba ni suele aportar aromas propios, lo que permite apreciar mejor las características de cada variedad.

También es fácil de limpiar y se presenta en distintos diseños: transparentes, de colores y con revestimientos de cuero o cuerina que, además de decorar, ayudan a proteger las manos del calor, ya que el vidrio común puede calentarse bastante durante el cebado.

Su principal desventaja es la fragilidad. Puede romperse con los golpes o los cambios bruscos de temperatura, por lo que conviene elegir modelos aptos para bebidas calientes.  
  
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**Acero inoxidable: el mate que pide poco y acompaña mucho**  
  
El acero inoxidable se convirtió en una opción habitual para quienes necesitan practicidad. Su interior liso facilita la limpieza, no requiere curado y, cuando es de calidad alimentaria, presenta buena resistencia a la corrosión.

Los modelos de doble pared pueden conservar la temperatura durante más tiempo y evitar que el exterior se caliente excesivamente. En cuanto al sabor, suele resultar bastante neutro.

Pero hay un detalle interesante: si el mate mantiene el agua caliente durante más tiempo, también puede modificar la experiencia de cebado. No porque el metal le agregue un gusto particular, sino porque la temperatura influye en la extracción de los componentes de la yerba.

Existen versiones pequeñas para escritorio, modelos térmicos, mates con tapa y diseños que recuerdan las formas tradicionales. Para quien toma mate mientras trabaja, viaja o se mueve continuamente, el acero tiene argumentos difíciles de discutir.

Sobre todo cuando aparece ese momento en que dejamos el mate sobre el escritorio y nos acordamos de él dos reuniones después.  
  
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**Cerámica y porcelana: una elección que también tiene historia**  
Los mates de cerámica y porcelana aportan otra relación con el objeto: permiten una enorme variedad de formas, colores, esmaltes y terminaciones. Cuando el interior está correctamente esmaltado y es apto para alimentos, prácticamente no absorbe los aromas de la yerba.

**Se limpia con facilidad y no necesita curado.**

La principal precaución está en la calidad de fabricación. Los esmaltes deben cumplir condiciones de seguridad para contacto alimentario, especialmente frente a bebidas calientes. También conviene evitar piezas con grietas o esmaltes deteriorados. Un mate de cerámica puede ser una pequeña obra de artesanía. Y algunos tienen tanto diseño que uno duda si cebarles o ponerles flores.  
  
**Bambú y caña: materiales que merecen distinguirse**  
El bambú introduce una particularidad: existen recipientes fabricados con segmentos naturales de caña y otros que se venden como productos de bambú, pero están compuestos por fibras vegetales mezcladas con resinas o plásticos.

La diferencia importa: Los recipientes artesanales de caña o bambú natural pueden presentar porosidad, requerir mantenimiento y modificar su superficie con el uso. Es indispensable que estén preparados para contener líquidos calientes y que sus tratamientos sean aptos para alimentos.

En cambio, ciertos artículos elaborados con polvo de bambú y resinas de melamina fueron objeto de advertencias de seguridad alimentaria en Europa, debido a posibles migraciones de sustancias al entrar en contacto con alimentos calientes.

Por eso, al comprar un mate comercializado como ecológico o de bambú, conviene verificar su composición exacta. También existen mates tradicionales de tacuara, realizados a partir de secciones de caña. Son parte de las alternativas artesanales vinculadas a los materiales disponibles en distintas regiones.  
  
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**Silicona, plástico y descartables: la practicidad tiene condiciones**

Los mates de silicona alimentaria se destacan por su flexibilidad, resistencia a los golpes y facilidad de transporte. Si el material es adecuado para contacto con alimentos calientes, pueden utilizarse sin necesidad de curado.

Con el plástico ocurre algo distinto: hay muchas formulaciones y no todas sirven para soportar agua caliente repetidamente. Un vaso descartable pensado para bebidas frías, por ejemplo, no debería utilizarse para mate caliente salvo que el fabricante indique expresamente que es apto para esa temperatura.

Tampoco basta con que un producto se anuncie como libre de BPA para asegurar su idoneidad. Deben considerarse el material completo, su fabricación y las condiciones de uso. En cuanto al sabor, los materiales sintéticos de calidad alimentaria deberían interferir lo menos posible. Si aparecen olores intensos, deformaciones o gustos extraños, conviene dejar de utilizar el recipiente.

La comodidad es importante, pero el mate debe estar hecho para recibir agua caliente.  
  
**Otros materiales tradicionales: asta, guampa, plata y alpaca**  
El universo del mate también incluye recipientes de asta vacuna, conocidos como guampas, y antiguos modelos de plata. **La guampa tiene presencia histórica en regiones ganaderas de Sudamérica**. Requiere un tratamiento adecuado y cuidados particulares por tratarse de un material orgánico.

Los mates de plata remiten a una tradición de orfebrería, especialmente vinculada con piezas de valor artístico y familiar. La alpaca, por su parte, aparece con frecuencia en virolas, adornos y terminaciones. **Es una aleación metálica que habitualmente contiene cobre, níquel y zinc, y no debe confundirse con la plata**.

Conviene distinguir el metal que decora el recipiente del que entra en contacto permanente con la bebida. **Las aleaciones destinadas a uso alimentario tienen requisitos diferentes de los materiales puramente ornamentales.** Una virola trabajada puede transformar un mate sencillo en una pieza extraordinaria, aunque el brillo exterior por sí mismo no determina el sabor de la infusión.

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**El curado: cuando el mate empieza a escribir su propia historia**

Aquí llegamos a un capítulo que despierta discusiones familiares. En algunas casas, curar un mate significa dejarlo con yerba húmeda. En otras, se utiliza aceite, manteca, azúcar o alguna preparación transmitida por generaciones. También existen quienes defienden procedimientos con brasas y bebidas alcohólicas.

El curado tradicional tiene varias finalidades: acondicionar la superficie interna de los materiales porosos, retirar restos vegetales, reducir sabores iniciales no deseados y preparar el recipiente para sus primeros usos. El procedimiento depende del material. Un mate de calabaza no necesita exactamente los mismos cuidados que uno de madera.

**El curado tradicional de calabaza**

Una técnica extendida consiste en colocar yerba húmeda dentro del mate nuevo y dejarla reposar durante varias horas. Después se retira, se limpian cuidadosamente los restos blandos del interior y se deja secar.

Algunas tradiciones repiten el procedimiento durante uno o dos días. Es importante evitar que la yerba permanezca húmeda durante períodos prolongados sin control, porque la humedad también favorece el desarrollo de microorganismos.

Un mate que presenta moho visible, olor desagradable persistente o deterioro interior requiere una evaluación cuidadosa. El curado no garantiza eliminar contaminaciones existentes.

**La madera y el tratamiento con aceites**

En determinados modelos de madera, los artesanos recomiendan utilizar una pequeña cantidad de aceite comestible para acondicionar la superficie. Otros fabricantes entregan las piezas ya tratadas y desaconsejan agregar cualquier sustancia. Por eso conviene seguir las instrucciones específicas del productor.**La elección de la madera, su estacionamiento y la calidad de la fabricación influyen tanto como el método de curado.**

**¿Y el mate curado con carbón, whisky o coñac?**

Aquí empieza la parte de la historia en la que cada familia tiene un especialista. Uno asegura que hay que ponerle azúcar. Otro sostiene que el secreto está en el carbón. Y siempre aparece alguien que recomienda un chorrito de whisky o coñac, generalmente con la seriedad de quien está transmitiendo una receta centenaria. Estas costumbres existen y merecen distinguirse.

El carbón y el azúcar. Hay técnicas tradicionales de curado dulce que incluyen azúcar y pequeñas brasas, destinadas a caramelizar o tostar parte de los ingredientes y modificar las características internas del recipiente.**También existe el mate cocido quemado, una preparación regional en la que el azúcar se carameliza antes de incorporar la yerba y el agua**. Ambas costumbres no deben confundirse.

La presencia de carbón encendido implica riesgos de quemaduras, incendio y deterioro del recipiente. Por eso no conviene recomendar su aplicación doméstica sin controles adecuados ni presentarla como necesaria para conseguir un buen mate. El whisky y el coñac. Algunas tradiciones artesanales utilizan pequeñas cantidades de bebidas alcohólicas aromáticas durante el acondicionamiento de mates de madera.

Es razonable que una bebida con componentes aromáticos pueda dejar temporalmente algún olor o gusto en una superficie porosa. Sin embargo, no encontramos estudios sensoriales sólidos que permitan afirmar que curar con whisky o coñac mejore sistemáticamente el sabor de la yerba. Tampoco hay fundamentos para atribuir a esos procedimientos una desinfección completa o una mayor durabilidad garantizada.

Combinar alcohol con fuego resulta especialmente peligroso y no debería utilizarse como método casero de curado. El dato más interesante es cultural: a través de estas prácticas, cada familia transmite su propia forma de relacionarse con el mate.

Un abuelo puede jurar que el suyo sabe mejor porque lo curó con coñac. El nieto quizá prefiera el acero inoxidable. Ambos pueden estar disfrutando de la misma yerba y de experiencias sensoriales diferentes.

**La distinción más importante aparece entre materiales porosos y superficies poco porosas.**

La calabaza y determinadas maderas pueden absorber humedad, retener aromas y aportar características perceptibles a la infusión. El vidrio, la cerámica correctamente esmaltada y el acero inoxidable alimentario tienden a ofrecer una experiencia más neutra. Pero sería apresurado establecer un ranking definitivo.

La sensación en la boca depende de muchos factores: temperatura, concentración de la yerba, tamaño del recipiente, tiempo de contacto con el agua y hábitos del cebador. Una misma yerba puede resultar más intensa durante las primeras cebadas y más suave después. También puede percibirse distinta según el tamaño del mate, la cantidad de yerba o la temperatura del agua.

Pero hay algo que ningún estudio sobre sabores puede medir del todo: **la memoria emotiva**. Con quién compartimos un mate, qué conversaciones tuvimos, a qué momentos de nuestra vida nos lleva ese primer sorbo.

**Quien escribe estas líneas tiene una debilidad especial por el mate enlozado de dos asas. Simplemente porque me recuerda a mi mamá. Y con azúcar, además. Algo que hoy jamás haría, pero cuando éramos chicos nos ponían una cucharadita para que nos acostumbráramos al sabor amargo de la yerba.**

Son esas pequeñas costumbres argentinas que quizás alguien de otro lugar no terminaría de comprender. Porque a veces el mate que más nos gusta tiene menos que ver con su material o su sabor y mucho más con las personas que nos enseñaron a tomarlo.  
  
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